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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

Revista de Prensa: Noticias

Viernes, 25 de enero de 2008

Los cachorros de Al Qaeda

Una nueva generación de jóvenes mulás desplaza a los líderes religiosos

 

No han cumplido los 40, abrazan sin reservas la muerte de civiles para lograr sus objetivos y, aunque simpatizan con Al Qaeda y los talibán, actúan de forma independiente y sin atender a jerarquías. Una nueva generación de mulás ha desplazado en Pakistán a la vieja guardia de líderes religiosos que había monopolizado durante décadas la agenda conservadora del país. Dos nombres sobresalen por encima del resto en la nueva hornada de líderes religiosos: el mulá Fazlullah, que a sus 32 años opera en el valle de Swat, y Baitullah Mehsud, uno de los rebeldes más poderosos de las zonas tribales paquistaníes y el hombre a quién la CIA y el Gobierno paquistaní acusan de haber organizado el atentado que le costó la vida a Benazir Bhutto en diciembre. 

Foto: El Mundo


La influencia creciente de los nuevos mulás se debe a su capacidad de atraer a los jóvenes de las madrasas o escuelas coránicas paquistaníes, la utilización de la propaganda de forma mucho más efectiva que sus mayores y la imparable merma de éstos durante los últimos ocho años de dictadura militar.

A pesar de la imagen extremista que Pakistán tiene en el exterior, los partidos tradicionalmente más radicales rara vez superan el 10% del apoyo en las elecciones. Su pasada influencia desde la sombra también se ha visto reducida, en contraste con los tiempos en los que podían marcar la agenda del país. Atrás han quedado los tiempos en los que forzaron al primer ministro Zulfikar Ali Bhutto a prohibir el consumo de alcohol y declarar festiva la jornada de rezos de los viernes.

El declive de la vieja guardia comenzó en 2001 cuando fue incapaz de movilizar a las masas contra la invasión estadounidense de la vecina Afganistán. Sus concentraciones, minoritarias, fueron vistas con impotencia por devotos más jóvenes que tomaron una posición más activa y se infiltraron en el país para luchar junto a los talibán. Es precisamente de ese grupo de reclutas de donde surgen algunos de los comandantes que ahora protagonizan la rebelión contra Islamabad. «Su mensaje es una mezcla de la versión más radical del islam, antiamericanismo y propaganda contra el Gobierno paquistaní», asegura el profesor de comunicación de la Universidad de Peshawar, Altaf Khan.

Las fuerzas conservadoras tradicionales, por su parte, se encuentran divididas, carecen de un líder claro y han visto dañada su imagen por su alianza con el régimen militar de Pervez Musharraf, sobre todo en el caso de Jamiat Ulema Islam. La organización, que ha ayudado al ex general a mantenerse en el poder, es parte de la alianza de partidos fundamentalistas Mutahida Majlis Amal (MMA). Su líder, Maulana Fazlur Rehman, simboliza el pulso entre las dos generaciones enfrentadas. «Nunca ha sido nuestra política utilizar la fuerza para imponer el islam», asegura Rehman al diferenciarse de los jóvenes mulás que le acusan de haberse vendido a Occidente. Unos y otros comparten ideología -Rehman apoya la sharia y la causa talibán- pero difieren sobre el método para lograr esos objetivos. Las nuevas generaciones ven como una traición el interés de sus mayores en la política, más aún ahora que el Gobierno mantiene una alianza con EEUU en la guerra contra el terrorismo, y abogan por la violencia para lograr sus objetivos de aislar a Pakistán y Afganistán de la influencia extranjera e imponer un código moral basado en el islam más fundamentalista. «Sólo la guerra santa puede llevar la paz al mundo», decía el año pasado Baitullah a la BBC, en una de las escasas entrevistas que ha concedido.

El comandante talibán, que podría disponer de hasta 20.000 guerrilleros en su bastión de Waziristán del Sur, ha logrado poner al Ejército paquistaní contra las cuerdas y liderar la rebelión de las zonas tribales. Su modelo es el mulá Omar, el huido ex líder de los talibán en Afganistán, al que imita incluso en su obsesión por no dejarse fotografiar. El mensaje agresivo y la llamada a la guerra santa de Baitullah han encontrado un medio de propagación en el rechazo que provoca la alianza de Musharraf con EEUU, vista como una rendición al enemigo incluso por las poblaciones paquistaníes más moderadas.

Los analistas paquistaníes creen que la influencia de los mulás de la nueva generación aumentará tras las elecciones parlamentarias del próximo 18 de febrero, una cita electoral en al que el MMA tiene difícil repetir el apoyo que le convirtió en la tercera formación política más votada en los comicios de 2002. Los seis partidos del MMA no han podido ponerse de acuerdo siquiera sobre si quieren participar en una votación que podría suponer el regreso a la primera línea de la política de los dos partidos del ex primer ministro Nawaz Sharif y la asesinada Bhutto. Crecientemente marginados por sus luchas internas y el divorcio con la juventud paquistaní, los líderes religiosos más veteranos han perdido la iniciativa a manos de los nuevos cachorros de Al Qaeda.

Fuente: www.elmundo.es
20.01.08

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