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Seguridad Pública y Protección Civil.

 

Revista de Prensa: Noticias

Martes, 12 de junio de 2018

Así capturó la Policía al 'Spiderman' del hachís de La Linea

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La Policía Nacional detiene a El Castaña, el traficante de droga más
buscado del Campo de Gibraltar

Entre llantos de niñas, golpes y el estruendo de un disparo ha caído el mayor narco de hachís de Europa, Antonio Tejón Carrasco, líder junto a su hermano Francisco del clan criminal de Los Castañas. Eran las once de la noche del miércoles, cuando varios agentes de la Policía Nacional irrumpieron en el adosado de la Línea de la Concepción donde se refugiaba y procedieron a una detención en la que se vivieron momentos de gran tensión. "Por favor, no asustes a las niñas. Siéntate. No me toques los huevos", le espetó un agente a Antonio, alias El Castaña, que se resistió a un arresto ansiado por las autoridades. Una batalla ganada en la declarada guerra contra el narcotráfico en el Campo de Gibraltar. Batalla que ha durado 19 meses contra un capo que llegó a escapar de la Policía en varias ocasiones al saltar a través de vallas, tejados y azoteas. Como si fuese Spiderman. Ante el aplauso de sus acólitos. Razón por la que incluyeron en el operativo un helicóptero que custodió la azotea.

Los agentes policiales, que llevan meses luchando contra los reyes de la droga de La Línea, necesitaban una victoria así. Una inyección de moral para seguir afrontando un problema que el Ministerio del Interior -el saliente- decidió convertir en un asunto de Estado. Declarándoles la guerra y anunciando un plan de choque que implicará más medios si el nuevo Ejecutivo no lo suspende.

Fue la respuesta del Gobierno a la muerte de un niño arrollado por una lancha vinculada a un narco. Una noticia que generó una respuesta social por parte de una población que observaba con impotencia cómo los narcos campaban a sus anchas. Comprando voluntades, captando a jóvenes que ansiaban una vida de Lobo de Wall Street.

La detención de El Castaña era una prioridad de las autoridades. Porque era un prófugo. Y por su simbolismo, ya que Antonio era toda una leyenda en La Línea y en el mundo del hampa. Una especie de Pablo Escobar pero de pelo rapado, chándal, camiseta ceñida y zapatillas Philipp Plein. Con apoyo de un sector de su municipio, que dificultó la labor de unos agentes que el miércoles se colgaron una medalla con la culminación de la operación Ronald, desarrollada por la Unidad de Drogas y Crimen Organizado (Udyco), el Greco (el Grupo de Respuesta Especial para el Crimen Organizado) de la Costa del Sol y Vigilancia Aduanera. Ha supuesto el fin de una banda a la que se achaca la escalada de violencia en la zona. El segundo gran golpe después de la caída de El Messi del hachís.

La historia de la fuga de película del Castaña comienza en octubre de 2016, cuando Antonio y su hermano mayor, Francisco Tejón, alias Isco, huyen a Marruecos en una lancha cuando iban a ser detenidos. En diciembre de 2016, Zaraida (la mujer de Antonio) y María (la esposa de Darren, hijo de Francisco) subieron a bordo de un ferry rumbo a Ceuta. La Policía española avisó a las autoridades marroquíes de que las dos mujeres habían cruzado el Estrecho para encontrarse con sus maridos.

Desde su desembarco en Ceuta, las mujeres fueron vigiladas por policías marroquíes de paisano que vieron cómo cruzaron la frontera con Marruecos. No tardarían en reunirse con sus allegados y la policía marroquí detuvo a 10 personas, entre ellas a Zaraida y su marido, a Antonio Tejón, y a María y su novio Darren Tejón, sobrino de Antonio e hijo de Francisco. Este último se libró del arresto al no personarse en el encuentro y sigue fugado, aunque fuentes policiales lo sitúan en Gibraltar, refugio de varios narcos de calado.

Antonio, que llevaba pasaporte falso cuando le detuvieron, entró en una cárcel marroquí pero sólo estuvo 40 días. España disponía de ese tiempo para solicitar su extradición, pero la reclamación llegó tarde. Y aprovechó su libertad para cruzar el Estrecho y cobijarse en La Línea, donde contaba con un ejército de 50 hombres que le custodiaban por su reino. Desde donde siguió operando. Hasta que se consumó la caída de un mito que se sentía inmune. Sentado en una cama con una venda en la nariz. En una habitación violeta. "¿Para qué me queréis grabar?", preguntó a los agentes, que bien sabían los motivos. Era un trofeo de guerra. De su guerra contra el narco.

 

Fuente: El Mundo
08.06.2018

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