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Seguridad Pública y Protección Civil.

 

Revista de Prensa: Noticias

Martes, 24 de marzo de 2015

Túnez admite fallos de seguridad y revela que la tragedia pudo ser peor

Los terroristas llevaban explosivos, pero la reacción de la policía evitó que los detonaran

 

Los tunecinos se echaron ayer a las calles para mostrar su rechazo al terrorismo en el 59 aniversario de su independencia marcado por el atentado contra el Museo del Bardo, que dejó 21 muertos. En la capital y en la isla de Yerba, los manifestantes desfilaron con carteles en los que se leía «No queremos terroristas en Túnez o «Yo soy Bardo» en árabe, pero también en inglés, francés y alemán, pensando en aminorar el golpe que supone el atentado a un sector clave de su economía como es el turístico.

El puerto de La Goleta, Sidi Bu Said, el zoco de Túnez, las ruinas romanas de Cartago amanecieron vacíos de turistas en medio del despliegue de policías fuertemente armados. La cancelación de vuelos y hoteles ha ido en cascada. ««Tiene que volver el turismo. La gente no se puede amedrentar, Túnez necesita el apoyo de todos para sobrevivir. Dígaselo a todo el mundo», pedía una joven a Efe.

En su mensaje institucional, el presidente Beyi Caid Essebsi llamó a los tunecinos a la unidad en la «guerra contra el terrorismo». Apeló a «avanzar» en la reconciliación nacional, ahora que se trata de «poner las bases de un Estado democrático», pero también que la democracia está bien anclada y que no habrá marcha atrás. Según Essebsi, el atentado perpetrado el miércoles contra el Museo Nacional del Bardo podría haber sido peor, ya que los terroristas llevaban explosivos. Los atacantes quisieron hacerse explotar por los aires pero no lo consiguieron. «La vigilancia de las fuerzas de seguridad salvó la situación», reveló al canal TFI.

Pero al mismo tiempo, el jefe del Gobierno, Habib Essid, admitió «fallos en todo el sistema de seguridad», habida cuenta de los pocos metros que separan el museo del Parlamento, donde se celebraba precisamente una reunión sobre la reforma de la ley antiterrorista. El vicepresidente del Legislativo, Abdelfatah Mourou, precisó a la AFP que en el momento del atentado solo había cuatro guardias de seguridad, de los cuales dos estaban «en el café, el tercero comía y el cuarto no se presentó». «Fue un gran error», apostilló.

El secretario de Estado de Seguridad, Rafik Chelly, señaló que los terroristas abatidos, Yasín Abidi y Hatem Jachnaui, eran «elementos sospechosos» de formar parte de «células durmientes». Explicó que Abidi, un joven de unos veinte años, había sido arrestado antes de partir en septiembre a Libia para formarse en el uso de las armas en alguno de los campos para tunecinos takfiríes (radicales suníes) en Sabratam, Bengasi o Derna», este última ciudad es bastión del Estado Islámico. En diciembre volvieron a entrar clandestinamente en Túnez.

El ministro del Interior francés, Bernard Cazeneuve, llegó a Túnez para analizar medidas bilaterales para combatir el terrorismo.

Un yihadista fue a trabajar a la agencia de viajes antes del ataque

Uno de los terroristas abatidos, Yasín Abidi, trabajaba en una agencia de viajes y, de hecho, el día del ataque acudió a su puesto de trabajo como de costumbre. Su familia no entiende cómo un joven licenciado en Filología Francesa y con trabajo pudo radicalizarse hasta el punto de matar a 20 turistas. Abidi pasó de ser un chico normal del barrio capitalino de Omrane Superieur a un potencial terrorista en el 2014, cuando comenzó a pasar cada vez más tiempo en una mezquita local, informa Reuters. Su caso se asemeja al de los 3.000 tunecinos que se han unido a las filas yihadistas en Irak, Siria y Libia.

Cuando viajó a Libia, Abidi dijo a su familia que se iba dos meses a trabajar en la ciudad costera de Sfax. «El hijo que yo conocía nunca lo habría hecho», lamentó la madre, Zakia, rota de dolor. «No haría daño ni a un pájaro», apostilló. «Siempre estaba de buen humor. No era como los salafistas», comentó su primo Hanen. Esa normalidad se hizo presente también en sus últimas horas, de tal forma que «desayunó dátiles y aceite y luego se fue a trabajar». «A las diez, pidió salir un momento e hizo lo que hizo», relató Hanen, que no percibió atisbo de radicalismo en su primo, que nunca reprobó el consumo de alcohol. «Estoy triste por Yasín, pero aún más triste por las víctimas. Eran inocentes», lamentó su tío, Mohamed Abidi.

 

Fuente: lavozdegalicia.es
21/03/2015

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