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Revista de Prensa: Noticias

Lunes, 30 de mayo de 2016

Los 12 mártires blancos de Irak

El IS los mató por cantar ¡Hala Madrid!Supervivientes nos ayudan a reconstruir las vidas truncadas en la peña madridista."El IS odia la vida y para nosotros el fútbol y el Madrid eran la vida"

 


El IS ataca a unos hinchas del Real Madrid en Irak

Al llegar, los terroristas abrieron fuego a lo loco. De repente, en mitad del tiroteo, el local se quedó a oscuras y comenzaron a buscarnos uno por uno entre las mesas y los sofás", recuerda Hasan Falah en conversación telefónica con Crónica. Su voz entrecortada aún guarda el pánico que vivió la medianoche del pasado 13 de mayo. Durante unos largos minutos, un ataque reivindicado por el autodenominado Estado Islámico [IS, en inglés] convirtió el café Furat de Balad, una ciudad a 80 kilómetros al norte de Bagdad, en el escenario de un baño de sangre. El establecimiento, adornado con banderolas del Real Madrid y carteles con leyendas del club merengue, era la sede de la peña madridista local. Tres soldados del califato, rifles automáticos en ristre, sembraron de terror su geografía. Falah logró esquivar al destino buscando refugio bajo el mobiliario.

"Me escondí detrás de un sofá hasta que se marcharon. Los del Daesh [acrónimo en árabe del Estado Islámico] detestan la vida y el deporte. Lo único que hacíamos allí es discutir las últimas novedades del equipo, ver sus partidos, celebrar sus victorias y hacernos fotografías luciendo la equipación", rememora este hincha de 35 años. Y rompe a llorar.

El forofo sobrevivió a la carnicería con un solo rasguño: una de las granadas arrojadas por los yihadistas le hirió la mano. Una semana después de una arremetida que conmocionó al Bernabéu y su parroquia, Crónica reconstruye los espasmos de violencia y la biografía de los "mártires" a partir del testimonio en exclusiva de los heridos y de los familiares y amigos de las 12 víctimas.

"La peña tiene unos 400 socios pero en el momento del ataque sólo había medio centenar. Nuestra pasión común era el Real Madrid. Era lo único que nos unía", comenta Qasem Zenad, el jefe de la asociación merengue en Balad. Una veintena de los presentes aún se recupera de las lesiones. Entre ellos, Husein Karim, universitario de 26 años. "El proyectil -relata- me hirió la cadera y la espalda. Al escuchar los disparos, me eché al suelo. Recuerdo que alrededor todo estaba empapado en sangre. Cuando los terroristas creyeron que todos habíamos muerto, abandonaron el lugar".

Ateridos de miedo, los que aún quedaban vivos decidieron huir de un café arrasado por el plomo que una semana antes había recibido a las cámaras de un canal de televisión iraquí entre vítores y cánticos. "Al salir, los atacantes empezaron a perseguirnos. Estaba claro que no querían dejar supervivientes", evoca aún en shock. "Ha transcurrido una semana de todo aquello y no puedo dormir. Me asaltan las pesadillas cuando lo intento. No es fácil pasar página cuando has visto a tus mejores amigos morir delante de tus ojos", confiesa compungido.

Un abatimiento que se ha instalado desde entonces en Balad, una villa de 250.000 almas de mayoría chií sita en la provincia de Saladino. "Estamos en alerta. Los terroristas han hecho pedazos meses de calma. Hay familias que han perdido hasta nueve miembros en el ataque al café", reconoce Fauzi, el alcalde de la urbe. "Aún no sabemos a ciencia cierta cómo pudieron infiltrarse en la ciudad. Afortunadamente, las fuerzas de seguridad cercaron a los atacantes y acabaron matándolos", añade el regidor local, que había visitado la peña unos días antes de la brutal agresión. En las inmediaciones de Balad, rodeada por poblaciones de mayoría suní, se ubica el mayor cuartel del ejército del aire iraquí, usado por las tropas estadounidense tras el ocaso de Sadam Husein en 2003.

El café Furat, administrado por Haidar Hatef, se había vestido de gala tan sólo nueve días antes del atentado. El 4 de mayo una multitud había festejado el triunfo de Ronaldo y compañía frente al Manchester City en el partido de vuelta de la semifinal de la Champions. El jolgorio y los selfies corrieron por doquier. Los jóvenes -enfundados en camisetas blancas o rosas- agitaron pequeñas insignias del club de sus amores y entonaron el "Hala Madrid".

"Era un hervidero de aficionados. Yo creo que lo que pasó aquella noche irritó y llamó la atención de los terroristas", barrunta Hatef, que perdió seis seres queridos: un hijo, un nieto, un hermano y tres primos. "Yo estoy vivo de milagro. Dejé el local sólo 10 minutos antes del ataque. El IS odia la vida y, para nosotros, el fútbol y el Madrid eran precisamente eso: vida".

Y éstas son las doce vidas con nombre y apellidos truncadas por los fanáticos:

Haidar Hatef

Haidar siempre tenía a mano una sonrisa para los clientes de la peña. Regentaba el café que servía de cuartel general a los merengues de Balad. "Era la persona que nos mantenía unidos. Siempre sonreía y era muy sociable y generoso. Haidar era experto en reconciliar a la gente y tenía muchos y buenos amigos repartidos por otras provincias del país", relata Hasan Falah, uno de los aficionados que sobrevivió a las embestidas de los yihadistas. A sus 34 años, el capitán de la tribu era padre de tres retoños. "Fue el primero en morir cuando los terroristas entraron al local y empezaron a disparar", explica Hatef, su padre.

Ahmed Hamid

Ahmed era un tipo presumido. Una de sus últimas fotografías levanta acta de su gusto por la moda: chaqueta amarilla, jersey burdeos, camisa de cuadros, vaqueros ligeramente desteñidos y mocasines marrón claro. Con el pelo engominado y peinado hacia atrás. Había cumplido las 22 primaveras y estudiaba Derecho en una universidad cercana. "Trabajaba a ratos en el café. Apoyar al Real Madrid era una de sus prioridades. Le fascinaba el equipo", cuenta Karrar al Baladaui. "Era uno de mis mejores amigos. Había perdido a su padre en un ataque terrorista y vivía con su madre y hermanas", agrega el joven, que le describe como una "persona humilde y decente". Unas balas truncaron el sueño que había confesado a su círculo más íntimo: "Quería convertirse en un gran abogado para defender a su país".

Mahmud Nagam

Era uno de los feligreses más veteranos (49 años) de una parroquia en la que abundaban los adolescentes y los veinteañeros. En menos de un año Mahmud -tío del propietario del establecimiento, Haidar Hatef- habría festejado medio siglo de existencia. "Acudía al café para ver los partidos del Madrid. Era uno de los hinchas merengues más conocidos del pueblo y un hombre muy humano", confiesa su hermano Hatef, quien recuerda emocionado su rutina de visitar sin falta a sus familiares e interesarse por sus desvelos. Exitoso en los negocios, Mahmud dejó cuatro vástagos. El menor apenas tiene tres meses.

Mohamed Galal

A Raad Shehab, el tío de Mohamed, lo único que le aplaca el desconsuelo es el pésame que la semana pasada hizo público el club y los brazaletes negros que en recuerdo de los "mártires" lucieron los jugadores. "Murió simplemente porque le apasionaba el Real Madrid. Por eso lo mataron los terroristas", dice Raad al otro lado del teléfono. "Ahora -susurra- somos su familia la que sentimos que estamos en peligro". Mohamed, su sobrino, estudiaba aún la secundaria en el pueblo. Tenía solo 13 años y se dejaba caer por la cafetería siempre que podía. "Era un joven muy ambicioso y con muchos planes", lamenta su pariente.

Salahbdel Amir

Salah logró sobrevivir al asalto de los barbudos pero terminó sucumbiendo a las heridas el pasado miércoles. "Trabajaba en un restaurante de Balad, aunque había estudiado Magisterio en la capital. Era una víctima más del paro en Irak. Había tenido que renunciar a su carrera y se había conformado con encontrar un empleo para llevar un sueldo a casa", narra Falah, uno de sus colegas. A sus 36 años, tenía dos hijos. "Era una persona muy humilde y pacífica. Había estudiado fuera y le respetábamos mucho porque le considerábamos nuestro mentor, esa persona a la que le consultábamos nuestras inquietudes y le confesábamos nuestros secretos", añade.

Yakzan Salman

A Yakzan, agente de policía de 28 años, le habían destinado a una unidad encargada de custodiar los hospitales iraquíes. Halló la muerte, sin embargo, fuera de las horas de servicio, cuando -como cualquier otra noche de jueves- compartía shisha (pipa de agua) y charla con sus camaradas. "Estaba casado y tenía un hijo. Era una hombre culto y uno de los fijos del local", apunta Husein Karim, uno de los hinchas que salió indemne del ataque.

Rabej Borhan

Rabej ya había sufrido antes el desgarro de perder a un ser querido en una de las incontables acciones de barbarie que han desangrado el país árabe desde que la invasión estadounidense de 2003 avivara la violencia sectaria. Hace unos años una acometida terrorista le arrebató a uno de sus hermanos. Casado y con tres churumbeles, tenía 36 años y se ganaba los cuartos en un restaurante de la villa. "Amaba con locura el Real Madrid", explica Falah. "Era un tipo muy sencillo. Yo lo trataba como si fuera mi hermano mayor", apostilla el joven.

Sigad Faras

En la instantánea que los allegados de Balad han publicado en las redes sociales para llorar su martirio, Sigad esboza una tímida sonrisa. "No se le conocía otra afición que el deporte. Era toda su vida", afirma Hatef, su abuelo. Sigad, de 16 años, cursaba los estudios de secundaria en un instituto de la localidad.

Hasan Gafar

Para alegría de sus compañeros de peña, Hasan había logrado convertir los colores del equipo de fútbol al que rendía culto en su modo de supervivencia. "Se las había ingeniado para ser vendedor ambulante. Su producto estrella era evidentemente la equipación del Real Madrid", reseña Karim. Era el artífice del despliegue de camisetas que inundaba el cafetín siempre que se disputaba algún partido de Liga o Champions. A punto de cumplir los 35 años, su negocio textil le había reportado estabilidad económica para alimentar a su prole. "Era un chico muy agradable, un digno representante de una ciudad conocida por su amabilidad", concluye uno de sus amigos

En el ataque también perdieron la vida otras tres personas: Kais Setar, Bashar Ibrahim y Haidar Yalil, miembros de la peña madridista de Balad. Una semana después, la confusión y el dolor complican aún la reconstrucción de sus biografías. A pesar de las repetidas llamadas a familiares, residentes del pueblo y responsables de la asociación, los testigos y amigos de las víctimas no han aportado información a Crónica sobre estos tres fallecidos.

Fuente: El Mundo
24.05.2016

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