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Seguridad Pública y Protección Civil.

 

Revista de Prensa: Noticias

Miércoles, 13 de junio de 2018

Grupo Costa del Sol: así se fraguó el éxito de los mejores policías antinarcos de España

Eran amigos y trabajaban en la comisaría de Torremolinos. Con escasos medios, fueron pioneros en la lucha contra el tráfico de estupefacientes fuera de la Brigada Central

 

Foto: Foto del grupo Costa del Sol con policías de Gibraltar (Del libro 'Vivencias de un policía' de José Cabrera).

Foto del grupo Costa del Sol con policías de Gibraltar (Del libro
'Vivencias de un policía' de José Cabrera)

Persecuciones por carreteras nacionales (nada de autovías ni autopistas). Y muchas carreteras secundarias sin medianas ni rotondas. Iban a la ‘caza’ de los ‘malos’ y cantaban, aquella madrugadas de la Transición (1976-1982), su particular himno: ‘La puerta verde’ de Los Llopis: “Otra noche más que no duermo… otra noche más que se pierde”. Eran nueve hombres. Son leyenda.

El Grupo Costa del Sol fue pionero en la lucha antinarcos en España fuera de la Brigada Central. Su largo historial de éxito estimula ahora una serie de TV ('Brigada Costa del Sol') que rescata su historia. El rodaje, con Hugo Silva y Álvaro Cervantes en el reparto, empezó el pasado jueves en la provincia de Málaga. El Confidencial ha hablado con varios de sus miembros. Apenas tres siguen vivos, pero su trabajo en la lucha contra el tráfico de estupefacientes permanece intacto en la memoria.

Ricardo Ruiz Coll tiene 73 años y vive en el norte de Thailandia, donde reside nueve meses al año. Atiende a este diario en una llamada de Whatsapp de 35 minutos y 25 segundos. Son las 4 de la tarde en el país asiático y pregunta que qué tal van las cosas en Málaga. En realidad, está perfectamente informado. Por teléfono y por Internet. “No me gusta lo que veo y me cabreo”, reconoce. Ahora regresa a España de octubre a enero, prefiere “vivir la vida” en Asia tras dar varias vueltas al mundo y haber seguido como agregado de varias embajadas del Este de Europa entre la mitad de la década de los noventa y principios de este siglo.

"Conocidos por toda la policía europea"

Ruiz Coll tenía pinta de extranjero, extrovertido y con don de gentes, excelente oratoria y didáctico, hablaba muy bien inglés y francés. “Nos dimos a conocer por toda la policía europea. Venían muchos colegas franceses o alemanes con comisiones rogatorias a trabajar con nosotros y cuando venían donde trabajábamos se quedaron alucinando”. Su ‘área de trabajo’ eran dos habitáculos, de apenas 10 y 8 metros cuadrados, en la comisaría de Torremolinos, la antigua sede de Correos. “Un edificio sin ventanas, con los techos muy altos y sin pintar”, que se decoró con recortes de los periódicos en las paredes.

Así se recuerda en el documental ‘Los que caminan solos’, producido en 2009 por Antonio Moreno y emitido en RTVE y Canal Sur. Este trabajo audiovisual, de una hora de duración, resulta imprescindible para conocer a fondo a estos treintañeros de entonces (con chupa) influidos en la estética e imagen por la serie que triunfaba en aquel momento: Starsky y Hutch.

No tenían horas. El reloj no existía. Noches de cigarrillos, cervezas y bocadillos. Noches sin dormir, como la canción de ‘Los yopis’, y se podían pasar días y semanas sin volver a casa. Llamadas a sus mujeres, inquietas ante las ausencias. Niñez perdida de sus hijos. "Hoy nos hemos levantado en Málaga. Por la tarde estamos en Gibraltar. Mañana estamos camino de Barcelona y hoy regresamos por Despeñaperros siguiendo a un delincuente. Hay que pisar a fondo el pie del acelerador".

Fernando Camacho, alias ‘El chino’, era el mejor conductor del grupo. Poseía tal destreza al volante que ni Fittipaldi en sus mejores carreras por los circuitos. Una vez la persecución fue tan tremenda que los traficantes, desesperados ya, salieron del vehículo y se rindieron. “Que nos rendimos, sí, ¡está loco conduciendo!”.

Más de 320 felicitaciones públicas

Sus coches llegaron a contar con matrículas falsas italianas y alemanas. Alguna vez le dijeron que cómo era posible que llevaran las plazas de dos países, que donde se habían dejado la matrícula española. Ese día no pudieron pasar desapercibidos. ‘El chino’, jubilado desde los 53 años por enfermedad, vive ahora en Fuengirola, en un piso con vistas al puerto deportivo. Lleva a la mesa de su terraza un álbum con escritos mecanografiados de todas las felicitaciones públicas que consiguió (“más de 320”, precisa Camacho con orgullo), el único del grupo que cuenta con dos cruces rojas, “que son pensionadas”,

El grupo era heterogéneo. Aunque todos hacían de todo, estaban especializados. Augusto Blanco Castillo era el mayor. Se encargaba de redactar las diligencias. Poseía un gran estilo escribiendo. “Muy reservado y hermético. A mí, que era periodista del diario ‘Sur, jamás me contó nada”, subraya Elena Blanco, su hermana, ahora profesora de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UMA y miembro del consejo de administración de la RTVA. “Augusto se encargaba de la explotación de nuestro éxito”, dice Camacho, que remarca la importancia de contar con Torremolinos como base de operaciones. “Era el lugar donde más movimiento de droga había”.

Marcos se ganaba la confianza de la gente. Siempre pensaba en la familia de los detenidos, en que tenían hijos, en su origen humilde. Gonzalo Prieto era muy bueno con los confidentes. “José Cabrera tenía una paciencia enorme; Cecilio era el mejor poli para disfrazarse, se metía en las alcantarillas y se disfrazaba de otros”, cuenta Ruiz Coll en el documental que ofrece algunos datos que explican el contexto: un estudio policial de finales de los setenta certificaba que el tráfico de hachís se calculaba en 30.000 kilos mensuales. Tras sus primeros cuatro años, el grupo ya contaba con miles de kilos incautados, 800 detenciones y 16 organizaciones nacionales e internacionales desarticuladas.

“La importancia del grupo”, continúa ‘El chino’, “radica en las horas que le echábamos y en que nos gustaba la calle. Nos divertíamos y nos tomábamos alguna copa que otra después de acabar un operativo, pero no nos los tomábamos muy en serio y teníamos muy pocos medios”. Dependían del jefe provincial de la Comisaría de Málaga y también de la jefatura superior de la Brigada Central, en Madrid.

No ‘cazaban’ el menudeo de drogas

Al principio ni siquiera sabían cuál era la materia que perseguían. “Se escuchaba que los legionarios fumaban kifi o grifa, pero yo no lo había visto nunca. Hicimos un curso de 15 días en la dirección general de la Policía y nos enseñaron a detectar y diferenciar la heroína (cuyos consumidores ascendieron a 190 por 100.000 habitantes), la cocaína y el hachís”, aporta Camacho.

Fernando Camacho, 'El chino', esta semana, en su casa de Fuengirola. (Agustín Rivera)
Fernando Camacho, 'El chino', esta semana, en su casa de Fuengirola

Una de sus primeras actuaciones fue en la calle San Miguel de Torremolinos cuando vio a un tipo fumando como un porro con el tamaño de una trompetilla de feria. Le detuvieron y poco a poco ganaron en experiencia y habilidad. Negociaban con los pequeños traficantes. Esos no les importaba. Se les ofrecía ‘bola’, como se dice en el argot policial, para que a cambio les dijeran quién les había vendido la mercancía.

Y captaban a gente que podrían ser confidentes. “El confidente no es de la Policía, sino del policía. Existe mucho control por parte del confidente. Una vez que entra, no sale”. “’Tirando’ de los pequeños traficantes al final siempre salía alguno más importante. Torremolinos era un hervidero de droga, prostitución, macarras y estafadores”, cuenta Ruiz Coll, que se lamenta cómo ahora las nuevas generaciones que se forman en la Policía carecen de las ganas que tenían ellos. “Hoy en día, si trabajas por la noche, están ya pidiendo pronto días libres. Hoy en día son más funcionarios que policías, que lo mismo podrían estar en el Ministerio de Agricultura que en la Policía. Muchos están por estar”.

“Yo le digo a mis hijos que ya que tienes que trabajar lo mejor es hacerlo en algo que te guste. Yo aprendí mucho y también me divertí. Era difícil encontrar a ocho personas con la misma idea de trabajar y sacar el servicio adelante. No teníamos ambición personal, pero al final muchos hemos llegado a ser comisarios”, apunta el policía retirado en Asia, quien tras su trabajo en el Costa del Sol fundó un grupo especializado en delincuencia internacional en la Comisaría de Málaga.

El éxito del grupo fue tal que llegaron a interceptar el 30% de la droga que circulaba por la Costa del Sol en un momento en el que La Línea y Algeciras eran zonas aún no desarrolladas para el tráfico de estupefacientes y con Gibraltar como gran área de influencia. Lo hicieron culminando su gran objetivo: entrar en los clanes del contrabando del Peñón.

Esas bandas tenían lanchas, similares en potencia a las que poseen ahora los narcos de la comarca del Campo de Gibraltar con nombres como ‘See you later’ que dejan atrás sin problemas a las de los policías. El grupo contactó con agentes gibraltareños “puenteando” a sus superiores de Málaga y Madrid en una época en la que la Verja estaba cerrada. Ahí se notaba su alto grado de autonomía.

Portada del libro.
Portada del libro

Como cuenta José Cabrera en ‘Vivencias de un policía. Tráfico de drogas en la Costa del Sol 1976-1992, la conexión que lograron en 1980 provocó una “convulsión” en el mundo del tráfico de hachís a través del Estrecho. “El grupo habría irrumpido como un elefante en una cacharrería entre las muy bien tejidas redes del narcotráfico. A partir de ese momento nada sería igual. Los traficantes sabían que los teléfonos se podían intervenir y teníamos mucha información: conocíamos físicamente a muchos de ellos y podríamos sorprenderle en cualquier momento”.

Fueron precursores del agente encubierto. Como ellos conocían a la perfección la calidad y el precio de la droga, provocaban compras ficticias de hachís. Para no levantar sospechas en vez de los Seat, Simca o Talbot Horizon que conducían aparecían en el escenario del intercambio a los mandos de un Porsche o un Mercedes (requisados a otros ‘malos’, igual que prismáticos con visión nocturna). Iban bien trajeados, con maletines con 200.000 dólares falsos (y miles de pesetas de curso legal). Algunos, los más listos, se daban cuenta y salían corriendo. Los mismos policías les animaban a que se escaparan para que no levantaran sospechas.

‘Los flamencos’

¿Y por qué acabó? Celos de compañeros, de superiores. Tuvieron “miles de oportunidades para corromperse”. “Pero no lo hicimos. No hay nadie millonario”, indica Camacho. Y si sabían que había algún Policía o Guardia Civil corrupto dejaba el trabajo que tuviera y lo primero que hacía era detenerlo. Compañeros del Instituto Armado que cuando les veían aparecer decían: “Mira, ahí están ‘Los flamencos’. Llegaron a ser premiados en 1980 con el galardón Máster Popularidad de Radio Popular (Cope). “La fama nos perseguía a nosotros mismos”, admiten en la cinta.

Sus nombres. Este puñado de policías (Pepe Cabrera, Fernando Camacho, Ricardo Ruiz Coll, Cecilio Oliva, Martín Bolaños, Marcos Martínez, Luis de la Torre, Gonzalo Prieto y Augusto Blanco) son policías de leyenda.

 

Fuente: El Confidencial
10.06.2018

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