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Revista de Prensa: Noticias

Jueves, 3 de noviembre de 2016

Las trampas que desangran la ruta hacia Mosul

El IS ha convertido los artefactos explosivos improvisados en un arma barata y devastadora. Los yihadistas agudizan el ingenio para trampear casas y esconder la carga en objetos cotidianos. Las fosas comunes del Estado Islámico

 

Agazapadas en cualquier recoveco, pendientes siempre de la más leve distracción para saltar por los aires. "El 'Daesh' [acrónimo en árabe del autodenominado Estado Islámico] cuenta con el arma más peligrosa y potente, los artefactos explosivos improvisados", reconoce a EL MUNDO el comandante "peshmerga" Raed Husein, adscrito al equipo de ingenieros que desde hace dos años trata de limpiar el reguero de dinamita que dejan las huestes de Abu Bakr al Bagdadi. "Los colocan por todas partes. En el interior de las viviendas, ocultos en juguetes infantiles, frigoríficos, banderas o drones. Están en casi cualquier cosa que puedas imaginar", advierte el oficial kurdo. La organización yihadista ha sembrado de IED (siglas en inglés de "improvised explosive devices") el camino hacia Mosul siguiendo el patrón que ya usó en otras ciudades iraquíes como Faluya o Ramadi. Durante el pasado año, según las estadísticas de una agencia del Departamento de Defensa estadounidense centrada en analizar esta amenaza creciente, se contabilizaron 11.500 detonaciones de estos artefactos en Irak que causaron hasta 35.000 víctimas. El país árabe lideró la clasificación mundial seguido de Afganistán y Siria. Solo en el Kurdistán iraquí, sus ingenieros han desactivado más de 8.000 dispositivos desde la irrupción de los yihadistas en junio de 2014.


Un explosivo improvisado dentro de un barril

"Los artefactos explosivos son el mayor contratiempo de la operación pero hemos aprendido de las ofensivas de Faluya y Tikrit", reconoce a este diario Ali al Dajalki, portavoz de las tropas iraquíes. Los "muyahidines" (guerreros santos, en árabes) han convertido los IED en su principal arma. Un informe reciente del Conflict Armament Research, una organización financiada por la Unión Europea, alerta de su producción a "una escala cuasi-industrial" y "sin precedentes" en los confines del califato proclamado a caballo de Siria e Irak. "De hecho, dentro de las grandes ciudades liberadas se han hallado industrias dedicadas exclusivamente a este tipo de artefactos. Estamos ante el mismo fenómeno de las bombas lapa de ETA. La organización tenía sus factorías en Francia y luego las transportaba en furgonetas", apunta a este diario Oscar Araújo, capitán de ingenieros en el contingente español desplegado en la base iraquí de Besmayah, al sureste de Bagdad. Entre las paredes del acuartelamiento soldados españoles adiestran a brigadas iraquíes en la detección de una amenaza escurridiza y devastadora, que aguarda en cajas de latón, relojes de pared, animales muertos, libros, cuadros o vehículos. "Se les explica que la carga explosiva está escondida y que está conectada a un cable; cuenta con algún modo de accionarlo como un plato de presión que puede fabricarse simplemente con unas láminas de metal y unos muelles o un cable que se conecta a un equipo de radio", detalla Araújo. A su juicio, "lo que el 'Daesh' busca en estos momentos es trampear las casas usando cualquier elemento corriente. Por ejemplo, colocan una trampa conectada a una granada para que al abrir una puerta o una nevera estalle o sitúan el artefacto bajo la alfombra para que se active al pisarlo".


Varios explosivos caseros del IS

Según el Conflict Armament Research, el reducido coste de sus componentes y su fácil acceso han disparado el uso del IED, registrado por primera vez en Irak en 2003. "En su mayoría, están hechos de productos comerciales que no están sujetos a licencias de exportación gubernamentales y su traslado se halla menos vigilado y regulado que la transferencia de armas", señala un informe que cita el material de hasta 51 empresas de 20 países diferentes como principal abastecimiento de los dispositivos hallados en el campo de batalla. En el listado, figuran detonadores ensamblados en India, fertilizantes rusos o aluminio rumano vendidos legalmente a través de proveedores regionales en una línea de suministro rápida y eficaz. Por su proximidad, los puntos de venta de Turquía son el principal origen de la cadena de suministro de los artefactos explosivos que el IS (Estado Islámico, por sus siglas en inglés) planta sin pausa en su menguado territorio. "Resulta increíble la velocidad con la que los esparcen. Hay zonas que solo han estado bajo su control una semana pero, cuando huyen, nos encontramos un lugar infectado de artefactos", apunta Mohamed Ahmed, jefe de la Agencia de Acción contra las Minas del Kurdistán iraquí.


Un explosivo improvisado en la carcasa de una bomba

"Nos enfrentamos a un enemigo muy profesional en este campo. Ha demostrado mucha creatividad y un nivel de perfección cada vez mayor. El único modo de detectar las minas es saber leer sus pensamientos", esboza Husein. Una filosofía que comparte el jefe de ingenieros del contingente español en Besmayah. "Para enseñarles qué son, fabricamos nuestros IED y los colocamos. En ese momento aprenden que hay que enterrar la carga y disimularla y terminan aprendiendo a detectar los fallos que nos pueden ayudar a detectarlos", arguye Araújo. "El mayor problema -admite el oficial español- es que es un arma que afecta principalmente a la población civil". 

Fuente: El Mundo
25.10.2016

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