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Revista de Prensa: Noticias

Miércoles, 30 de marzo de 2016

Estrategia de España contra la yihad

Desde el 11-M nuestro país ha ido incorporando reformas legislativas, de estrategia de las Fuerzas de Seguridad y nuevas herramientas para combatir la principal amenaza contra la seguridad, con muy buenos resultados hasta ahora

 


Detención de un yiihadista al que había pedido que atentara en Madrid

La seguridad total no existe, y España tiene un riesgo alto de sufrir un atentado islamista, como lo demuestra que estamos en el nivel 4 de alerta antiterrorista. Pero siempre con esa premisa se puede decir, porque los datos así lo demuestran, que nuestro país está en la vanguardia de Europa la lucha contra el yihadismo. Las cifras de operaciones realizadas y detenidos son equiparables a las de países con mucha mayor presencia de musulmanes radicalizados, de modo que desde el 11-M se ha arrestado a más de 650 personas por sus implicaciones con estas tramas. Y lo que es más importante, se han logrado abortar ataques que ya se habían comenzado a preparar.

Tras la matanza de Madrid, tanto con los gobiernos del PSOE como del PP, las Fuerzas de Seguridad y los servicios de Inteligencia han reorientado sus estrategias, en especial desde que ETA dejó de ser una amenaza con su declaración, en octubre de 2011, del cese definitivo del terrorismo. La experiencia de los largos años de lucha contra la banda han sido la mejor base para poder atacar con eficacia el nuevo fenómeno criminal, aunque ni sus métodos, ni su organización tuvieran nada que ver.

Sin embargo, España ya sabía lo que era sufrir y superar terribles atentados y además disponía de una legislación que, aunque no fuera la más adecuada para combatir el terrorismo yihadista, sí era mucho más avanzada que la de la gran mayoría de los países de nuestro entorno. La prueba está en que por ejemplo Francia solo cambió sus leyes cuando se enfrentó, en noviembre pasado, a la matanza de París. Además, en nuestro país el control de armas y explosivos, sobre todo tras el 11-M, era mucho mayor que en el resto de Europa, lo que sin duda suponía otra ventaja importante.

Herramientas distintas

Los responsables de las Fuerzas de Seguridad españolas entendieron muy rápido que al yihadismo había que combatirle con otras herramientas distintas a las utilizadas contra ETA, ya que no había detrás una organización estructurada como tal sino células durmientes o incluso actores solitarios que se activaban inspirados por consignas que se transmitían a través de páginas específicas de internet y redes sociales. Éstas, además, eran unas de las principales herramientas utilizadas, junto con el entorno de algunas mezquitas, para reclutar combatientes. Asimismo, comprobaron que los investigados en España tenían conexiones internacionales, y que por tanto era imprescindible acceder a buenos canales de cooperación internacional. Y vieron que el paso de ser «simplemente» una persona radicalizada a atentar se podía dar en muy poco tiempo, de modo que la única estrategia de prevención eficaz era actuar desde el momento en que el individuo en cuestión comenzaba a introducirse en ese mundo, aunque aún no hubiera dado pasos concretos para perpetrar un ataque.

Con este planteamiento, había que actuar en varios frentes para dotar al Estado de una maquinaria eficaz. Lo primero, claro, era aumentar el número de policías y guardias civiles dedicados a la lucha contra el yihadismo, a los que había que dar una formación específica y dotarlos de los medios técnicos adecuados. Aunque hay más unidades implicadas, los Servicios de Información de los dos Cuerpos han aumentado de forma importante el número de agentes, y lo harán más.

 

Fuente: ABC
24.03.2016

Especial: 11-S. Operación global contra el terrorismo: El análisis de los profesionales

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