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Jueves, 12 de marzo de 2015

Entrevista a Loretta Napoleoni: “La guerra contra el Estado Islámico no durará más de un año"

El ISIS se ha transformado en una inmensa empresa cuya bandera ondea ya sobre un territorio mayor que el del Reino Unido. ¿Cómo hemos llegado a esto? La célebre analista tiene la respuesta

 

Foto: Combatientes del Estado Islámico durante un desfile por las calles de Raqqa, capital del 'Califato' en Siria (Reuters)
Combatientes del Estado Islámico durante un desfile por las calles de Raqqa,
capital del 'Califato' en Siria

No sabemos nada de nuestro enemigo. Esta es una de las conclusiones de la última obra de la economista italiana Loretta Napoleoni, experta en las intrincadas redes de financiación del terrorismo. Asesora de Gobiernos y organizaciones internacionales, la célebre analista explica en El fénix islamista, el Estado Islámico y el rediseño de Oriente Próximo (ed. Paidós) cómo el ISIS ha llegado a transformarse en una imponente empresa cuya bandera ondea sobre un territorio mayor que el del Reino Unido.

Pregunta: El advenimiento del Califato ha desbaratado las fronteras de Oriente Medio. ¿Cuáles son las consecuencias a nivel global y, especialmente, para Israel?

Respuesta: El peligro para Israel no es la reconstrucción de nuevas fronteras, sino el restablecimiento de las relaciones entre Estados Unidos e Irán. En la ciudad de Tikrit (al noroeste de Bagdad y donde ayer mismo soldados iraquíes lograron los primeros avances en nueve meses) hay altos mandos de la Guardia Revolucionaria iraní que luchan junto al Ejército de Irak. Está claro que EEUU piensa cerrar un acuerdo con Irán, un pacto para permitir que desarrolle su programa nuclear a cambio de que aporte tropas en la lucha contra el ISIS. Pienso que es una locura, porque Irán se comerá a Irak. Los máximos responsables de la Administración Obama saben poco de política exterior. Y el propio presidente no sabe nada.  

P.: Usted sostiene que los medios ofrecemos una imagen “devaluada” del Estado Islámico, al presentarlo como una banda de salvajes cuando, en realidad, plantea “un nuevo modelo de nacionalismo”. Sin embargo, dicho Estado no funciona y las personas que viven en el Califato sufren las consecuencias…

R.: ¿No funciona? ¿De dónde llega esa información? Lo único que hemos visto hasta ahora del interior del Estado Islámico es el documental de Vice News. No hay una insurrección interna en el Califato, lo que hay son tribus suníes que ya lucharon en la guerra de Irak. La prensa, por supuesto, quiere describir una situación de lucha en la que Occidente es el vencedor.

Es cierto que ahora (el ISIS) no es tan fuerte como el pasado verano. Para ellos no es una lucha fácil. Pero si la situación no es tan buena en Raqqa (la capital siria del Califato) es por la guerra. No es una cuestión de cómo el ISIS administra su Estado, sino de cómo dicho Estado está siendo atacado. No sabemos, por ejemplo, si se ha cortado el contrabando de petróleo (una de las principales fuentes de ingresos). El problema es que no entendemos que estamos hablando de una zona de guerra, no de un estado normal. Y, obviamente, ahora la población piensa que el Estado Islámico la protege frente a los ataques del exterior, de la coalición internacional. Por eso tiene su apoyo.

Combatientes del ISIS destruyen paquetes de tabaco confiscados en Raqqa (Reuters).
Combatientes del ISIS destruyen paquetes de tabaco confiscados en Raqqa

P.: Entonces, ¿cuál es la situación financiera actual de dicho Estado?

R.: Tienen bastante dinero, fondos que llegan de la Administración del Estado, de la población. Pagan poco a los combatientes, que no viajan hasta la zona por dinero. El problema económico para el Estado Islámico no se da ahora, sino que puede suceder más adelante. La guerra es la guerra. Todo lo que se destruye debe reconstruirse. Así que, a largo plazo, sí (tendrá un problema de financiación), pero esta no es una guerra a largo plazo. En un año habrá acabado. (El ISIS) no tiene fuerza aérea, no tiene un ejército real… controla un territorio y no se esconde, puede verse en Mosul (su capital iraquí). Es una lucha directa, no utiliza acciones terroristas. Su única alternativa de victoria es que estalle una revolución interna de las tribus suníes contra EEUU y los iraníes. No obstante, si queremos una solución a largo plazo, las boots on the ground tendrán que ser nuestras. No basta con utilizar a los iraníes.

P.: Miles de extranjeros viajan a Siria e Irak para unirse a las filas del ISIS. El caso de las jóvenes que huyen al Califato ha horrorizado a Occidente. ¿Cómo explica esta capacidad de atracción?

R.: Las mujeres  que viajan al Estado Islámico son muy jóvenes, como las tres adolescentes británicas, chicas con una idea romántica. Y no hay 10.000 mujeres (que hayan viajado a Siria), hay algunas. La radicalización se logra con mujeres que ya están el Califato. Son occidentales y saben muy bien cómo convencerlas. Les presentan un mundo irreal: “Vas a encontrar un guerrero que se convertirá en tu marido y disfrutarás de una alta condición social, porque él es un guerrero del Califato”. Por supuesto, nada es verdad, pero son chicas muy jóvenes que no saben nada de la vida y piensan que pueden regresar a sus países cuando quieran. Estoy segura de que no saben que es un viaje sin retorno.

En cuanto a los hombres, les motiva un ideal de patriotismo, de crear un nuevo estado. La diferencia es que ellos pueden regresar. De hecho, la mayoría de los que viajan al Califato regresan. Para ellos no es una sociedad tan represiva como para las mujeres. La cuestión es que tampoco saben nada de la guerra, tienen una concepción romántica de la misma. Hay personas que no pueden soportarla. Así que no regresan para atacar Europa, regresan porque no pueden soportar la guerra.

Esta capacidad de atracción es inédita. Su éxito se debe al idealismo (de quienes viajan a hacer la yihad), es comparable a las Brigadas Internacionales durante la Guerra Civil española para luchar contra el fascismo. Los que van son jóvenes idealistas en relación con la creación de un estado mediante las armas luchando contra los estadounidenses e iraníes que los atacan. Esta concepción, este concepto de defensa frente a la agresión, se planteará más en un futuro.

P.: ¿Puede el Estado Islámico lanzar ataques contra Europa?

R.: No lo creo, no tiene capacidad. Además, ahora no tiene interés en ello. Obviamente, sí hay gente como los hermanos Kouachi (supuestos autores del ataque contra el semanario Charlie Hebdo) que pueden emprender acciones por sí mismos. Pero no habrá otro 11-M, habrá ataques de “lobos solitarios”. No obstante, su impacto mediático será increíble porque tenemos mucho miedo. Al final, todo se reduce a una cuestión de temor.

P.: ¿Cuál es la forma más efectiva de luchar contra el Califato?

R.: La solución al Estado Islámico tiene que ser diplomática. Pero no me refiero a la diplomacia de la Guerra Fría o a la de John Kerry… Los romanos estudiaban durante años a sus adversarios. Nosotros no sabemos nada de este enemigo, porque la diplomacia es secreta, oscura. Necesitamos saber cuál es el objetivo del Estado Islámico, cuáles son las demandas de la población que vive en su territorio. Para ello se podría hablar con los líderes tribales de la zona. En Irak sería más fácil que en Siria, pero no tenemos boots on the ground.  

P.: Usted explica en su obra la relación entre Califato y salafismo, la corriente hoy dominante en el mundo musulmán y entre los musulmanes europeos. ¿Es posible controlarlo? ¿Se deben vigilar las mezquitas para controlar a los imanes? Recordemos que el propio Al Bagdadi (líder del ISIS) fue imán en mezquitas de Bagdad y Faluya…

R.: La solución no es controlar la mezquita, porque el ISIS no está en las mezquitas, está en internet. Podemos cooperar con las mezquitas, cooperar con el imán, pero el control, al igual que la censura, es la forma más rápida de producir radicalización. Se pueden mejorar las políticas de integración en Europa de los musulmanes, pero no se está haciendo nada en este sentido. La reacción ante el Estado Islámico ha sido visceral: una intervención militar.  Ciertas políticas de integración han logrado buenos resultados en otros países, como en EEUU, donde las personas se integran rápidamente. Pero en Europa hay una política de discriminación natural: en plena crisis, si un español y un inmigrante musulmán optan a un trabajo, el puesto irá para el español aunque tengan las mismas capacidades. La integración no es un fenómeno sencillo: requiere estudios, análisis… y aquí falta de todo.

P.: En su libro augura “consecuencias desastrosas” para el orden global por el fracaso de Occidente y del mundo a la hora de hacer frente al Califato…

R.: Entre esas consecuencias está la invención de un nuevo modelo de creación de un estado con métodos terroristas. Hemos visto lo que sucede en Libia o en Nigeria con Boko Haram… Estamos ante el surgimiento de una red internacional en la que ellos se presentan como el frente antiimperialista contra nosotros. La expansión del Estado Islámico en el sudeste asiático es otro ejemplo. Nunca hemos vivido un fenómeno semejante. Al Qaeda nunca logró algo así.

 

Fuente: El Confidencial
12/03/15

Especial: 11-S. Operación global contra el terrorismo: El análisis de los profesionales

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