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Revista de Prensa: Noticias

Jueves, 28 de febrero de 2008

La frontera blanca del oro negro

En el Ártico se juega una batalla geopolítica. Estados Unidos y Rusia son dos de los países implicados.

 

El aumento de la demanda energética y el deshielo del casquete polar por el calentamiento global han impulsado las reclamaciones sobre la zona de sus vecinos por la gran cantidad de recursos minerales que contiene.

Foto: www.elpais.es

La batalla por el Ártico está lanzada. Y algunos analistas advierten de que los intereses en juego son de tal dimensión que podría llegar a provocar un choque frontal entre Estados Unidos, Canadá y Rusia. Una nueva guerra fría que girará en torno al petróleo y al nuevo corredor marítimo. Entre tanto, las empresas del sector energético no quieren perder la oportunidad de sacar beneficios del cambio climático.

El primer tiro lo pegó Rusia en verano, cuando izó su bandera en el lecho marino del Polo Norte. La intención era reclamar para sí un trozo del Ártico.

Pero el primero en apostar por los recursos energéticos del Ártico fue el magnate petrolero Robert Anderson. Fallecido en diciembre a los 90 años, nunca se dio por vencido a pesar de las dificultades para explorar la región. En 1967, descubrió el mayor yacimiento de oro líquido en la bahía de Prudhoe, en Alaska. De allí procede una quinta parte del petróleo que consume la voraz economía estadounidense.

Cuatro décadas después del hito que dio a Anderson una de las mayores fortunas de Estados Unidos, el creciente interés por los recursos minerales que se esconden bajo el Polo Norte ha abierto una verdadera carrera entre los países colindantes de esta zona protegida por las Naciones Unidas. Junto a Estados Unidos, Canadá y Rusia, también reclaman una porción del pastel ártico Dinamarca y Noruega.

Los motivos son dos: el cambio climático y la sed de petróleo. La Comisión de Estados Unidos para la Investigación en el Ártico (USARC, según sus siglas en inglés), de titularidad pública, calcula que bajo el lecho del océano Ártico se esconde una cuarta parte de las reservas energéticas del planeta: unos 10.000 millones de barriles de petróleo. No es el único tesoro de la región. También guarda minerales de gran valor, como oro, níquel y diamantes.

Rob Huebert, de la Universidad de Calgary, recuerda que no hace mucho que el Polo Norte era “una región que se despreciaba”. A lo que el director ejecutivo de la USARC, John Farrell, añade: “Ahora hay mucho hielo y es caro trabajar en la zona. Pero con el deshielo que está provocando el cambio climático, habrá un mayor acceso”. Será el primer beneficio económico palpable del calentamiento global.

Actividad creciente
Además, el organismo internacional encargado de mirar por el medioambiente en el Ártico, el Arctic Monitoring and Assessment Program (AMAP), afirma que la actividad en la región crecerá por el aumento de la demanda de energía en las potencias industrializadas y en las economías en desarrollo, como India y China.

En todo el mundo, cada día se producen 43 millones de barriles de petróleo y gas natural fuera de tierra firme. Esa cantidad se elevará a cerca de 56 millones en 2010. Las temperaturas más cálidas facilitarán las actividades de exploración y producción de crudo, porque el hielo en el agua será más fino, según un informe del Consejo Ártico y del Comité Científico Internacional del Ártico. Pero los costes para el mantenimiento de la red de oleoductos y gaseoductos pueden ser mayores debido a las condiciones cambiantes del clima.

De momento, las reacciones al izado veraniego de la bandera rusa fueron inmediatas. Canadá aumentó su presencia militar en la región para preservar la soberanía de un territorio que, asegura, le pertenece. Además, estableció una nueva base científica para acelerar los trabajos que le permitirá determinar si el territorio le pertenece. Estados Unidos hizo lo propio y envió un rompehielos al norte de Alaska en misión científica.

También hay actividad en Noruega, donde el número de compañías que han solicitado licencias para operar en el área del Círculo Polar se disparó el año pasado a 46 frente a las 19 de 2005. Otro de los grandes centros de atención de la zona es Alaska, uno de los refugios de vida salvaje del planeta. Este estado representa la principal fuente energética de Estados Unidos en su propio suelo. Y las reservas que todavía tiene sin explotar se ven como una de las soluciones para reducir la dependencia que tiene del crudo del exterior. Para ello, la Casa Blanca se dispone a sacar a subasta un territorio en la remota región del mar de Chukchi, que separa Norteamérica de Rusia. El Minerals Management  Service, la agencia federal de Estados Unidos que controla sus recursos minerales, calcula que el área contiene 16.000 millones de barriles de crudo y 23,4 billones de metros cúbicos de gas natural.

En Groenlandia, la isla autónoma dependiente de Dinamarca, donde también se aprecia una reducción en la capa de hielo, los movimientos se reproducen. Allí los recursos energéticos exceden ampliamente los del mar de Chukchi. Un instituto gubernamental de investigación medioambiental estadounidense, el United States Geological Survey, calcula que la región noreste puede esconder 31.400 millones de barriles de crudo. Y por eso el Gobierno de Groenlandia se plantea ahora sacar a subasta los derechos de explotación de sus reservas, con la vista puesta en 2012.

Y conforme se retire el hielo, más zonas se explorarán en busca de recursos energéticos. En cualquier caso, para poder operar en el Ártico, una región supervisada por Naciones Unidas, los Gobiernos deben adoptar estrictos protocolos de exploración y extracción que protejan la vida salvaje. Se trata de encontrar un complejo equilibrio entre la protección del medioambiente y los intereses de las compañías petroleras.

Mapa: www.elpais.es

Demandas ecologistas
No es suficiente para WWF. El grupo ecologista acaba de hacer un llamamiento para que se aplique una moratoria a la exploración energética en el Ártico. Asegura que estas actividades suponen un gran riesgo para un ecosistema muy sensible. Para WWF, la tecnología actual no permite hacer frente a las condiciones extremas de esa región, y cuestiona la efectividad de los procedimientos de respuesta ante accidentes.

El mismo análisis hace el AMAP. “La extracción de petróleo y gas natural genera poca contaminación, pero los accidentes son otra historia. El Ártico es una zona vulnerable a los derrames debido a las dificultades de limpieza en zonas remotas y frías, especialmente donde el hielo marino está presente”, añaden.

Hay mucho en juego. Y prueba de ello son las palabras del propio primer ministro canadiense, Stephen Harper, que calificó el izado de la bandera rusa como una táctica del siglo XV: “Es una prueba más de que la soberanía del Norte y en el Ártico será un juego importante en el futuro”.

El Polo Norte está considerado un territorio internacional administrado por la ONU. Si un país demuestra que la placa continental se extiende más allá del límite de las 200 millas marinas, entonces tiene derecho a proclamar una zona económica. Donald McRae, profesor de derecho en la Universidad de Ottawa, explica que el Ejecutivo canadiense debe probar dos cosas: que son aguas internas y que no forman parte de un estrecho internacional. Dos requisitos que se cumplen, según Harper.

Canadá tendría de plazo hasta 2013, antes de que se cumpla el periodo de 10 años recogido en el Tratado sobre la Ley del Mar para que los países signatarios formalicen sus reclamaciones. Rusia debería haber terminado sus trabajos en 2007 y Dinamarca en
2009. Pero las reglas del juego no están claras y no hay precedentes para lidiar con este tipo de disputas, por lo que cada país está buscando su propia fórmula.

A esta confusión hay que añadir una dificultad: Estados Unidos no ha firmado el Tratado, lo que complica las cosas a su principal socio comercial, vecino y aliado. Washington recuerda además a Ottawa que las aguas del paso del Ártico son neutrales. John Farell explica que el hecho de no formar parte de la convención impide a la Administración estadounidense sentarse en la comisión de la ONU que trata estas peticiones de soberanía. Aun así, recuerda que desde la Administración Reagan “hemos seguido las reglas del Derecho del mar”. El problema es que el Congreso no quiere ceder soberanía a las Naciones Unidas.

Fuente: www.elpais.com
24.02.08

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