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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

Revista de Prensa: Noticias

Lunes, 21 de noviembre de 2016

Mosul, la guerra de todas las guerras

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La toma de Mosul por parte del ejército iraquí está siendo mucho más difícil de lo esperado. Un mes después del inicio de la ofensiva desplegada por las tropas de Bagdad, respaldadas por los ataques aéreos de la coalición internacional que encabeza EEUU, y apoyadas por milicias tribales suníes, peshmergas kurdos y paramilitares chiíes, el Estado Islámico ha conseguido hacerse fuerte en puntos estratégicos de la ciudad. La fuerte presencia de civiles y el hecho de que los yihadistas no duden en emplearlos como escudos humanos convierten a Mosul en un avispero. De hecho, pese a los lentos avances del ejército iraquí, los bombardeos de Estados Unidos y sus aliados se han cobrado ya la vida de al menos 180 civiles. Un terrible daño colateral que se suma a los centenares de asesinatos del IS en su repliegue.

Mosul, la segunda ciudad por número de habitantes de Irak, tiene un gran simbolismo para el Estado Islámico, ya que fue allí donde su líder, Al Baghdadi, proclamó el Califato en junio de 2014. Desde allí comenzó una fulgurante expansión que en pocos meses le llevó a controlar casi un tercio del territorio iraquí y sirio. Justo lo contrario de lo que sucede hoy, cuando el IS ha perdido ya el 45% de toda el área que dominaba. Pero Mosul es vital para los yihadistas también porque sin ella les costaría mucho mantener los puentes entre Irak y Siria. Por lo pronto, la aviación rusa ha intensificado sus ataques en las provincias de Idlib y Homs para evitar que combatientes del IS que huyen de Mosul se replieguen a territorio sirio.

No hay duda de que la ciudad acabará siendo arrebatada a los yihadistas, una noticia a celebrar. Pero demasiadas cuestiones despiertan, mientras tanto, fundados temores. Para empezar, el Gobierno iraquí y las potencias que le respaldan deben replantear aspectos clave de la estrategia para evitar que Mosul se convierta en un nuevo Alepo. Los analistas advierten que la reconquista podría prolongarse durante meses y ello expondría a centenares de miles de personas a quedar atrapadas entre dos fuegos, expuestas a una guerra sin reglas y sin acceso a los productos más básicos.

Relacionado con lo anterior, más de 60.000 iraquíes se han visto obligados a desplazarse desde el inicio de la ofensiva por los combates en la ciudad y sus alrededores, según datos de la ONU. Su huida desesperada representa una nueva crisis humanitaria que exige la respuesta inmediata de la comunidad internacional, dado que las ONG alertan de la falta de alimentos, agua, tiendas de campaña y toda clase de material de socorro.

En cuanto a la ofensiva militar en sí, es tal la amalgama de grupos con intereses contrapuestos que secundan al ejército iraquí que aumentan los temores de que la toma de Mosul desencadene nuevas guerras de guerrillas sectarias. En concreto, hay que evitar que los paramilitares chiíes cometan tropelías contra la población, mayoritariamente suní. Ya ha habido algunos episodios y, de generalizarse, acarrearían consecuencias desastrosas. No olvidemos que en Siria e Irak no hay sólo una guerra contra el IS. El territorio se ha convertido en un tablero donde en paralelo se libran innumerables batallas, entre ellas la de suníes y chiíes avivada por Arabia Saudí e Irán.

Lo cierto es que sólo la unidad de acción sin fisuras de la comunidad internacional podría limitar los daños de esta enorme catástrofe. Veremos si un EEUU con Trump y Rusia logran un acercamiento de posturas hasta ahora imposible.

Fuente: El Mundo
19.11.2016

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