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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

Revista de Prensa: Noticias

Martes, 18 de abril de 2006

Emitida la grabación del vuelo del 11-S en el que se amotinaron los pasajeros

«Les habla el capitán, tenemos una bomba a bordo. Siéntense»

 

«¡Alá es el más grande! ¡Alá es el más grande! ¡Alá es el más grande!»... Son los gritos suicidas que invocaron los terroristas que secuestraron el heroico vuelo 93 un instante antes de estrellar la nave contra un campo de Pennsylvania. Sus voces, y las de los 44 pasajeros que se rebelaron contra los suicidas el fatídico 11-S, están contenidas en el aterrador documento que reveló la caja negra del avión y que ayer se hizo público en EE UU por primera vez. Fue durante el juicio a Zacarias Moussaui, el único procesado por los atentados de 2001, que ha escuchado los desgarradores testimonios presentados en este caso sin sentir ni frío ni calor.

«Señoras y caballeros. El capitán al habla. Tenemos una bomba a bordo así que siéntense», comienza la grabación. A continuación se suceden cerca de 30 minutos de gritos de terror, confusión y forcejeos desesperados de los pasajeros que intentan acceder a la cabina para salvar sus vidas. También los alaridos de los propios terroristas que, una vez a los mandos, apenas pueden con el control del Boeing 757 que, según los investigadores, tenía como objetivo estrellarse contra el imponente edificio del Congreso o la casa Blanca en la capital estadounidense. El tanscurso de los hechos a bordo del United 93 es el siguiente.

  • Los kamikaces se imponen. «En el nombre de Alá, el más misericordioso, el más compasivo: siéntense! ¡Silencio! ¡Abajo, abajo!», ordenan los terroristas a las 9.58 de la mañana. «¡Por favor, no me haga daño! ¡Oh Dios!», se oye implorar a un miembro de la tripulación. Unos segundos después alguien repite: «¡No quiero morir!». «¡No quiero morir!». «¡No quiero morir!».
  • Terroristas inexpertos. En la cabina, a la que han accedido con cuchillos, los suicidas aprietan el botón equivocado, con lo que pueden ser oídos por los controladores aéreos. «United 93. ¿Qué ocurre?», preguntan desde tierra. «¿Qué decís de una bomba?». Uno de los terroristas ordena: «¡Apaga eso!». Sus instrucciones reflejan la propia confusión de los secuestradores del aparato y su escaso conocimiento de los botones de mando: «¡Ése. Es ése. Apriétalo!».
  • Comienza el motín. En este momento, los pasajeros están amotinados en la parte delantera de la nave y los forcejeos y los golpes que se escuchan en la grabación parecen indicar que están intentando embestir la puerta de la cabina con un carrito de comida. «¡En la cabina! Si no moriremos!», grita un pasajero. Mientras el avión pierde altura a gran velocidad y da bruscos bandazos, los suicidas temen que consigan derribar la puerta. «¡Sujeta la puerta! Manténles fuera! Confía en Alá!», exclama uno de ellos.
  • Llamadas de despedida. Desde el primer momento del secuestro del avión y durante los últimos minutos de caos y terror los pasajeros realizaron muchas llamadas a sus familiares y a los servicios de emergencia. El jurado que decidirá la suerte de Zacarias Moussaoui escuchó alguno de estos mensajes en los que los pasajeros, conscientes de su fatal destino, se despiden de sus seres queridos en términos . «Hola cielo», dejó en el contestador de su casa una de las azafatas. «Estoy en un avión que ha sido secuestrado. Te quiero. Por favor, diles a los niños que les quiero. Lo siento. Espero ver tu cara de nuevo».
  • El trauma de las familias. Entre los oyentes de los espeluznantes documentos sonoros que se expusieron ayer se encontraban algunos familiares de las víctimas. Ellos ya conocían el contenido de la caja negra del United 93. Pero ayer lo escucharon de nuevo con la traducción simultánea del árabe al inglés y con un vídeo que paralelamente iba indicando la forzada trayectoria que siguió el avión hasta estrellarse contra el suelo. En total, 37 pasajeros, dos pilotos y cinco azafatas perdieron la vida en ese cuarto avión secuestrado por los agentes de la red Al Qaida. Era la única nave en la que embarcaron cuatro suicidas en vez de cinco, por lo que los investigadores creyeron en un principio que Zacarias Moussaoui podría haber sido el frustrado quinto.
  • El quinto secuestrador. De origen marroquí, Moussaoui, de 37 años, se ha declarado culpable en conexión con los atentados de 2001. Los fiscales tratan ahora de convencer al jurado de que el acusado se merece la pena capital. Moussaoui estaba en la cárcel cuando sucedieron los atentados, pero el Gobierno de EE UU considera que conocía los planes de Al Qaida y al no revelarlos es coautor del peor atentado terrorista de la historia del país. Poco puede hacer la defensa con un cliente que quiere morir como un mártir y considera que su proceso es un «macabro juicio hollywoodiense». El martes el jurado tuvo la oportunidad de contemplar las imágenes más truculentas que probablemente existen del horror del 11-S. Las fotografías mostraban las quemaduras que sufrieron las víctimas del ataque al Pentágono. Algunos cuerpos estaban grotescamente deformados, otros apenas parecían humanos.

Poco puede hacer la defensa ante estas pruebas tan apabullantes. Los abogados de Moussaoui, cuyo turno de testigos comienza hoy y cerrará el proceso judicial, van a subir al estrado a psicólogos y especialistas que indicarán que el acusado está mentalmente incapacitado y por tanto no puede ser ejecutado. Asimismo, es posible que intenten llamar a declarar al «terrorista del zapato», Richard Reid, que fue detenido al intentar activar una bomba dentro de un avión de American Airlines sobre el Atlántico en diciembre de 2001 antes de ser reducido por la propia tripulación. Moussaoui ha testificado que Osama Ben Laden les ordenó a él y a Reid el secuestro de un quinto avión para estrellarlo contra la Casa Blanca el 11 de septiembre.

 Foto: La Razón
Cuatro héroes que evitaron el ataque a la Casa Blanca

 

Fuente: La Razón
13.04.06

Especial: 11-S. Operación global contra el terrorismo: El análisis de los profesionales

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