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Viernes, 23 de mayo de 2008

El cambio climático amenaza con una nueva edad de hielo

Investigaciones recientes afirman que el calentamiento global podría alterar las corrientes oceánicas y provocar una época fría como la de hace 11.000 años

 

Los estridentes y luminosos efectos especiales de una producción de Hollywood pueden hacer parecer pura ficción la teoría científica más rigurosa en la que se pueda pensar. Es el caso de la gélida película El día de mañana (The day after tomorrow) dirigida por el experto en superproducciones Roland Emmerich. Sin embargo, los decorados y la nieve sintética no desacreditan la teoría sobre la posiblidad de que el actual cambio climático pueda desencadenar una nueva pequeña edad de hielo popularizada por el prestigioso científico Wallace Broecker, descubridor de la circulación oceánica global y de su influencia sobre el clima.

La idea se publicó hace tiempo en la revista Science y, aunque sigue habiendo debate en torno a ella, muchos investigadores consideran que se puede dar la paradoja de que el calentamiento global detone una pequeña edad de hielo. Uno de ellos es Godfrey M. Hewitt, un «genetista que ha tenido que aprender paleoclimatología para desarrollar su trabajo», según explicó a EL MUNDO. En su reciente visita a España para ser investido como doctor honoris causa por la Universidad Autónoma de Madrid, Hewitt también recordó que el cambio climático puede ser el gatillo que dispare una pequeña edad de hielo como la que ocurrió hace 11.000 años en la época que se conoce como Dryas reciente.

Grafico: www.elmundo.es

«Actualmente, nadie sabe qué ocurrirá con las corrientes oceánicas y con su efecto sobre las oscilaciones de las glaciaciones a consecuencia del cambio climático, hay demasiados factores implicados», aseguró Hewitt, «pero yo no creo que el ciclo de las edades de hielo haya terminado, el cambio climático puede ser el gatillo que dispare el comienzo de una época fría».

Los ciclos de glaciaciones y periodos interglaciares que se han producido durante el Cuaternario, el último millón y medio de años, han estado controlados por tres factores que tienen que ver con la órbita terrestre y que están incluidos en un ciclo llamado de Croll-Milankovic. Dos de ellos tienen que ver con la inclinación del eje terrestre, pero el que quizá haya tenido mayor importancia es el que se conoce como excentricidad de la órbita. La Tierra no gira alrededor del Sol describiendo siempre la misma órbita. Tiene una oscilación que acerca y aleja nuestro planeta de la radiación solar en ciclos de 100.000 años, los mismos que han pasado entre cada uno de los máximos glaciares a lo largo de la Historia reciente de la Tierra.

La configuración orbital controla las grandes oscilaciones, pero existen otros factores que generan los cambios intermedios. Una investigación del propio Wallace Broecker publicada en 2006 en la revista Science señalaba un cambio en la corriente oceánica del Atlántico como principal causante del Dryas reciente.

Grafico: ww.elmundo.es

Un lago sobre el hielo

El trabajo aclaró que esta época fría comenzó debido al aporte masivo de agua dulce proveniente de un lago formado por el deshielo en el casquete que en aquella época había sobre norteamérica. Esto frenó la corriente termohalina que lleva aguas cálidas a la costa oeste europea y que regresa hacia Canadá después de enfriarse en el Artico y desencadenó una mini edad de hielo.

Aunque no se tratase de un máximo glacial, sino de una época fría en un periodo de transición hacia uno cálido, durante el Dryas reciente el panorama biológico europeo cambió radicalmente. De hecho, esta pequeña edad de hielo debe su nombre a una flor propia de la tundra llamada Dryas octopelata que ocupó durante este periodo las tierras meridionales de Europa.

La comunidad científica no pone en duda ni el origen de esta época ni el importante papel de la corriente termohalina en los cambios abruptos que ocurrieron después del último máximo glacial ocurrido hace 18.000 años. Sin embargo, los investigadores consideran imposible que las consecuencias del cambio climático puedan desencadenar una glaciación severa.

«Las causas del comienzo de una edad de hielo son muy diferentes a las de los pequeños cambios y tienen que ver con cambios en la configuración orbital de la Tierra», asegura Thomas Stocker, del Instituto de Clima y Física Ambiental de la Universidad de Bern, en Suiza. Francisco Javier Sierro, director del grupo de Geociencias Oceánicas de la Universidad de Salamanca, matiza que las glaciaciones «están controladas por el ciclo de Croll-Milankovic, pero lo que dispara el cambio puede ser una alteración de la corriente termohalina».

España: un refugio para las especies europeas durante las glaciaciones
Godfrey M. Hewitt trabaja como genetista en la Universidad de East Anglia, en Norwich (Reino Unido), pero es un perfecto conocedor de España. Tanto le da hablar de los saltamontes de un pequeño valle de Sierra Nevada que del puerto del Portalet, en los Pirineos. Se ha pateado cada rincón de la península. La jornada previa a su investidura como doctor honoris causa por la Universidad Autónoma contaba a EL MUNDO lo que le ocupa y le «divierte» en los últimos tiempos: mirar los genes a través del espacio y el tiempo. «En los ciclos de glaciaciones y periodos interglaciares España ha servido de banco de genes para toda Europa», asegura.

Su aportación a la Ciencia consiste en aplicar las técnicas del análisis genético a la ecología. Lo que le ha permitido conocer dónde y en qué grado de evolución estaba cada especie en cada momento de la Historia de la Tierra. «Recolectamos en el campo individuos de diferentes poblaciones de erizo, por ejemplo, analizamos su ADN y comparamos unos con otros y, ¡resulta que son diferentes!», cuenta Hewitt. «Entonces, hacemos estimaciones de cuándo ocurrió cada cambio y lo enfrentamos con la historia climática, rastreamos de qué modo actúa la evolución».

El equipo de Hewitt ha podido hacer así un seguimiento a través de los últimos tres millones de años de un buen número de especies europeas. El resultado de su trabajo muestra cómo España, los Balcanes y Turquía han servido de refugio para las especies durante los máximos glaciares. «El hielo bajaba de latitud y los seres vivos del borde superior del rango en el que se podía vivir se iban muriendo», asegura. «Sin embargo, los del Sur podían expandirse hacia el sur a través de generaciones de reproducción y expansión».

La península Ibérica siempre ha estado dentro del rango climático en el que la vida era posible. «Por eso ha servido de fuente para la colonización durante los cálidos periodos interglaciares. Esta distribución ha creado el patrón genético de la riqueza del Sur y la pureza del Norte», afirma el investigador.

Fuente: www.elmundo.es
18.05.08

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