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Revista de Prensa: Noticias

Viernes, 20 de marzo de 2009

Estados Unidos cambia su planteamiento estratégico en la lucha contra el terrorismo

Barack Obama se conforma con arrinconar a Bin Laden

 

Foto: La GacetaEl primer día después de su nombramiento, el presidente Barack Obama firmó una impresionante serie de decretos que pretendía simbolizar un cambio de dirección en la guerra de América contra el terrorismo. A pesar de los titulares que suscitaron esos decretos, un cambio de política más significativo podría haber sido el que se comentó la semana antes de su toma de posesión, cuando declaró: “Obviamente, mi preferencia sería capturar a Osama bin Laden. Pero si hemos estrechado tanto el cerco que él está sepultado en una cueva remota y ni siquiera puede comunicarse con sus sicarios, entonces también habremos cumplido nuestro objetivo de proteger a América”.

Este es un cambio significativo con respecto a las promesas que hizo durante el debate electoral —“Nosotros mataremos a Bin Laden”— y a las que hizo en una entrevista concedida a la CBS justo después de las elecciones, cuando dijo que matar o capturar al jefe de Al Qaeda era “crítico” para Estados Unidos.

Por muy visceral que parezca la urgencia de poner a Bin Laden a disposición de la Justicia —vivo o muerto— la historia demuestra que la redefinición hecha por Obama del “éxito” es correcta. Por lo menos en diez ocasiones desde el año 1900, Estados Unidos ha emprendido campañas militares abiertas o encubiertas cuyo objetivo estratégico era matar o capturar a una persona concreta.

Aunque las campañas fracasadas (como la del rebelde mexicano Pancho Villa, el guerrillero somalí Farah Aideed y, últimamente, Osama bin Laden) siguen estando vivas en la memoria colectiva, la mayoría de las veces las fuerzas americanas han atrapado a su presa (por ejemplo, el general revolucionario Emilio Aguinaldo en Filipinas en 1901 o el bombardeo aéreo que acabó con el líder de Al Qaeda Abu Musab al Zarqawi en Irak, en 2006).

Indudablemente, hay casos en los que el éxito o el fracaso de la captura de un individuo concreto coinciden con un éxito de mayor alcance. La invasión de Panamá y el arresto de Manuel Noriega en 1989 permitieron a aquel país realizar una exitosa transición a la democracia y el fracaso de la captura de Aideed dio un impulso al descenso de Somalia hacia la pesadilla que vive en la actualidad. Pero estos casos son excepcionales. También ha habido casos en los que la captura del perseguido eno sirvió para conseguir fines mayores. Esto no quiere decir que Estados Unidos no deba perseguir a personas concretas, o más específicamente, que deba retirar los activos militares y de inteligencia dedicados a la captura de Bin Laden.

Aunque hay quien argumenta que dedicar recursos a ese objetivo hará parecer impotente a Estados Unidos si no lo capturan, su persistencia en buscar a Bin Laden ha dado como resultado la muerte de numerosos líderes secundarios de Al Qaeda. Su desaparición ha debilitado la capacidad de la organización para lanzar ataques terroristas. Otros argumentan que matarlo le haría más temible, por convertirle en mártir. Aunque pudiera ser así, matar a Bin Laden también podría dañar la moral yihaidista.

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Fuente: La Gaceta
16/03/09

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