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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

Revista de Prensa: Noticias

Martes, 27 de noviembre de 2007

Entrevista: Valerie Plame, ex espía. "El Gobierno Americano atrapará a Bin Laden cuando le parezca más conveniente"

Su marido denunció que la guerra de Irak se apoyaba en una farsa. Pero tras 20 años en la CIA, esta mujer de 44 años vio cómo toda su carrera se hundía en lo que ha denunciado como una conspiración de la Administración Bush

 

Una venganza que ahora ella trata de devolver a quienes intentaron romper su vida.

Valerie Plame (Alaska, 1963) sabía guardar un secreto. Cuando su marido, el ex embajador Joe Wilson, calificó de falsa la razón aducida para emprender la Guerra de Irak, esta ex agente de la CIA, que trabajaba por aquel entonces en un plan para poner coto a la proliferación de armas nucleares, comprobó que su verdadera identidad, ocultada cuidadosamente, saltaba a la luz por unas filtraciones a los medios de comunicación orquestadas desde la Casa Blanca. Como cuando el ex jefe de gabinete, Karl Rove, reveló al periodista de televisión Chris Matthews, que «la mujer de Wilson» era un «objetivo legítimo».
 
 
Cuatro años después ya no está dispuesta a seguir callando. Ahora que la farsa sobre las filtraciones periodísticas «a los más altos niveles» acaba de ser corroborada por el ex secretario de prensa de George W. Bush, Scott McClellan, la espía, que durante más de 20 años ha mantenido su silencio, ha decidido hacer oír su voz con un libro, conferencias y una película. El libro, Fair Game: My Life as a Spy, My Betrayal by the White House [Objetivo legítimo: mi vida de espía y la traición de la Casa Blanca] abre una ventana al mundo del espionaje, el hostigamiento a las personas y las intrigas.

Pregunta.- El delito de obstrucción a la Justicia en que incurrió Lewis Scooter Libby, el jefe de gabinete de Dick Cheney llevó al fiscal federal Patrick Fitzgerald a perseguir al propio vicepresidente como presunto instigador del delito...

Respuesta.- Fitzgerald no pudo llegar al fondo del asunto. Dijo que había sido como si echaran arena a los ojos del árbitro, así que en realidad no lo sabemos, esperemos que la demanda civil nos permita conocer este extremo. No obstante, en uno de los documentos que presentó, Fitzgerald fue muy claro: 'No soy capaz de concebir la idea de que haya pruebas de cualquier tipo que eche por tierra la tesis de que en la Casa Blanca hubo una conspiración para minar la fama de Joe Wilson y desacreditarlo'.

P.- ¿En qué momento se encuentra esa demanda civil?

R.- Está en fase de apelación; estamos esperando fecha. Nuestros abogados han sido muy amables al montar una página web. La dirección es wilsonsupport.org y facilita información de todas las fechas y del punto en el que nos encontramos. Vamos a seguir adelante; vamos a seguir todos los trámites hasta llegar al Tribunal Supremo, porque lo que está en juego son principios legales muy importantes. Como resumen, puedo decirle que yo estuve presente en la vista oral, en mayo, y no soy abogado, pero lo que saqué en claro es que la línea principal de argumentación del abogado del vicepresidente era que [Cheney] goza de inmunidad absoluta, al igual que el presidente, y yo diría que el juez no estaba seguro de que la Constitución diga efectivamente eso, pero está claro que a ello se agarran.

P.- Parece evidente que la CIA ha sufrido un golpe considerable. ¿Considera que se ha producido una polarización política?

R.- Por supuesto que sí, ése es mi caballo de batalla. Lo que he visto es que se ha ido permitiendo gradualmente una preponderancia cada vez mayor de la política en nuestro colectivo de los servicios de información. Es algo terrible, porque tergiversa los resultados, desnaturaliza las misiones y, a la postre, produce un perjuicio grave a nuestra seguridad nacional. Esta no es una cuestión del Partido Republicano, ni del Partido Demócrata, es una cuestión de seguridad nacional. Es más, yo creo que todo norteamericano, sea cual sea su tendencia política, lo que quiere es tener la seguridad de que la información que llega a la mesa del presidente está desprovista de cualquier tinte ideológico o de presiones políticas. Pues bien, les queda mucho por recorrer. Creo firmemente en que necesitamos unos servicios potentes de información; vivimos tiempos difíciles, con amenazas sin precedentes. Sufrir interferencias políticas es perjudicial.

P.- ¿Cómo le gustaría a usted que los candidatos presidenciales abordaran esta cuestión?

R.- Si fuera reina por un día, lo primero que haría sería desvincular el mandato de director de la CIA del ciclo de elecciones a la presidencia, para dotarlo de una mayor independencia. Es enormemente importante que el director de la CIA tenga audiencia con el presidente. Sin embargo, que se crea que es necesario formar parte del equipo es una manera de falsear los resultados.

P.- Los medios de comunicación han jugado un papel francamente criticable en este caso.

R.- En el juicio a Libby hubo dos cosas que me llamaron la atención: una fue la imprudencia con la que importantes altos cargos del Gobierno lanzaron mi nombre por aquí y por allá. ¡Al prestar juramento de su cargo se habían comprometido a salvaguardar la información que afectara a la seguridad nacional! Ahora bien, también me dejó muy sorprendida la complicidad con la prensa, particularmente la acreditada en Washington, y la Casa Blanca. ¡A qué extremos ha llegado este Gobierno, de recurrir a tácticas intimidatorias y de amenazar con cortar los canales de información! Si el periodista era un corresponsal de una cadena, por ejemplo, eso significaba la muerte.

P.- ¿Por qué no se ha atrapado todavía a Osama bin Laden?

R.- Según parece, lo teníamos copado en un rincón de Tora Bora, pero para entonces todos los recursos y toda la atención se habían volcado en Irak. En estos momentos Bin Laden no es más que un monigote al que este Gobierno atrapará cuando le parezca más conveniente.

P.- Háblenos de Irán y de su acceso al armamento nuclear.

R.- Eso está directamente relacionado con lo que le he estado diciendo acerca de cómo la obtención de información tiene que estar libre de presiones políticas. En la actualidad, estamos enterados del número de visitas sin precedentes que el vicepresidente Cheney hizo al cuartel general de la CIA en el período previo a la guerra. Así pues, tenemos que ser muy cuidadosos con lo que se está diciendo de Irán. La única esperanza que tengo es que hagamos saber a este Gobierno qué es lo que pensamos; ya hemos recorrido este mismo camino con anterioridad. No funciona. Somos una gran nación, y las grandes naciones se pueden permitir el lujo de hablar con quien haga falta, incluso con sus enemigos.

Fuente: www.elmundo.es
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