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Revista de Prensa: Noticias

Viernes, 12 de marzo de 2010

Edificios antisísmicos

Ante temblores de intensidad similar, un edificio puede quedar reducido a escombros y otro mecerse al ritmo del seísmo sin sufrir daños mayores. El resultado, una tragedia con miles de muertos o una simple anécdota. La cimentación y las dimensiones de las estructuras son las claves para reducir el impacto de un terremoto

 

Tan devastadora puede ser la Naturaleza, que con apenas dos golpes de tierra ha acabado con más de 200.000 vidas. Los seismos que recientemente asolaron Haití y Chile hace que se replantee la necesidad de revisar los principios de construcción sismorresistente de ciertos países. Sin embargo, no siempre depende de la redacción de la norma, sino más bien de la falta de recursos, una nefasta gestión y, en ocasiones, de la potencia monumental del seísmo.
A diferencia de Haití, Chile sí estaba preparada para enfrentarse a una situación así, debido a los frecuentes movimientos de este tipo, de ahí que el número de muertos fuera mucho menor.
Ricardo Aroca Hernández-Ros, director el Departamento de Estructuras en Edificación de la Escuela de Arquitectura de Madrid, explica que «las víctimas por la caída de edificios, son atribuibles casi siempre a edificaciones de escasa importancia y altura, construidas con materiales frágiles y pesados (muros de mampostería, fábricas de ladrillo y bloque, forjados de viguetas), sin observar medidas sencillas, de bajo coste, (como el incluir en los muros una retícula de nervios de hormigón armado) que son práctica habitual en países como México, en los que hay una percepción social del riesgo sísmico».

Hace unas semanas, el Servicio Geológico Británico, explicaba que cada año se producen en el mundo 50 terremotos de la misma magnitud que el de Haití, que no causan este grado de destrucción y muerte porque ocurren en lugares próximos a placas tectónicas donde la construcción es más sólida, como Japón o California (EE UU). Además, en estos países las normas de construcción son muy estrictas. Sólo así se explica que en Japón, con frecuentes seismos por encima de la magnitud 6 grados en la escala de Richter, apenas se produzcan víctimas.

En respuesta al por qué los japoneses viven en una vibración casi constante y pese a ello no se vienen abajo, hay dos versiones. La primera atiende a la leyenda, que cuenta que las islas que conforman el país se sitúan sobre un gran pez o namazu, que vive enroscado bajo el mar. El llamado dios Kashima mantiene una gran piedra sobre el pez para impedir que se mueva, pero cuando se distrae, el pez se mueve y entonces tiembla la tierra.
La versión científica sostiene que se debe a que Japón se encuentra en la confluencia de cuatro placas tectónicas: Euroasíatica, Filipina, Pacífica y Norteamericana, y existe una gran actividad de movimiento entre ellas (fricción). La energía se acumula y se libera con repentinos movimientos tectónicos. 


Edificios antisísmicos
(click en la imagen para ampliar)



Imperturbables

Los japoneses aprenden de todo. De los arquitectos ingleses, a trabajar con el acero, y «a partir de la segunda guerra mundial pasaron a construir con grandes estructuras de hormigón conocidas como arquitectura brutalista», explica Jesús Donarie, profesor asociado de proyectos de la Escuela de Arquitectura de Madrid-UPM.

Pero la clave de estos gigantes está «en el movimiento. La cimentación, esto es, la parte que “ata” el edificio al terreno, no es rígida, y permite que éste se mueva. Actúan como una especie de mecedora», detalla Carmen Martínez Mayo, arquitecto especialista en estructuras. La experta añade que «existen las llamadas juntas de dilatación, que son las grietas que podemos ver por la calle y que nos parecen accidentales, pero en realidad son espacios que permiten que el material dilate, y en caso de temblor, dan un margen de movimiento al edificio». Así, éste podrá sufrir en las partes no estructurales (paredes, ventanas, falsos techos...), pero las estructuras principales están diseñadas para resistir el movimiento sísmico «por medio de articulaciones en el caso de estructura metálica, y la propia masa y dimensión en el caso de estructuras de hormigón», especifica Donaire.

Y es que, «la normativa sísmica no pretende que no existan daños, sino que no se venga abajo el edificio y que no haya víctimas que queden atrapadas. De hecho, tras un seísmo, bien puede que el edificio que ha resistido deba ser demolido igualmente», cuenta Miguel Martín Heredia, especialista en tecnología y estructuras miembro del Colegio de Arquitectos de Granada (zona española más afectada por este tipo de eventos).

En el caso de Chile, desde el Colegio de Arquitectos del país cuentan a este semanario que «si bien las construcciones nuevas que cumplían con la norma antisísmica tuvieron un muy buen comportamiento tras el terremoto, un porcentaje de edificaciones modernas sufrieron graves daños. En relación a estas materias es significativo dar una prioridad a los estudios de mecánica de suelos, que muchas veces se obvian o se supone conocido el comportamiento del subsuelo». Por su parte, Gloria Flores Zamora, arquitecto especialista en diseño y cálculo de Edificios de Chile explica que «las buenas prácticas constructivas son fundamentales, ya que permiten que el análisis teórico sea efectivo en la práctica, especialmente hay que tener cuidado en la construcción en las zonas críticas de los elementos (uniones) que es donde se producen la mayor cantidad de fallas durante un sismo».


Pagodas

Conocidos son también otros muchos materiales menos modernos, pero, al parecer, eficaces. De hecho, la sismorresistencia también puede ceñirse a formas más elementales y antiguas. Existen construcciones interesantes en tierra nipona como las pagodas, que no se desploman con el impacto de los terremotos. Estas construcciones (de tres a cinco pisos) se elevan sobre maderas insertadas (sin clavo alguno), un material flexible que absorbe la tensión sísmica e impide que la fuerza ejercida ascienda hacia la torre. Otro elemento imprescindible es el pilar central que las atraviesa desde la base hasta la salida del techo, llamada «shinbashira». Durante el terremoto oscila como un péndulo, permitiendo aminorar la fuerza del temblor.

En lo que se refiere a las diferencias entre España y Japón, una es obvia: aquí apenas hay terremotos y suelen ser de baja intensidad. Pero si entramos en materia, las disparidades no son tanto de diseño, «más bien se centran en las dimensiones de las estructuras. Además, las constructoras están más avanzadas tecnológicamente y cuentan con equipos de investigación altamente cualificados», concluye Donaire. No obstante, Martín Heredia aclara que «con la normativa española de edificación estructural estamos bien preparados».

Las condiciones del terreno sobre el  que se cimienta el edificio también influyen porque, tal y como aclara Martín Heredia «unos transmiten la onda con más energía y otros la amortiguan. Los terrenos con poca resistencia, los que son algo más pantanosos, con posibilidad de desplazamiento, aquellos donde el nivel friático (cantidad de agua) sea alto, o bien los que se sitúan en zonas próximas a un río son más peligrosos. Por eso es imprescindible realizar un previo estudio geotécnico».

Por tanto, para que una vivienda no sucumba a los nefastos efectos de un seísmo, en primer lugar, si se puede, hay que elegir el emplazamiento adecuado. Flores incide en que «la mejor forma de velar por la vida de las personas es considerar en los diseños, los materiales utilizados y la construcción, las particularidades de cada lugar donde se construya, no sólo las telúricas, sino también, las climáticas, culturales, etc.».

En cuanto al edificio, éste debe ser capaz de resistir fuerzas horizontales considerablemente mayores que las que produce el viento. Además, «no es conveniente que sea muy rígido, pero debe ser capaz de disipar energía (el detalle de unión de vigas y soportes es muy importante)», matiza Aroca.

Además, según explica Amreet R.Tuladhar, miembro del Building Research Institute (BREINS), de Kathmandu, Nepal, «no se debe cambiar de forma drástica la configuración de los pisos en los edificios de muchas plantas. Por ejemplo, la pared de partición de la planta baja deberíacontinuar hasta el último piso sin discontinuidad en medio y viceversa. También deben evitarse las irregularidades verticales». Tuladhar añade que «en lo que se refiere a la altura, no existe restricción alguna. Se ha demostrado que si es analizado y diseñado por un experto en estructuras, incluso un edficio de 50 pisos podría “sobrevivir” a un terremoto».

No obstante, hay otras cuestiones que contribuyen a un buen comportamiento, por ejemplo, «los edificios muy esbeltos o muy poco esbeltos, entran más difícilmente en resonancia con las ondas sísmicas que los de esbeltez media, y en consecuencia se comportan mejor», concluye Aroca.

 

Fuente:La Razón
05/03/10

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