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Seguridad Pública y Protección Civil.

 

Revista de Prensa: Noticias

Miércoles, 7 de abril de 2010

Rusia, en el torbellino de la yihad

La pobreza, la corrupción y los excesos contra la población abonan el terrorismo islámico en el Cáucaso

 

«La política de puño de hierro aplicada por Vladímir Putin contra el terrorismo no da buenos resultados, ya que provoca un perenne circulo vicioso. «A la violencia se responde con un ensañamiento indiscriminado que hace aumentar el número de personas deseosas de venganza», estima el columnista de «Nóvaya Gazeta» Viacheslav Izmáilov. Según su opinión, «la represión se ceba con personas ajenas al terrorismo».


Janet Abdurajmánova, de 17 años, una de las terroristas del pasado lunes

Si a los excesos que cometen las fuerzas de seguridad se une una situación económica insufrible, con índices de paro que alcanzan entre el 40 y el 50% en las repúblicas musulmanas del Cáucaso Norte, y una corrupción que impide el desarrollo económico, genera atroces injusticias y hasta obstaculiza la propia lucha antiterrorista, con policías que colaboran con los extremistas a cambio de dinero, el resultado es, como señala Izmáilov, «un aumento considerable de la insurgencia».

Así lo admite el director del FSB (ex KGB), Alexánder Bórtnikov, pese a que en las últimas semanas las tropas rusas, los servicios secretos y la Policía chechena se han apuntado varias victorias en operaciones realizadas en Ingushetia, Chechenia y Daguestán.

Atentados en el metro

En marzo fueron abatidos dos jefes rebeldes, Said Buriátski, instructor de terroristas suicidas, y Abú Jaled, de origen árabe y responsable principal de Al Qaida en el Cáucaso Norte. Nadie descarta que la respuesta a sus muertes hayan sido los últimos atentados en el metro de Moscú y en Daguestán. En prevención de otros posibles atentados, durante la Semana Santa ortodoxa, que este año coincide con la católica, se ha desplegado en Moscú un descomunal dispositivo de seguridad. Han sido movilizados cerca de 12.000 agentes de Policía.

La guerra que lanzó el presidente Borís Yeltsin contra Chechenia en 1994 tuvo como objetivo evitar la secesión de la república. El islam radical no había prendido aún en el Cáucaso Norte. Chechenia estaba dirigida por Dzhojar Dudáyev, un antiguo general de la Fuerza Aérea soviética.

El FSB logró matar a Dudáyev con un misil teledirigido pero, tras decenas de miles de muertos y la república reducida a escombros, Moscú no recuperó el control de la situación. Rusia capituló firmando la paz en Jasaviurt (Daguestán) en agosto de 1996, lo que supuso reconocer «de facto» la independencia.
 

(Click en la imagen para ampliar)

Aslán Masjádov, otro ex general soviético, que terminó sus días en marzo de 2005 reventado por una granada rusa en el sótano en el que se escondía, fue elegido presidente de Chechenia en enero de 1997. Las ideas wahabíes llegaron a la república de la mano de Shamil Basáyev y del emisario de Al-Qaida Amir Jattab. Ambos están ya muertos, Basáyev, víctima de una bomba en 2006, y Jattab, envenenado en 2002 por el FSB.

El hospital de Budionnovsk

Según los expertos, las razones que decantaron a los dirigentes chechenos hacia el extremismo a partir de 1997 fueron el bloqueo económico al que Moscú les sometió y la xenofobia entre la población rusa. Por aquel entonces, Basáyev y sus hombres ya habían demostrado su capacidad de atentar en suelo ruso. La acción más espectacular fue la toma de rehenes en el hospital de la localidad de Budionnovsk, en junio de 1995, con más de cien muertos.

Putin entró en escena en 1999, cuando Basáyev y Jattab invadieron Daguestán con el fin de crear un gran califato «desde el mar Negro al Caspio». Comenzó una nueva guerra no menos sangrienta que la anterior. Oficialmente, terminó en abril de 2000, aunque la violencia no ha cesado ni siquiera desde que, en abril de 2009, el actual presidente, Dmitri Medvédev, levantase el régimen antiterrorista especial que instauró Putin diez años atrás.

La insurgencia islámica que anidó en Chechenia se extendió hace tiempo a las repúblicas vecinas, Ingushetia y Daguestán, e incluso a Kabardino-Balkaria. Aunque los sucesivos líderes del movimiento fundamentalista han sido eliminados, las células descabezadas restablecen rápidamente su actividad.

En 2009, según la prensa local, hubo 167 atentados con bomba con 280 muertos en Chechenia, 319 en Ingushetia y 263 en Daguestán. A esas cifras hay que añadir 400 fallecidos más, policías y soldados sobre todo, en choques armados y ataques por sorpresa. Y eso pese a que, según Moscú, no hay más de 500 guerrilleros activos.

Los brutales métodos que emplean los dirigentes locales, Ramzán Kadírov (Chechenia), Yunus-Bek Evkúrov (Ingushetia) y Mahomedsalam Mahomédov (Daguestán) no hacen sino aumentar la indignación entre sus habitantes, facilitando a los terroristas el enrolar nuevos activistas.

Falta de coordinación

Otro frente que debilita la lucha contra el terrorismo, según el especialista de «News Week» Orján Dzhemal, son la falta de coordinación y las discrepancias entre el Ministerio del Interior y el FSB.

Medvédev reconoce que la situación en el Cáucaso Norte es el problema «número uno» de Rusia. En enero, él y Putin admitieron que cualquier mejora pasa por desarrollar económicamente la zona. El problema es que se ha empezado algo tarde a inyectar dinero, y la enorme corrupción actúa como un colador por donde desaparece lo invertido.



Fuente: ABC
04/04/10

 

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