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Miércoles, 11 de enero de 2006

Cervantes se enfrenta a los molinos de Internet

Siguiendo los pasos de las editoriales estadounidenses contra Google, la española Reus ha demandado a la Biblioteca Virtual Cervantes por poner a disposición del público una de sus obras más emblemáticas

 

Son seis las demandas que acumula Google por su proyecto de biblioteca virtual y la copia -a través de la digitalización o el escaneado- de libros de las principales bibliotecas de Estados Unidos. La Authors Guild, la mayor asociación de escritores norteamericanos, y seis de las principales editoriales del país recurrieron en noviembre pasado a los tribunales para frenar la puesta a disposición del público de sus obras en la red, violando los derechos de autor. El resultado de sus demandas contra Google tardará en verse, pero podrá servir de guía al primer caso español de esta índole: la editorial Reus contra la Biblioteca Virtual Cervantes.

Y es que la obra de Luis Astrana Marín, Vida ejemplar y heroica de Miguel de Cervantes, la misma que regala el rey Juan Carlos a algunos de sus más ínclitos visitantes extranjeros, la que cuesta alrededor de 1.000 euros en las librerías y está editada por Reus, puede encontrarse tal cual, con su mismo diseño, sus grabados e ilustraciones y sus comentarios anejos, en la página web de la Biblioteca Virtual Cervantes (BVC). Más que puede, podía, ya que el acceso en cuestión quedó bloqueado a raíz de la demanda que interpuso la Editorial Reus en los juzgados de lo mercantil de Alicante a finales de noviembre de 2005 para que se retire la obra de la red.

La BV Cervantes ha ido con esta iniciativa aún más lejos que Google con su biblioteca virtual. Al menos, el buscador estadounidense firmó acuerdos con importantes bibliotecas de su país (como las de las universidades de Harvard, Oxford y Standford) y con alguna de Gran Bretaña antes de lanzarse a digitalizar sus fondos literarios y ponerlos libremente a disposición del público en Internet. La BV Cervantes, según relatan desde la editorial Reus, no les preguntó nada, se limitó a digitalizar una a una las más de 7.000 páginas del libro escrito por Luis Astrana y a lanzarlo a través de su página web.

La conmemoración de los 400 años de Don Quijote de la Mancha, fue el momento elegido por BV Cervantes para poner a disposición del público, totalmente gratis, la obra de Astrana. «Nos enteramos a través de la llamada de un cliente desde Estados Unidos. Estaba indignado. Acababa de pagar los cerca de 1.000 euros que cuesta la obra y se había encontrado con que podía haberla tenido al completo entrando en la página de la BV Cervantes con el único coste de lo que le supusiera imprimirla en papel», explica Jesús Manuel Pinto, consejero delegado de Editorial Reus.

Los responsables de esta editorial comprobaron que efectivamente se podía acceder a la Vida ejemplar y heroica de Miguel de Cervantes desde la Biblioteca Virtual Cervantes. «Contactamos con sus responsables y les informamos de que la obra estaba sujeta a derechos de autor, pero nos hicieron caso omiso», continua Pinto. No obstante, como prefería alcanzar un acuerdo con la biblioteca virtual antes de llegar al enfrentamiento, la editorial planteó varias opciones para resolver el problema. «Creyendo que al ser una fundación podía necesitar fondos económicos, llegamos a sugerirles que nos permitieran montar una librería sobre temas cervantinos en su página», añade el consejero delegado de Reus. Luego descubrieron que la Fundación Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes cuenta con fuerte presencia institucional del Banco Santander. El dinero no parece ser la cuestión.

La versión de la BVC difiere en algunos puntos con la de Reus. Según comenta su director general, Luis Rodríguez Moreno, «si la negociación fracasó no fue porque no intentáramos llevarla a buen término. Reus rechazó nuestra oferta económica». Insiste, además, en que la Fundación no ha recibido notificación de la demanda, «sólo la conocemos extrajudicialmente». No obstante, Luis Rodríguez no puede evitar defenderse: «No hemos hecho nada de mala fe. Se trata de una obra descatalogada y teníamos los permisos correspondientes».

Serán los jueces los que en un plazo largo -el proceso puede demorarse más de un año- resuelvan el caso y determinen si hay o no indemnización y de qué cuantía. Hasta entonces, la obra de Luis Astrana estará retirada de Internet, pero, en opinión del consejero delegado de Editorial Reus, «el daño ya está hecho. Cualquiera puede haber reproducido los ficheros y hay que tener en cuenta que se trata de una biografía de Cervantes que se mueve en el ámbito de los expertos». Por ello, la editorial pide en su demanda una indemnización por el daño causado pero, sobre todo, exige «que se destruyan las copias».

Aunque probablemente menos, tardarán también en resolverse las demandas contra Google. Pueden ser parejos los resultados ya que, como explica el abogado Rafael Truán, del despacho Díaz-Bastién & Truán, «el derecho de propiedad intelectual anglosajón y el nuestro tiene diferencias, pero coinciden de forma paralela en los límites a los derechos de propiedad intelectual y el concepto de paso a dominio público es idéntico».

Google deberá empezar por asumir que las bibliotecas con las que ha pactado sólo son depositarias de los libros, que no pueden poner a disposición del público esas obras. No tienen esa facultad.

En cuanto a los derechos de propiedad intelectual, el buscador determinó por su cuenta y riesgo que las obras publicadas antes de 1923 pasaban a ser de dominio público. Una decisión arbitraria y con poco sentido teniendo en cuenta que los derechos de autor cesan transcurridos un número determinado de años tras la muerte del autor (entre 70 y 50 años según los países). Así, por ejemplo, Marinero en Tierra, de Alberti, fue publicado antes de 1923, pero Alberti murió en 1999. Por tanto, no es de recibo fijar la fecha de 1923 como momento a partir del cual la obra de Alberti es un bien de derecho público. ¿Donde quedan los derechos del autor?

El escaneado de libros viola además derechos de editores, dicen las demandas contra Google. El editor tiene derechos sobre el continente y el escaneado lo reproduce por completo. «Su impacto en las librerías es brutal, puede frenar la reedición de libros antiguos y hasta nuevas ediciones», apuntan en el sector.

Fuente: El Mundo
08.01.06

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