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Seguridad Corporativa y Protección del Patrimonio.
 

Revista de Prensa: Noticias

Viernes, 17 de febrero de 2006

Detectan fallos en los sistemas de seguridad de los rascacielos

Las medidas contraincendios deben ajustarse a la ley en menos de un mes

 

El fuego escribió su lección en los rescoldos del Windsor, al que dejó en el chasis: no hay prevenciones suficientes; no hay precauciones excesivas. Hace falta estar atento a todas horas, porque «las pequeñas causas suelen originar catástrofes grandes», explica Miguel Ángel Saldaña, director de la asociación de investigación para la seguridad de vidas y bienes (Cepreven). Saldaña es, a la vez, crítico y comprensivo con el sistema de prevención de incendios madrileño. Piensa que «algunas cosas se deben mejorar» pero alaba «la eficacia en la reacción».

El caso es que ya ha pasado un año del siniestro del Windsor, y mucha gente se pregunta si ha cambiado algo; si después de lo que todos prometieron en las horas difíciles, las promesas se ha cumplido. Pues bien, parece que sí, pero pongan ustedes todos los matices que quieran. Primero se redactó un censo de todos los rascacielos de la región -110 edificios de más de 50 metros, excluidos los de viviendas- y luego, explica Saldaña, los ayuntamientos duplicaron las visitas de control, vigilancia y prevención de incendios.

Lo que no ha habido, hasta ahora, ha sido multas. Y no porque todos los edificios estén perfectos, que no lo están, sino porque la ley de prevención de incendios no ha entrado aún en vigor para estos gigantes de cemento y metal. Una ley, cierto es, que lleva aprobada desde el 13 de marzo de 2003, pero que a los rascacielos les otorgó tres años para que hicieran las obras de adaptación necesarias para cumplir las nuevas exigencias.

«Este año no hubiera ardido». Y fue precisamente en el transcurso de esos tres años de gracia cuando se produjo el incendio que acabó con el Windsor. ¿Casualidad? No. «Es mucho más que probable que si esa colilla, en el caso de que haya sido una colilla mal apagada, hubiera generado un fuego este año, o el año que viene, el Windsor aún permanecería en pie», sentencia Saldaña.

Y se explica: «El siniestro fue una concatenación de hechos desafortunados, pero uno de los más importantes es que la propiedad del edificio no estaba sometida a ningún reglamento; porque el de 1999 ya estaba derogado y el de 2003 no había entrado en vigor, así que nadie había tomado precauciones especiales en ese momento para proteger el edificio y, por ejemplo, no funcionaban los rociadores de agua». A su juicio, estas deficiencias deberían haberse corregido con un aumento de la mano de obra: «Si no puedes protegerlo con la tecnificación de las instalaciones, tienes que hacerlo con más vigilancia. Más rondas y más intensas». Y eso no se hizo.

La Comunidad de Madrid puso en marcha, en las semanas posteriores al fuego, una gran campaña para concienciar a los municipios de que tenían que controlar que en los edificios se cumpliera la legislación. Y elaboró un informe del estado de los rascacielos cuyos resultados cedió a las respectivas casas consistoriales. En el Ayuntamiento de Madrid, explica el experto Miguel Ángel Saldaña, se establecieron grupos más numerosos de agentes de control de la edificación y de bomberos, que comenzaron a visitar los rascacielos.

«Yo mismo he pasado por algunas de las torres y ninguna de ellas tenía riesgo grave de sufrir incendios, aunque en la mayoría descubrimos pequeños problemas». Errores leves que no tienen por qué provocar una voz de alarma pero que, advierten fuentes del Ayuntamiento consultadas por este periódico, «serán causa de multas si persisten cuando la ley entre en vigor de forma definitiva». De hecho, los técnicos municipales han recibido mucha colaboración de los propietarios de los edificios, y en la mayoría de las ocasiones, cuando les han dicho que tenían que corregir algo, no ha hecho falta que pasaran los dos o tres meses preceptivos.

Pero que nadie se llame a engaño. Aún faltan muchas cosas en Madrid para llegar al nivel de control de grandes edificios que hay en otros lugares, como en Francia. Allí, explica el experto Miguel Ángel Saldaña, cada vez que consideran que un edificio puede tener un peligro especial, se «repertoria», que es un término que quiere decir que se hace inventario de lo que hay, cómo es y qué necesita. Y una vez hecho ese inventario, todo el mundo se vuelca en ensayo de situaciones de emergencia tanto en interiores como en exteriores. Así, en el caso de incendio, todo el mundo sabe lo que tiene que hacer con los ojos cerrados».

Saldaña se considera un «prevencionista» y por eso cree que las empresas deben invertir constantemente tanto en medidas de seguridad mediante edificios «inteligentes» como en personal.

Con todo en regla. Pero si en cuanto a medidas de prevención la cosa no ha mejorado en exceso, en lo que marcha de forma horrible es en la situación de los primeros en hacer frente a los siniestros: los vigilantes. Es de sobra conocido que los del Windsor de aquella noche de hace un año no estaban habilitados, esto es, no habían recibido los cursos y la titulación que exige la ley, que promueve el Ministerio del Interior.

No obstante, el juez no encontró en ningún caso motivos de sanción penal, ya que la actuación de los vigilantes fue correcta, dice la sentencia. Además, no hay que engañarse: la gran mayoría de los vigilantes de seguridad no tienen los papeles en regla.

Un ejemplo de ello, es el del asesinato del «cazador» de Correos. Dos de los compañeros que mató estaban irregulares. Es decir que carecían de los cursos homologados y la documentación necesaria para desarrollar la profesión. Y lo peor es que la Delegación del Gobierno en Madrid tenía conocimiento de esta circunstancia, pero dijo que se creaba un prejuicio más grande si sancionaba a la empresa y la cerraba, que si hacía la vista gorda. Un portavoz de Alternativa Sindical, organización que agrupa a más de 1.000 agentes del gremio, recuerda que en próximo miércoles, día 15, hay una manifestación «porque en vez de ir a mejor ahora están pensando en bajar aún más las exigencias y crear una nueva figura, la del auxiliar de servicios, con menos cualificación». Esto, a su juicio, no es «porque falten trabajadores, como dicen, sino porque la profesión está mal pagada». Si hubiese que extraer algún tipo de lectura positiva de las cenizas del Windsor esta es, sin duda, la preocupación por parte de las administraciones por la seguridad de los edificios de más de 50 metros de longitud lo que ha llevado a incrementar su control.

Entrevista: Medardo Tudela, Subdirector General del Cuerpo de Bomberos
"Los bomberos sobrepasaron el límite razonable de la seguridad"

El jefe de bomberos recuerda que nadie ha explicado porqué una llave falló

Lleva más de 20 años en el cuerpo. El Windsor fue su «bautismo» en grandes tragedias como subdirector del Cuerpo de Bomberos. Medardo Tudela dice que su gente «sobrepasó el límite razonable de la seguridad». Recuerda que pasó la noche colgado al teléfono dando órdenes y pasando información al edil Pedro Calvo y al propio alcalde.

Pregunta.– Parece que la sentencia judicial ha liberado de responsabilidad a los bomberos...

Respuesta.– Creo que el juez es muy claro. Hicimos más de lo razonable. Ahora es muy fácil hablar, pero había que estar allí, fue un ataque directo al fuego lleno de dificultades, no un paseo por el parque.

P.– ¿Se arrepiente de algo?

R.– De nada. Atacamos al fuego usando la boca de incendios pero esa instalación no abarcaba a todo el edificio. El fuego crecía, parte del techo cayó y decidimos reagruparnos.

P.– Se ha dicho que faltó agua.

R.– No, pero la columna seca no tenía suficiente presión. Un agente subió a la planta 23, una por encima del fuego, para cortar la llave y ganar presión pero la llave no funcionó.

P.– ¿Quiere decir que falló el edificio?

R.– No. Digo que esa llave no se pudo cerrar.

P.– ¿Y si se hubiera podido habían apagado el fuego?

R.– Se había atacado mejor pero no haré conjeturas. Lo que sé es que nadie ha dado explicaciones de esa llave.

P.– ¿Cuando se retiraron pensaron que la torre iba a caer?

R.– No lo sabíamos pero no podíamos parar el fuego. Rompió una cúpula de El Corte Inglés y se metió dentro. Había que evitar que se extendiera.

P.– ¿Ya no habrá más casos Windsor?

R.– Es imposible preverlo.

P.– ¿Han aumentado los controles?

R.– No puedo hablar de eso.

P.– Usted fue el primero en entrar dos días después. ¿Qué sintió?

R.– Fue algo impresionante, es nuestro trabajo, no podemos tener miedo, pero confieso que a día de hoy sigo viendo las imágenes y me impresionan.

Fuente: La Razón
12.02.06

Especial: Torre Windsor

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