"Como me llegue la denuncia, te rajo". Ésta es una de las muchas amenazas que reciben cada día los controladores del Servicio de Estacionamiento Regulado (SER). Están hartos de enfrentarse a intimidaciones, intentos de agresión e incluso a atropellos fallidos. «No sabes detrás de qué esquina te puede llegar un empujón y hasta una bofetada», explica una controladora que prefiere ocultar su nombre y la zona donde trabaja. «Por favor no digas dónde estoy porque hay gente que me conoce y me persigue por el barrio», advierte asustada.
El año pasado se registraron 123 denuncias de controladores por amenazas, agresiones verbales e incluso físicas. «Éstas son las que se han puesto en comisaría, porque hay muchos compañeros y compañeras que no llegan a denunciar todo lo que les sucede», explica Marga García, la portavoz de la comisión que han formado los tres sindicatos representativos para intentar paliar la situación que viven en las calles de la capital algunos trabajadores del SER.
Pero lo más peligroso puede venir a partir de ahora. Los controladores se quejan de que hayan recibido la orden de multar, además de a los coches que no pagan en el parquímetro, a los que estén en doble fila, en un vado o aparcados en un lugar prohibido.«Con la subida de las multas, a la gente no le va a hacer mucha gracia que le pongan una sanción de 200 o 300 euros por estar aparcados en doble fila cuando antes se pagaban 90 euros. Ese enfado lo paga el controlador», continua Marga García.
La tensión que se vive en la calle cuando se pone una receta es más violenta en determinadas zonas de la capital. «Lavapiés y el Templo de Debod son áreas muy conflictivas pero ya estamos pensando en la ampliación que llega el 1 de marzo y en zonas que son terribles como Delicias o el resto de Bravo Murillo», advierte una trabajadora del SER.
Estos episodios sufridos ya han provocado algunas bajas psicológicas en la plantilla de vigilantes e incluso abandonos del trabajo.«Es que ha habido compañeras que las han agarrado del cuello y a otros que los han amenazado con una navaja si ponían la multa», aclara.
Los trabajadores han planteado este problema a las tres empresas que trabajan ahora mismo en la vigilancia de los parquímetros y al Ayuntamiento. Piden una solución, «antes de que haya alguna desgracia mayor», y quieren hacer su trabajo en paz y con seguridad.
Para ello piden trabajar en pareja, «así se disuade a los usuarios más violentos»; llevar un distintivo municipal que les dé cierta autoridad respecto a los ciudadanos; recibir apoyo policial en los distritos más conflictivos y tener una comunicación directa entre los compañeros que peinan la misma zona.
«Sin embargo, el Ayuntamiento no está dispuesto a que se trabaje por parejas porque supondría incrementar la plantilla y las empresas nos han sustituido los walkie-talkies que utilizábamos para comunicarnos entre nosotros por un teléfono móvil que sólo puede comunicarte con la central. En caso de que te pase algo, tienes que llamar a la oficina y mientras ellos localizan a un compañero ha podido pasar cualquier cosa», explican los representantes sindicales.
Además, el apoyo policial que recibían antes los controladores se tiene que dividir ahora con los agentes de Movilidad, que también necesitan, de vez en cuando, una ayuda en autoridad.
«Es una situación de desamparo total. Están multando en nombre del Ayuntamiento de Madrid, muchas veces después de que la Policía Municipal haya pasado de largo, y ni siquiera reciben apoyo ni tienen seguridad», asegura el portavoz sindical de CCOO, Manuel Fernández Albano.
Para el concejal de IU, Julio Misiego, la situación tiene que encontrar una solución conjunta pronto: «El vigilante del SER tiene un trabajo muy sacrificado, y no sólo por la climatología que da igual si llueve o hace calor. Corren un riesgo diario con los energúmenos que hay en la calle y tanto el Ayuntamiento como las empresas tienen que garantizar su seguridad en el trabajo».Para IU, las adjudicatarias no pueden esquivar su responsabilidad pero el Consistorio debería poner en marcha dispositivos policiales especiales en las zonas con mayor conflictividad.
Su sueldo no incluye un plus de peligrosidad, no pueden portar ningún tipo de arma y, en muchos casos, se quejan de la falta de formación por parte de sus empresas. Los cerca de 1.000 controladores están hartos de acudir a un juicio tras otro después de las denuncias en comisaría y ver cómo su situación no mejora. «Al contrario.Hay gente que se queda con tu cara y te persigue por tu zona hasta que da contigo. Es una situación de tensión para el trabajador que muchos no aguantan», advierte García.