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Seguridad Pública y Protección Civil.

 

Revista de Prensa: Noticias

Miércoles, 14 de septiembre de 2016

Madres y extremismo violento

La estrategia de prevención debe incluir a la familia y los amigos de los jóvenes captados

 


Molenbeek, un barrio de Bruselas con fuerte presencia musulmana

Cuando el joven de 19 años Akhror Saidakhmetov empezó a frecuentar a dos hombres mayores que él y a hablar de ir a hacer la yihad en Siria, su madre le quitó el pasaporte. Las madres como ella podrían ser el primer, último y mejor planteamiento para detener a los reclutadores de militantes, pero las autoridades policiales a menudo las dejan fuera de las medidas de lucha contra el terrorismo.

Un país puede optar por tres estrategias contra el terrorismo: la prevención, la represión y la intervención. Generalmente los países occidentales confían en la prevención y en la represión. Se centran en contener la actividad extremista mediante operaciones de sus cuerpos policiales o en financiar programas educativos y de apoyo a gran escala dirigidos a quienes se considera que están en riesgo de radicalización violenta. Sin embargo, los Gobiernos occidentales subestiman a menudo programas de desradicalización más específicos que implican a las familias y entornos inmediatos de los individuos que pueden caer bajo la influencia de narrativas extremistas.

A medida que los Gobiernos incrementan su presión sobre grupos extremistas con operaciones encubiertas y redadas, algunos de sus miembros empiezan a dudar y se enfrentan a la elección de dejar el grupo o de intensificar su compromiso mediante una acción violenta. Los programas de intervención facilitan una salida a los miembros indecisos de una célula terrorista. Si queremos evitar futuros ataques, necesitamos reclutar a familiares y amigos de los potenciales atacantes.

En muchos atentados, alguien del entorno social de los atacantes reconoció un cambio inquietante en sus comportamientos. En ocasiones, ese pariente cercano o ese amigo incluso sabían algo acerca de los planes de ataque. Con frecuencia, esas familias o amigos quieren obtener ayuda o consejo sobre qué hacer, a pesar de sus sentimientos encontrados ante el hecho de traicionar a un ser querido, pero las fuerzas policiales rara vez ofrecen una estrategia que lo haga parecer posible.

Esos programas facultan a familias y a comunidades para poder enfrentarse a la atracción del extremismo violento. Trabajan llegando hasta los guardianes: la familia y los amigos cercanos. Porque estos guardianes, al ser los que conocen mejor a sus amigos y familiares, también saben qué les puede haber motivado a unirse a un grupo radical y qué les mueve. Estos guardianes tienen además la legitimidad de proponer alternativas y de aportar otras soluciones. Pero, por eso mismo, necesitan ayuda y sólidas redes de apoyo.

Las madres son las guardianas fundamentales. Muchas de las madres que han perdido a sus hijos por culpa del ISIS u otros grupos terroristas habían notado que algo cambiaba en ellos, pero en su mayoría estaban solas y sin ninguna ayuda exterior. Muchos padres actúan por su cuenta, encierran a sus hijos, les quitan el pasaporte o se mudan con ellos a otra ciudad. Esas reacciones son comprensibles pero contraproducentes y pueden impulsar el proceso de radicalización pues los reclutadores y la ideología salafista-yihadista explican a los captados que esas señales de rechazo son la consecuencia natural de la verdad que han descubierto. La familia biológica es desbancada por la espiritual, la ummah, y de esta manera, hasta la propia madre puede ser etiquetada como “infiel” y formar parte del enemigo.

Movilizar a las madres tapa otro agujero en la estrategia de las autoridades: la confianza. En ocasiones, los servicios de inteligencia y la policía vigilaron a sus hijos y no hicieron nada para impedir que se fueran. A veces, las madres fueron tratadas como terroristas durante los registros. Otras veces incluso fueron acusadas ante los tribunales de proporcionar apoyo material a las organizaciones terroristas a pesar de haber hecho todo lo posible para que sus hijos volvieran.

El ISIS ha anunciado que el hecho de despojarle de su territorio en Siria e Irak no acabará con su marca ni con sus ideas. Continuará reclutando y cambiando sus tácticas y estrategia para realizar ataques terroristas en tierras extranjeras. Lo que hace que para las sociedades occidentales sea de la mayor importancia contrarrestar el atractivo del ISIS y el de otras organizaciones extremistas y terroristas. En esta causa no puede haber combatientes más eficaces que las familias y el entorno inmediato de esos jóvenes marginados tentados por la pervertida promesa del martirio.

Fuente: El País
02.09.2016

Especial: 11-S. Operación global contra el terrorismo: El análisis de los profesionales

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