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Revista de Prensa: Noticias

Miércoles, 13 de enero de 2010

A la caza del nuevo Ben Laden: EEUU busca al líder de Al Qaida 2.0

Un clérigo nacido en Nuevo México es la nueva pesadilla del Pentágono. Con su blog y sus vídeos de YouTube, ha reclutado a cientos de jóvenes para la «yihad». Su mano está detrás de los últimos zarpazos de Al Qaida.

 

Anwar al-Awlaki

La pasada Nochebuena, una flotilla de cazas del Ejército de Yemen se desplazó a Shabwa, un paraje montañoso del sur del país. Cuando sobrevolaron las coordinadas que les había pasado la inteligencia estadounidense, las aeronaves soltaron su mortífera carga. Miles de metros más abajo, las bombas destriparon un edificio que albergaba una supuesta reunión de terroristas. En ese momento, el Pentágono creyó que había liquidado a uno de sus enemigos más temidos: Anwar al-Awlaki, un clérigo estadounidense de origen yemení al que vinculan directamente con los últimos zarpazos de Al Qaida.

Días más tarde, sin embargo, los agentes norteamericanos confirmaron que al-Awlaki logró esquivar el bombardeo. Y a más de uno le vino a la cabeza la fracasada cacería de Osama Ben Laden, que burló varios intentos de asesinato antes de orquestar el mayor atentado de la historia. Ahora, la obsesión del Pentágono es que el fiasco no se repita con este clérigo que ha ido trepando en su lista de prioridades hasta auparse a la cúpula. «Se está convirtiendo en el nuevo Ben Laden», asegura Steven Emerson, autor de «American Jihad», uno de los ensayos sobre Al Qaida  más influyentes.

El nombre más citado

En los últimos tiempos, el nombre de al-Awlaki ha salpicado los sumarios de una docena de casos en Canadá, EE UU y Reino Unido. En los últimos ataques, su huella resulta especialmente flagrante. Por ejemplo, intercambió decenas de e-mails con el militar estadounidense Nidal Malik Hasan meses antes de que acribillase a 13 compañeros en el cuartel de Ford Hood en noviembre. Y, este jueves, el viceprimer ministro yemení, Rashad al-Alimi, confirmó que el clérigo también se reunió con el terrorista que trató de reventar un avión sobre Detroit semanas antes del ataque.

Al-Awlaki encarna la mutación del virus islamista que algunos expertos definen como «Al Qaida 2.0». Tras la invasión de Afganistán, dejó de ser una jerarquía criminal a la antigua usanza para transformarse en un ideario amorfo que justifica los atentados más atroces. Cualquiera puede montar una franquicia y perpetrar una matanza: la pertenencia «oficial» a la red se ha convertido en un trámite innecesario. El lubricante del sistema son las proclamas incendiarias que difunden por internet clérigos como al-Awlaki, que cuenta con un blog y un perfil en Facebook. «Él es quien mejor condensa la filosofía de Al Qaida en textos digeribles», dice Evan Kohlmann, experto en terrorismo y consultor del FBI. «Sus discursos no te dicen cómo construir una bomba o disparar una pistola. Pero sí que dicen a quién hay que matar, por qué hacerlo y que la misión es urgente». Para entender su mensaje, basta con una «perla» sacada de su blog: «Cada vez que veas la palabra “terrorista”, reemplázala por “guerrillero”», proclama. «Cada vez que  veas la palabra “terrorismo”, reemplázala por “guerra santa”».

De operativo a ideólogo

En los últimos años, los «inspiradores» –los ideólogos– han ido reemplazando a los «operativos» –los pistoleros– en la escala de poder islamista. Por eso, Emerson considera que al-Awlaki es «de facto» el número uno de Al Qaida en Yemen. Y con el país árabe convertido en el frente más sangrante de la «guerra contra el terror», su estatus como «yihadista» se ha disparado. «Su gran objetivo es seguir los pasos de Bin Laden», dice Emerson. «Todavía no controla a su gente tan bien como él, pero tiene una gran ventaja: es nativo en inglés, por lo que puede dirigirse a una audiencia global».

En sus 38 años de vida, al-Awlaki ha calcado la trayectoria de otros jerifaltes islamistas como Bin Laden o Ayman al-Zawahiri: el «niño bien» que se convierte en propagandista del asesinato en masa. Su padre Nasser fue rector de universidad y ministro de Agricultura de Yemen, mientras que él estudió ingeniería y tiene un posgrado en magisterio. Eso sí, una gran diferencia le separa de sus antecesores: él es un americano de pura cepa, nacido en 1971 en Las Cruces, en el estado de Nuevo México. De ahí que todavía hoy sus arengas cibernéticas arrastren un acento sureño sorprendentemente parecido al de su detestado George Bush.
Tras pasar parte de su infancia en Yemen, regresó a su patria natal en 1991 para estudiar la carrera. Pero jamás ejerció de ingeniero: en cambio, se convirtió en imam de mezquitas de Colorado, Virginia y San Diego. Entre sus fieles se encontraban tres nombres que sonarán a cualquier estudioso de la «yihad»: Khalid al-Midhar, Nawaf al-Hamzi y Hani Hanjour. Es decir, tres de los terroristas que, años después, perpetrarían el 11-S.

Tras esta matanza, los agentes estadounidenses empezaron a husmear en la biografía de al-Awlaki. De ahí que el clérigo decidiera mudarse a Reino Unido, donde el cerco de los agentes antiterroristas resultaba menos angustioso. Durante un par de años, frecuentó las mezquitas más radicales y cultivó seguidores entre los jóvenes ultraconservadores. De hecho, entre sus «fans» se encontraban varios de los chavales que, el 7 de julio de 2005, reventarían tres metros y un autobús en Londres. Pero, a esas alturas, al-Awlaki ya había regresado a Yemen, donde vivía junto a su esposa y sus cinco hijos. Se dedicaba a predicar en universidades cuando, en agosto de 2006, su vida dio un vuelco: las autoridades yemeníes le arrestaron por un asunto –un presunto secuestro– que nunca se aclaró del todo. Pasó año y medio en prisión y, según asegura, fue interrogado por el FBI. A partir de entonces, sus fieles notaron cómo su discurso se radicalizó. «Echaba la culpa al mundo de sus propios miedos y complejos», explicó Ajmal Masroor, portavoz de la Sociedad Islámica de Reino Unido, a «The Wall Street Journal».

Vetado en los principales países occidentales, al-Awlaki se refugió en el pujante mundillo de internet. Gracias a su blog, su perfil en Facebook y sus vídeos de YouTube, el clérigo se convirtió en la versión islamista de los telepredicadores americanos. Además, encontró vías alternativas de dirigirse directamente a sus fieles a través de las últimas tecnologías. Según «The Sunday Telegraph», en los últimos tres años ha pronunciado al menos siete sermones en mezquitas británicas mediante videoconferencia (en varios de ellos, el tema central fue la historia de los musulmanes en España).

«Al-Awlaki descubrió que daba igual que estuviera en Yemen, en Londres o en Colorado: su influencia podía ser colosal gracias a la red», dice Evan Kohlmann, que lleva años investigando su actividad «online». «Poco a poco, se fue convirtiendo en el predicador radical más famoso del mundo. En los últimos años, todos los que podían disputarle el puesto han muerto o están en la cárcel. Ahora mismo, no hay un sólo “yihadista” en el mundo que no haya estudiado sus vídeos y sus escritos».

La ideología de al-Awlaki está condensada en «44 formas de ayudar a la guerra santa», un manual que se ha convertido en todo un «hit» de las páginas islamistas. El texto exhorta a los musulmanes a ayudar a los «yihadistas»: darles dinero, mantener sus secretos y animar a potenciales reclutas a unirse a la lucha. También les pide que se mantengan en forma, aprendan a usar armas y se preparen para la guerra santa. Lo único que no hace –quizá para no dar excusas a la CIA– es incitarles directamente al asesinato de infieles. Basta, según él, con tener «la intención» de unirse a los «muyahidines» en algún momento. «Quien muere y no ha luchado o intentado luchar ha muerto en una rama de hipocresía», reza el primer apartado de su panfleto.

Una figura universal

Para Kohlmann, al-Awlaki es el símbolo de la nueva Al Qaida. Aunque no lidie directamente con los comandos, ejerce una misión crucial en dos aspectos. Primero, porque mantiene la cohesión entre las «franquicias» de la red en decenas de países: como ideólogo religioso, «es una figura universalmente aceptada» por todas ellas. Y, además, porque sólo tipos como él –angloparlantes y tecnófilos– pueden reclutar a los «yihadistas» que necesita Al Qaida: ésos que, por su biografía, pasan desapercibidos a los cuerpos antiterroristas.

Es el caso de Umar Farouk Abdulmutallab, el nigeriano que casi revienta un avión sobre Detroit. Ambos se conocieron durante la estancia de al-Awlaki en Londres y, en 2005, volvieron a coincidir en Yemen. Desde entonces, mantuvieron el contacto por internet y, a finales del año pasado, se produjo su último encuentro. Fue en el país árabe, donde el clérigo formó parte del grupúsculo de «entrenadores» que le suministró los explosivos para su misión suicida.

Esta intervención directa en un ataque a gran escala ha extrañado a los agentes antiterroristas de EE UU. Si su resbaladizo trabajo de «ideólogo» le ha convertido en un «capo» de Al Qaida, ¿por qué se arriesga ahora a que le asesinen juntándose con los «operativos»? Pero todo encaja cuando se incluye en la ecuación su personalidad megalómana, que busca ampliar su influencia a toda costa. «Quizá se sentía un hipócrita al no practicar lo que predica con tanta insistencia», arguye Kohlmann. «Necesitaba mancharse las manos para mantener intacta su credibilidad. Y la prueba de que no se equivocaba es que ahora mismo es mucho más famoso e influyente que hace sólo unos meses».

Ahora, el gran debate es si al-Awlaki puede consagrarse como una figura de la talla de Bin Laden. Steven Emerson está convencido de que sí: «Es joven, pero ya goza de un enorme prestigio entre los islamistas y encabeza un movimiento independiente y tecnológicamente avanzado». Otros, como Kohlmann, opinan que este tipo de disquisiciones evidencian nuestro desconcierto sobre la nueva naturaleza de Al Qaida. «Compararles es como mezclar peras con manzanas», asegura. «Ben Laden es un líder militar, mientras que al-Awlaki es un líder religioso», explica. «Uno dirigía una organización piramidal, el otro lidera una red descentralizada. Al-Awlaki es una figura mucho más compleja que Ben Laden y, por eso, es potencialmente más peligroso que él».

De hecho, ni la propia Casa Blanca está muy segura de qué hacer con él. Antes del bombardeo de Nochebuena, hubo un intenso debate sobre la legalidad de ordenar el asesinato de un ciudadano estadounidense en territorio extranjero. Además, otros creen en que mantenerle «en activo» es la alternativa más inteligente, pues su huella on-line se ha convertido en una utilísima herramienta antiterrorista,pues ya permite que los agentes identifiquen a quienes leen sus escritos, le mandan e-mails o dejan comentarios en su blog. «Quizá nos alegremos dentro de unos años de que no estuviera en el edificio el día que le bombardeamos», señala Kohlmann.

Lo que nadie sabe es si al-Awlaki será capaz de mantener el prodigioso ritmo de su ascenso de los últimos meses. Al convertirse en un raro híbrido de «ideólogo» y «operativo», ha dado un giro a su carrera  de consecuencias imprevisibles. «Lo que está claro es que su influencia sólo puede seguir creciendo», dice Kohlmann. «Es un tipo joven, carismático y tremendamente ambicioso. Sólo tiene una barrera por delante: mantenerse con vida el tiempo suficiente para consagrarse. A fin de cuentas, ha elegido un oficio muy peligroso».

Vetado desde el 11 de noviembre

El pasado 11 de noviembre, Anwar al-Awlaki actualizó su blog por última vez: «Dentro de unos días, esta página volverá a la normalidad». Una semana antes, su pupilo Nidal Malik Hassan había acribillado a 13 militares en el cuartel de Fort Hood y el clérigo temía que las autoridades bloqueasen sus cuentas. Estaba en lo cierto: desde esa jornada, el acceso al contenido de su blog está vetado, al igual que su perfil de Facebook, que llegó a acumular casi 5.000 «fans». Así, YouTube se ha convertido en el principal punto de acceso a su ideario radical: la página alberga miles de archivos con sus discursos que acumulan más de cinco millones de reproducciones.

Los alumnos aventajados de Anwar al-Awlaki

La conjura de Fort Dix. El 8 de mayo de 2007, el FBI arrestó a seis islamistas que se disponían a atentar contra el cuartel de Fort Dix en Nueva Jersey. Los investigadores se incautaron de abundante material de al-Awlaki en CD, ordenadores y ficheros de audio. Algo similar ha ocurrido en una decena de casos en Canadá, Reino Unido y EE UU.

Umar Farouk:
Se reunió con al-Awlaki en varias ocasiones, en Londres y en Yemen. Fue una de las personas a las que visitó en su última estancia en el país árabe poco antes de su atentado fallido contra el avión de Nidal Malik Hasan

Nidal Malik Hasan:
El clérigo intercambió 20 e-mails con el militar de Fort Hood en los que bendijo sus planes de acribillar a 13 de sus compañeros. «Espero impaciente que nos reunamos en el cielo», decía uno de ellos.

Nawaf al-Hamzi:
Junto a su hermano Salem –otro de los autores del 11-S–, entabló una estrecha relación con al-Awlaki, que ejercía de imam en una mezquita de San Diego y les asesoró espiritualmente.

Khalid al-Mindhar:
También acudió a los sermones de la mezquita Masjid Ar-Ribat al-Islami de San Diego y se reunió en privado con al-Awlaki, lo que llevó al FBI a sospechar de que
conoció por anticipado el complot del 11-S.

Fuente: La Razón
10/01/10

Especial: 11-S. Operación global contra el terrorismo: El análisis de los profesionales

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