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Miércoles, 22 de noviembre de 2006

Talio: el veneno del Kremlin y el preferido por Sadam

La sustancia con la que han intentado matar a un ex espía ruso era la favorita de los antiguos servicios secretos iraquíes

 

El día de Año Nuevo de 1988, Abdulá Ali, un hombre de negocios iraquí que llevaba ocho años viviendo en Londres, salió con otros tres compatriotas a cenar a un restaurante llamado Cleopatra en Notting Hill.

A la mañana siguiente, fue ingresado en el hospital con síntomas similares a los de una gripe. Pero su situación no tardó en empeorar: se le cayó el pelo, desarrolló un terrible dolor en la piel y las articulaciones y comenzó a padecer fallos respiratorios y parálisis. 

Foto: fakelexpress.com Foto: www.themoscowtimes.com
A la izquierda, Litvinenko antes de ser envenenado. A la derecha, el ex espía ruso, en un hospital lindinense, tras ingerir talio

Quince días más tarde fallecía, no sin antes preguntarse si alguien habría añadido alguna sustancia a su vodka. En efecto, así fue: un juez de instrucción de Westminster registró como causa de la muerte una bronconeumonía por envenenamiento con talio, el mismo elemento químico con el que han querido asesinar en Londres al ex espía ruso Alexander Litvinenko.

Se cree que Abdulá Alí fue víctima de los servicios secretos de Sadam Husein, que utilizaba el sulfato de talio como su veneno preferido. Los detectives del caso creen que este hombre había sido un agente secreto, que se había desilusionado con su trabajo, y que fue asesinado antes de que desertara.

Cientos de disidentes iraquíes encuentran su final de manera parecida. La lenta acción del talio permite a los envenenadores adoptar una táctica especialmente siniestra: los disidentes son liberados de la cárcel, e incluso se les permite emigrar, no sin antes haber envenenado su comida o su bebida con una dosis fatídica. A veces se les ha administrado durante un «trago reconciliador» con los antiguos guardias del prisionero.

En su último libro, The Elements of Murder, el químico John Emsley explica el caso de Majidi Jehad, a quien se le dio un zumo de naranja en una comisaría de Bagdad mientras recogía el pasaporte que necesitaba para viajar a Reino Unido. Falleció por envenenamiento con talio en cuanto llegó a su destino.

Salwa Bahrani, activista chií, fue envenenada cuando tomó un yogur intoxicado con talio. En 1992, dos oficiales del Ejército llamados Abdelatif y Masdiwi escaparon a Damasco cuando se sintieron enfermos. Se les llevó de urgencia a Reino Unido y allí salvaron la vida.

Objetivo: matar a Castro

Francia también utilizó este veneno para acabar con el líder de una guerrilla en Camerún en 1960, y se sospecha que Estados Unidos utilizó talio en uno de sus numerosos intentos por acabar con la vida del presidente cubano, Fidel Castro. Sydney Gottlieb, químico de la CIA, concibió un plan para envenenar al líder cubano introduciendo polvo de talio en sus zapatos. Este método habría producido que se le cayera el cabello, y por tanto su icónica barba, a causa de la destrucción de los folículos capilares: el talio se utilizaba médica y cosméticamente antes de que se dieran a conocer sus efectos letales.

Aunque la dosis fatídica para un adulto es de 800 miligramos, menos del cuarto de una cucharadita, para tratar la tiña se recetaban dosis de 500 miligramos. Las cremas depilatorias a base de talio se hicieron populares en los 30 y también se vendió con éxito como pesticida.

El talio es un metal que suele administrarse como veneno bajo la forma de una de sus sales, generalmente el sulfato de talio. Su toxicidad deriva del hecho de que los átomos de talio cargados tienen un tamaño prácticamente exacto al de los iones de potasio, fundamentales en numerosas funciones corporales. Por eso logra imitar la acción del potasio y sustituye los iones en funcionamiento por otros inertes que inutilizan el sistema nervioso.

Los primeros síntomas son parecidos a los de una gripe o una gastroenteritis. Les siguen dolores por todo el cuerpo, sobre todo en pies y articulaciones. La causa del fallecimiento suele ser un fallo cardiaco o respiratorio, dado que el sistema nervioso termina por colapsar.

Esta sustancia constituye un arma de asesinato atractiva dada su solubilidad en agua, sus propiedades incoloras y prácticamente inodoras e insípidas. Una dosis fatídica puede suministrarse de una sola vez, y además el cuerpo no logra expulsar la toxina por sí mismo. El antídoto más eficaz es el ferrocianuro férrico de potasio, conocido también como tinte azul de Prusia.

Los síntomas por envenenamiento con talio ya aparecen descritos por Agatha Christie en su obra El misterio de Pale Horse, de 1962, y el libro ha logrado salvar la vida de más de una víctima. Marsha Maitland, enfermera, sospechó que una joven de Qatar había sido envenenada con talio al observar la similitud con los síntomas de la víctima de la novela.

El antiguo KGB niega las acusaciones
El estado de salud de Alexander Litvinenko, el ex espía ruso del KGB (ahora FSB) envenenado en Londres, se agrava. En su cuerpo se han encontrado cantidades de talio -sustancia que se utiliza normalmente para matar ratas- tres veces más altas de lo habitual. Pero, ¿quién lo envenenó? ¿Dónde? ¿Cómo?

Oleg Gordievsky, uno de los espías más famosos del KGB, ofreció ayer respuestas a estas cuestiones. Gordievsky estuvo destinado en Londres como jefe de los servicios secretos de la URSS. Entonces trabajó como agente doble para el MI6 británico, por lo que sus superiores le ordenaron, en 1985, que regresara a Moscú y lo confinaron. Cuando logró huir, se trasladó a vivir al Reino Unido.

Desde la autoridad que le confiere su perfecto conocimiento de los servicios secretos soviéticos, heredados por Rusia tras la desintegración de la URSS, Gordievsky no tiene la menor duda de quiénes han querido matar a Litvinenko: «Sólo el KGB es capaz de hacerlo. El veneno es muy sofisticado. Ellos ya han hecho esto antes; envenenaron a Anna Politkovskaya el año pasado en un avión. ¿Quién podía saber dónde estaba sentada y envenenar su comida? Probablemente es también el KGB quien la mató».

La periodista Politkovskaya fue abatida a tiros en Moscú el pasado 7 de octubre. Ahora la víctima es Litvinenko, que estaba investigando, precisamente, el asesinato de su amiga la periodista. El Servicio de Espionaje Exterior (SVR) de Rusia y la embajada rusa en Londres negaron ayer cualquier implicación.

«Todas las acusaciones vertidas contra el SVR parecen poco convincentes», declaró Serguéi Ivanov, jefe de prensa del SVR, a la agencia Interfax. Y agregó que desde 1959 el SVR «no realiza actividades relacionadas con la eliminación física de individuos indeseables para Rusia».

La rocambolesca historia de Litvinenko tiene muchos puntos oscuros. Él mismo, pese a su estado de debilidad absoluta, ha explicado a algunos medios que se sintió mal el 1 de noviembre, después de un encuentro con un hombre que le iba a suministrar datos importantes sobre la muerte de Politkovskaya.

Sin embargo, Gordievsky considera que ese hombre llegado de Italia no tiene nada que ver y que su amigo fue envenenado antes de ese encuentro por algún antiguo amigo ruso reclutado en la cárcel por el FSB.

En declaraciones exclusivas a 'The Times', Gordievsky dijo: «Hay tres personas a las que ellos [el Gobierno ruso] odian: Boris Berezovsky, Ajmad Zakayev [un líder checheno] y Litvinenko, que ha escrito artículo tras artículo para la prensa chechena criticando a Putin».

Según sus explicaciones, el asesino llegó a Londres en calidad de hombre de negocios y amigo de Litvinenko. Quedaron en un hotel y puso el veneno en el té del ex espía.

 Fuente: www.elmundo.es
21.11.06

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