Ver Suplemento Temático...


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

Revista de Prensa: Noticias

Martes, 20 de julio de 2010

Las mujeres que han hecho del Mosad, el mejor servicio secreto del mundo

El 20% de unos 2.000 agentes secretos son mujeres. ''La seducción existe, pero en dosis mínimas'', dice a LA GACETA Aliza Maguén, ex 'número dos' de 'El Instituto'. ''Hay cosas que nunca se sabrán''

 

“Yo me di cuenta de que mi madre estaba en el Mosad en mayo de 1960, después de una temporada en la que ella había trabajado día y noche, bajo mucha presión y con gran tensión. Apenas se la veía en casa”, dice a LA GACETA Ruth Ottolenghi, la hija de la mítica agente secreta israelí Yael Pozner.

Pozner, que trabajaba como funcionaria del Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel, fue una de las responsables de la captura de Adolf Eichmann, en la conocida operación Garibaldi. “Nadie en mi familia, salvo mi padre, sabía a qué se dedicaba mi madre”, asegura Ottolenghi.

Eichmann, responsable directo de la Solución Final y de los transportes de deportados a los campos de concentración alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, fue trasladado en un avión de las líneas aéreas israelíes El-Al. El 12 de diciembre de 1961 fue hallado culpable de crímenes contra la Humanidad y condenado a muerte en la horca. La sentencia se cumplió el 1 de junio de 1962.

La hija de la mítica agente secreta recuerda los hechos: “Un sábado a las 7 de la mañana sonó el teléfono. Mi madre contestó y después le dijo a mi padre: ‘El avión está en camino’. Y mi padre preguntó: ‘¿Y él [por Eichmann] está en el avión?’ A lo que mi madre repuso: ‘Creo que sí’. Entonces yo pregunté: ‘¿De qué estáis hablando?’ Y mi padre respondió: ‘Tu madre espera a un invitado”. El lunes por la tarde todos los medios israelíes informaron que Adolf Eichmann había sido secuestrado”. Eso ocurrió el 11 de mayo de 1960 en Argentina, donde Eichmann se encontraba oculto, con el nombre falso de Ricardo Lement.

“Armas seductoras”

Yael Pozner (1910-1990) es desde entonces uno de los grandes mitos del organismo de inteligencia y seguridad de Israel, creado en 1951, en el que, según fuentes oficiales, cada vez más mujeres toman parte activa en misiones especiales. El 20% de los alrededor de 2.000 agentes secretos de la organización son mujeres. Y una mujer, Aliza Maguén, llegó a ser la número dos (subdirectora) de esta agencia secreta, encargada de la recopilación de información de inteligencia, acción encubierta, espionaje y contraterrorismo en el exterior, entre otras misiones.

“La seducción existe, no se puede negar. Pero en dosis mínimas”, comenta a LA GACETA la propia Maguén, quien aún dice continuar participando “en otras operaciones secretas, sobre todo en Europa”. Lo cierto es que en el Mosad persiste un considerable puritanismo a la hora de hablar de seducción y del empleo del sexo por parte de mujeres en misiones especiales.

“Ninguna de nuestras mujeres se irá a la cama con un hombre como parte de su trabajo. Eso no quiere decir que para alcanzar determinado objetivo no se utilice una mujer de pago como parte de una operación”, aseguran otras fuentes de la agencia secreta.

Otro de los mitos femeninos fue Cindy, una agente clave en el secuestro del técnico israelí Modajai Vanunu, en septiembre de 1986, en Roma. Vanunu había vendido al periódico británico The Sunday Times los secretos del reactor nuclear situado en la ciudad israelí de Dimona, en el desierto del Negev. Valiéndose de sus armas seductoras, ella evitó que se diera a conocer uno de los secretos mejor guardados de Israel.

Sedujo a Vanunu en Londres, haciéndose pasar por una turista estadounidense, y le convenció de que hicieran un romántico viaje a Roma, donde algunos agentes lo secuestraron y lo llevaron clandestinamente en barco a Israel. Allí fue acusado de traición y condenado a 18 años de cárcel.

La historia de Cindy es una de las pocas del Instituto Central de Operaciones que trascendió prácticamente mientras ocurría. El motivo fue que cuando agentes israelíes lo llevaban esposado, Vanunu mostró a las cámaras de fotos y televisión la palma de la mano, en la que había escrito que había sido secuestrado en Roma y llevado a Israel. Entonces el mundo se enteró de lo sucedido, y quedó al descubierto la agente secreta, apodada Cindy.

“Mucha sangre fría”

“Si tomamos en cuenta que en la población israelí hay alrededor de un 50% de mujeres y un 50% de hombres, es evidente que en el Mosad no se da la misma proporción. Pero lo que mejor funciona en los equipos es la combinación de hombres y mujeres”, asegura a LA GACETA Dani Yatom, jefe máximo de este servicio civil de 1996 a 1998, general del Ejército y diputado laborista entre 2003 y 2008.

A diferencia de las Fuerzas Armadas e incluso del Shabak (los servicios generales de seguridad que actúan en Israel y especialmente frente a los palestinos), el Mosad es “una institución muy avanzada a la hora de nombrar a mujeres para cargos destacados o de incluirlas en misiones complejas y peligrosas”, afirma Yatom.

El ex director explica: “El trabajo del día a día es muy duro y complejo. Porque andar por ahí con una identidad falsa o prestada, con una cobertura secreta, especialmente en un país enemigo, no es nada fácil. Esto obliga a tener sangre fría a raudales, mucho entrenamiento, capacidad para afrontar situaciones tensas o desagradables, en el sentido más brutal de la palabra. Si un agente del Mosad es descubierto, puede costarle la vida”, agregó Yatom, cuyo nombre fue el primero de un jefe máximo de la agencia en trascender públicamente (a finales de los años noventa).

“Dejar de ser uno”

Pero hubo ocasiones en las que el propio Yatom tuvo que llevar una vida doble. “Algunas veces me he obligado a... Digamos... a cambiar mi identidad y mi aspecto para que no me reconocieran en determinados lugares. Es algo molesto, difícil, opresivo y angustioso. Uno tiene que dejar de ser uno mismo. Hay cosas que nunca se darán a conocer...”.

“Yo creo en la intuición femenina, y este es un trabajo en el que hace falta mucha intuición”, apunta la propia Aliza Maguén, desde el punto de vista de ex subdirectora y de una de las mujeres más destacadas de la agencia de seguridad e inteligencia israelí.

Según Iser Har’el, jefe máximo de 1952 a 1963 (considerado un virtuoso del espionaje, fallecido hace pocos años), “un agente secreto, ya sea hombre o mujer, tiene que ser curioso sin que se note, valiente, de reacciones rápidas, cuidadoso pero con iniciativa, atento a los detalles, y capaz de distinguir entre lo importante y lo accesorio”.

“Un buen espía debe ser paciente y metódico. Autodisciplinado y discreto. Capaz de actuar en situaciones muy tensas. Pero, a su vez, parecer una persona normalísima, gris, que se pueda parecer al dueño de la tienda de ultramarinos de la esquina, a usted o a mí”, apostilla.

La chica Bond ‘005’

Entre las espías de película del Mosad, otro mito, aunque sin final feliz, fue Silvia Rafael, cuya mayor virtud no era precisamente pasar desapercibida. Durante años desempeñó su trabajo con perfil bajo, como una periodista francesa destacada en Jordania y en otros países de Medio Oriente con los que Israel estaba en guerra. Pero finalmente se encontró a sí misma como protagonista de una serie de revelaciones periodísticas inesperadas.

Dos décadas antes de que Israel y Jordania firmaran el tratado de paz de 1994, Silvia Rafael había creado una importante red de espionaje en el país enemigo. El periodista británico John Bullock, entonces responsable de Oriente Medio del periódico The Independent escribió sobre ella: “Gracias a su encanto, sus contactos y su intenso trabajo, Silvia Rafael pronto tuvo acceso a la elite dirigente de Amán”. En una ocasión incluso fue invitada a una fiesta en la que el principal homenajeado era, ni más ni menos, que el rey Hussein.

Pero años después, Rafael se convirtió en el centro de la atención mundial luego de que agentes del Mosad asesinaran por error a un marroquí inocente en Noruega en julio de 1973. La espía sólo había llevado a cabo tareas de seguimiento. El marroquí trabajaba como camarero, y los agentes del Mosad lo confundieron con Ali Hasan Salameh, un destacado dirigente de la Organización para la Liberación Palestina (OLP). Fue uno de los errores más graves y notorios del cuerpo.

Silvia Rafael fue detenida y condenada por las autoridades noruegas a seis años y tres meses de prisión. Mientras cumplía su condena, escribió un diario personal, y extractos de éste se publicaron más tarde en la prensa. También se habló mucho de ella después de que enviara al fiscal general del país una divertida tarjeta postal en la que le deseaba buena salud, y que firmó: “005 y medio, la espía que vino del frío”.

Fuente: Intereconomía
10/07/10

Suplemento Temático: Mujer y Seguridad

Esta noticia ha sido vista por 1524 personas.