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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

Revista de Prensa: Noticias

Jueves, 6 de noviembre de 2008

En la guarida de los terroristas islámicos

El periodico El Mundo se adentra en la zona tribal entre Afganistán y Pakistán, donde se esconden buena parte de los insurgentes talibán y los militantes de la red terrorista Al Qaeda

 

Estamos en Bajaur, la zona tribal entre Afganistán y Pakistán más utilizada por los talibán para moverse entre ambos países, según asegura EEUU. Se trata de un área militar, donde la prensa internacional tiene prohibido el acceso bajo advertencia de ser incluida en una lista negra y expulsada del país.El Ejército paquistaní, sin embargo, ha llevado hasta allí a un grupo de periodistas para mostrarles los resultados de la operación militar que inició el 6 de agosto, tras las amenazas de Washington de intervenir si Islamabad no hacía algo para frenar las incursiones de la insurgencia. Según el jefe del Cuerpo de Frontera paquistaní, el comandante general Tariq Khan, ahora las localidades de Tang Khatta, Rashakai, Khazana y sobre todo la estratégica Loisam están limpias de talibán. A Loisam es adonde llevan a la prensa.

Por la información de los medios de comunicación, la zona tribal se imagina como un territorio inhóspito y salvaje, donde sus gentes parecen vivir en la Edad Media. No obstante, una vez allí, la zona resulta hasta desarrollada comparada con muchos parajes de Afganistán. En Khar, el centro administrativo de Bajaur, incluso hay un magnífico complejo deportivo, fábricas, un colegio, una clínica y un amplio tendido eléctrico.

El Ejército paquistaní repasa primero en rueda de prensa sus éxitos militares. Tariq Khan asegura que en Bajaur han matado a 1.500 militantes, y muestra en una pantalla gigante los documentos de identidad incautados a algunos de ellos. Sin duda hay paquistaníes, pero también uzbekos, tayikos y sobre todo afganos, cosa que prueba una vez más la porosidad de la frontera entre ambos países. Según dicho comandante general, en la operación destruyeron todos los búnkers, túneles y puestos de defensa de la insurgencia, aunque para ello las Fuerzas Armadas de Pakistán tuvieron que pagar un alto precio: 73 muertos y 269 heridos. Y no sólo eso.

El prestigioso periodista paquistaní del Daily Times Iqbal Khattak recuerda que Tariq Khan se hizo famoso meses atrás por la operación que condujo en otra zona tribal de la frontera de Pakistán, en Waziristán del Sur, que muy acertadamente se bautizó con el nombre de «terremoto», pues el área quedó como si la hubiera sacudido un seísmo. En Bajaur, ha ocurrido lo mismo.

El panorama es desolador. Hay extensiones y extensiones de casas demolidas, reducidas a montañas de escombros y poco más. Tejados hundidos, paredes tumbadas y campos de cultivo quemados. El bazar es lo único que se mantiene en pie, pero sólo tres o cuatro tiendas continúan abiertas. No queda nadie. Ni un alma. Todo el mundo ha huido. La única señal de vida es la de los soldados paquistaníes que ocupan los tejados de las pocas viviendas que no han sido destruidas, y el sonido de sus rifles y ametralladoras, con el que acompañan el camino de los periodistas para, según dicen, disuadir de un ataque a la insurgencia.

«Los civiles están en campos de desplazados», contesta así de escuetamente el comandante paquistaní Abdul Ghaffar, cuando se le pregunta qué ha pasado con la población. Al menos 95 civiles murieron en los combates, según datos oficiales del propio Ejército paquistaní.

Insurgencia organizada
El coronel Javed Baloch añade que tuvieron que destruir los campos de cultivo porque los talibán les atacaban escondidos en ellos. «Nos encontramos con una insurgencia más organizada de lo que nos esperábamos», admite. Prueba de ello es que les incautaron panfletos y grabaciones con propaganda subversiva, memorias de ordenador, e incluso libros con explicaciones detalladas sobre cómo utilizar todo tipo de armas.

Baloch enseña algunas de esas publicaciones a la prensa, y también la galería de túneles subterráneos que los militantes utilizaban para desplazarse. Los túneles son de casi tres metros de profundidad y parece increíble que alguien los haya podido excavar sin maquinaria alguna.

Cuando los periodistas han acabado la ruta y se desprenden de sus cascos y chalecos antibalas, se oyen de nuevo disparos. Ninguno hace mucho caso pensando que de nuevo es el fuego disuasivo del Ejército paquistaní, pero no es así. «Cuerpo a tierra», gritan los soldados haciendo señas. La zona segura no lo es tal.

«Nosotros podemos hacer mucho en el lado paquistaní de la frontera, pero Afganistán está en el otro lado», justifican. Además, los talibán utilizan tácticas de guerrilla contra las que un Ejército convencional poco puede hacer aunque arrase con todo.

Fuente: www.elmundo.es
03/11/08

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