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Revista de Prensa: Noticias

Martes, 19 de febrero de 2019

Gabriel, el vengador cristiano del Estado Islámico

Tiene nombre de ángel y dirigirá el ataque final contra los reductos del IS en Siria. Después de que el Daesh asesinara a decenas de cristianos, él se puso el uniforme y hoy es el cristiano con más poder en las Fuerzas Democráticas Sirias. A diario acude al frente, en el Éufrates, para vaciar su cargador sobre el enemigo. «Esto no ha acabado», dice

 


Kino es el cristiano con más poder en las Fuerzas Democráticas Sirias,
la alianza contra el yihadismo

Esta historia empieza con un final: el del pseudocalifato global que un iluminado iraquí, Abu Bakr Bagdadi, proclamó desde un minbar en Mosul hace cuatro años y medio. Debía abarcar desde el sureste asiático hasta Al Andalus, pero está a punto de mo rir en la orilla este del Éufrates, en Siria, cerca de la frontera iraquí. «Sólo quedan tres semanas», repiten, como un mantra, algunos de los combatientes cristianos apostados en el frente. Otros, algo más: «Un mes, como mucho».

Nadie en las líneas de Ash Shafa, o en las posiciones avanzadas colindantes de Ash Shayla o de Baguz Hawkani, duda de que el califato está en sus estertores. Al también conocido como IS o Daesh -aquí, los kurdos prefieren llamarlos chete, algo así como banda, en tono peyorativo- le quedan, explican a Crónica varios implicados, no más de mil fanáticos. Quizás unos trescientos, matizan otros. ¿Está el autoproclamado califa Bagdadi entre ellos? La mayoría cree que huyó hace tiempo de aquí, y que se esconde entre las dunas iraquíes.

El pseudocalifato pronto será ceniza y polvo, depositados sobre las desérticas llanuras de la provincia de Deir Ezzor, el reino de la nada. Entonces, llegará el momento de las celebraciones, y muchos honrarán aquel dicho que recuerda que las victorias tienen muchos padres. Si va a ser así, que entre los nombres ilustres de quienes acabaron con la vorágine islamista radical figure el de este cristiano: Kino Gabriel, el ángel que vengó a los cristianos, añaden, venciendo al pseudocalifato del IS.

Kino Gabriel es el cristiano con más poder en las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), la alianza multiétnica que ha luchado, codo con codo, con la alianza internacional liderada por Estados Unidos contra el IS. Aunque no es raro toparse cerca del frente con soldados estadounidenses, británicos y franceses, la ofensiva terrestre corre a cargo de las FDS, que reciben el respaldo aéreo constante de la aviación de la coalición anti Daesh. Dentro de las FDS, que funcionan como un paraguas que abarca mayormente a brigadistas kurdos, pero también árabes, turcomanos y a unos 2.000 cristiano asirios, Kino lidera el Consejo Militar Siríaco (CMS). Es el ariete de los cristianos contra el califato.

Tal enjundia hace de Kino Gabriel una pieza de caza mayor para yihadistas u otros enemigos en Siria, Irán o Turquía, donde la administración autonomista extendida por el noreste sirio -dominada por kurdos leales a la guerrilla kurdoturca PKK-, es vista como una amenaza política. Kino lo sabe. Por eso se cita con Crónica en una base secreta instalada en medio de un páramo. Allí nos recibe un hombre que, por maduro, desmerece sus 29 años; de hombros anchos, comedido, parco al hablar, críptico a rabiar.

Cuesta arrancar palabras a Kino, quien reconoce, en un elegante acento british, que «te sientes más fuerte» envuelto en su uniforme de camuflaje. «Creo que es algo cultural, que cuando luces un uniforme y tomas las armas, te sientes más fuerte». Eso hizo exactamente cuando, un lustro atrás, los adeptos del IS se abalanzaron contra las apacibles aldeas del río Jabur, hogar de la minoría cristiana asiria. Miles de vecinos huyeron de allí, como habían hecho del genocidio otomano un siglo antes. Docenas fueron secuestrados o murieron bajo la daga del califato. Las iglesias fueron destruidas. Sus cruces, liquidadas.

Las tornas cambian

Hoy, gracias al soporte internacional y a la alianza con el resto de fuerzas de la zona, las tornas han cambiado. Ahora es el IS quien huye en desbandada ante los embates de Kino Gabriel y de sus hombres, que buscan venganza. «A mi hermano lo degollaron en pleno desierto sólo por colaborar con la coalición», lamenta Jabur, un combatiente afiliado al CMS que ha jurado luchar hasta la desaparición total del IS.

Pero ¿desaparecerá el IS si pierde su feudo del Éufrates? Kino no lo ve tan claro. «Aunque estemos llegando al final de la campaña militar, no significa que la guerra contra el Daesh se esté acabando», alerta. «Hay una amenaza de células durmientes ocultas, capaces de atacar y tomar el control de algunas áreas». Su respuesta, más que a nosotros, parece dirigida a EEUU, cuyo presidente, Donald Trump, ordenó en diciembre el repliegue de sus 2.000 soldados en Siria lo antes posible. Malas noticias para las FDS.

El adiós de Washington va a sacudir la administración regional y debilitar el sistema penitenciario de las FDS. Las financiación de las cárceles que albergan a los combatientes del IS capturados depende de EEUU. «Tenemos más de 830 combatientes extranjeros, de 45 países distintos, además de 1.600 familiares suyos», explica Kino, quien no revela el número de españoles. Nadie con responsabilidad en Siria lo hace, pero todos confirman que los hay. Quizás porque en este instante, como Kino afirma que ocurre con otros países, se negocia su deportación.

«No tenemos ni los recursos ni la autoridad requerida para juzgarlos», sentencia Kino Gabriel. «De eso deben encargarse la coalición y la comunidad internacional». De no suceder, el cristiano teme lo peor: «La seguridad con estos prisioneros está en riesgo. Podríamos sufrir fugas en caso, por ejemplo, de atentados contra nuestras prisiones. Podrían escapar a otros sitios o regresar a sus países y provocar ataques terroristas en ellos», subraya. «Así que no es un problema de seguridad sólo para Siria, sino para todo el mundo».

En arameo

Las últimas palabras de Kino Gabriel suenan graves. La mayoría de los países se está desentendiendo de las mujeres, los niños y los soldados del pseudocalifato. Por el momento, sólo Francia se ha comprometido a devolver a su país natal a 130 combatientes del IS. Entre ellos, uno de los impulsores del atentado de Niza de julio de 2016. Human Rights Watch ha denunciado el traslado de presos del Daesh, asistido por EEUU, de Siria a Irak, donde sí se los juzga y, en ocasiones, se los condena a muerte.

Por el momento, explica Kino, su principal obsesión, y la de sus camaradas cristianos, es suprimir el califato físico. El CMS tiene su base en Busayra, a una hora del frente. Sus combatientes acuden a diario a la ribera del Éufrates para vaciar sus cartuchos sobre el enemigo. «Nuestra misión es proteger a los hermanos cristianos de Irak y Siria, guardando las fronteras para evitar infiltraciones del IS. Aparte, tenemos un grupo desplegado en el frente contra Daesh», explica Abgar Daud, un mando del CMS.

La afinidad religiosa llevó a un nutrido grupo de ex marines estadounidenses, y a otros cristianos extranjeros, a unirse al CMS. Daud, mano derecha del Ángel Vengador, explica que todos se fueron tras la campaña que liberó Raqqa. «Estamos orgullosos de ellos, pues dejaron sus vidas en sus países para luchar junto a nosotros. Esta tierra les pertenece también a ellos, como a nosotros, desde hace miles de años. En primera línea de frente uno debe enorgullecerse de ser cristiano».

Bajo las órdenes de Kino Gabriel, los soldados del CMS liberaron las 35 aldeas cristianas cruzadas por el Jabur hasta llegar a la ciudad de Hasaka, donde reinstauraron la cruz en 2015. Luego, se unieron a la ofensiva para expulsar al IS de Raqqa, su capital, en una batalla que finalizó en octubre de 2017. Finalmente, en otro alarde de cooperación entre distintas etnias y religiones, se han unido a árabes y kurdos --ambos musulmanes suníes- en los metros finales de la carrera contra el Daesh.

«Es muy importante preservar este clima de colaboración», enfatiza el combatiente cristiano asirio Jabur, recordando que una de las tácticas del IS fue injerirse en las brechas étnicas y religiosas, poner a unos contra otros, para extender su imperio del terror a costa de las divisiones fratricidas. Es la única forma, cree Abgar Daud, de conservar su lengua vernácula, el arameo -lo más parecido al idioma que hablaba Jesús de Nazaret- y la marca de la cruz en Siria, donde se estima que viven dos millones de cristianos. «Nuestro objetivo no es sólo combatir al Daesh, sino luchar por los derechos de los cristianos», apostilla Daud. «¿Por qué los cristianos asirios no pueden hablar su lengua? Bajo el régimen sirio, nuestro idioma moría. Luego, llegó Daesh y lo confrontamos. Ahora, Daesh está destruido. La misión siguiente va a ser proteger y garantizar nuestra cultura y nuestros derechos en este país».

 

Fuente: El Mundo
06.02.2019

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