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Revista de Prensa: Noticias

Martes, 5 de octubre de 2010

Maestros blindados para el nuevo curso

Este año 3.849 profesores de toda España han denunciado agresiones

 


Unos estudiantes atienden durante una clase

El nuevo curso escolar acaba de inaugurarse y lo hace con una novedad en la que, quizás, no se ha profundizado en exceso. El profesor ha pasado a ser “autoridad pública” en las aulas de la Comunidad de Madrid. La nueva Ley de Autoridad del Profesor marca un antes y un después en el mundo educativo. A más de uno se le desencajará la mandíbula cuando, con la ley en la mano, descubra que un juez puede condenarle hasta a cuatro años de cárcel si atenta contra la autoridad pública. A partir de ahora, usted, ya sea padre, madre, alumno o estudiante, debe ser consciente de lo que se está jugando antes de agredir no sólo a un profesor, sino a cualquier persona que trabaje en un centro escolar, desde la mujer de la limpieza hasta el mismísimo director del centro.

Eso no es todo: el profesor contará además con la denominada presunción de veracidad en sus informes y declaraciones, es decir, exactamente igual que cuando a uno le ponen una multa, el testimonio de la Guardia Civil o la Policía Nacional siempre tendrá mayor validez y estará por encima del propio. Por otra parte, tal y como marca la nueva ley en su artículo 10, “las conductas contrarias a las normas de convivencia podrán ser objeto de medidas disciplinarias” no sólo cuando se produzcan dentro del recinto escolar sino también fuera “durante la realización de actividades complementarias, extraescolares, durante la prestación de los servicios de comedor y transporte escolar”.

Carmen Guaita, vicepresidenta de ANPE, asegura que “realmente los casos que llegarán al proceso penal serán sobre todo los de los padres de alumnos porque en el caso de los estudiantes la mayoría son menores de edad. A partir de ahora un padre o una madre tendrán que pensárselo dos veces antes de entrar y pegarle, como ha sucedido en más de una ocasión, a un profesor. Hemos trabajado mucho por conseguirlo y quienes interpreten esto como una vuelta al pasado se equivocan. La autoridad no tiene nada que ver con el autoritarismo. El hecho de que no se permita agredir a un profesor nos hace mejores como sociedad y aunque, al final, quienes agreden son una minoría deben saber que, desde ahora, hay límites”.

"Te tiran una papelera a la cabeza y ¿qué haces?"

En lo que va de año, 3.849 profesores de toda España han recurrido y denunciado su caso ante el servicio de atención del Defensor del Profesor. Según Guaita, “el número es muy importante porque estos profesores son los que llaman pero imaginen los que aguantan por paciencia o por otros motivos”. Hay agresiones que no pueden medirse. Recientemente pudimos ver en los informativos y por Internet las imágenes de un profesor al que sus alumnos le grababan con el móvil cuando uno de ellos le vuelca la papelera en la cabeza. “Me impresionó mucho este caso -comenta la vicepresidenta de ANPE a El Confidencial- porque si te fijas bien no estamos hablando de una situación de extrema gravedad pero ¿qué haces?. ¿Te quitas la banana y los restos de sacapuntas de la cabeza y sigues dando clase?, ¿qué haces después de algo tan humillante?, cuando tienes a toda la clase mirándote y muerta de risa. Lo que no podía ser es que hasta ahora no pasara nada”.

Fernando Jiménez es profesor de latín en un instituto. Acaba de jubilarse, justo cuando está a punto de cumplir 40 años en la enseñanza. Ha sido uno de los grandes impulsores de la ley. Para él, “la LODE de 1985 fue el preludio del desastre que en 1990 con la LOGSE se provocó definitivamente. Esos años asistíamos perplejos y veíamos a los estudiantes romper las tazas del wáter, inundar baños, destrozar cristales... Aquellos actos no se corregían. No había obligaciones. Las leyes determinaban 56 derechos para los alumnos y poco más de 7 deberes. No corregir implicó que todo fuese a más. El problema de fondo siempre ha sido el modelo educativo que tenemos”.

Fernando sabe bien lo que es sufrir en el aula. Lo ha vivido desde primera línea de fuego y con el testimonio de muchos de sus compañeros. “Es una falta de respeto continua, sutil, que está en el aula como un run run que el profesor padece continuamente. Conozco a muchos de los profesores que han dejado la enseñanza. Yo he visto a algunos hechos añicos porque un alumno les ha dado una paliza en el aula ante la mirada del resto, he visto el cuerpo de una profesora con psoriasis, con una erupción cutánea impresionante, con todo el cuerpo lleno de escamas por motivos puramente psicológicos. He sido testigo del llanto de algunos de mis compañeros que con 60 años están desesperados y se preguntan ¿cómo es posible que a mí me pueda pasar esto? He asistido con impotencia a casos en los que los padres hacen piña no con el profesor sino con el hijo al que se reprende, bueno sin ir más lejos hay compañeros míos que han requisado el móvil al alumno y los padres han terminado denunciando al maestro por hurto y por robo… ¡Kafkiano!, de veras, y detrás de todo eso está el coste de la impunidad”.

“Me meten mierda en la puerta del coche”

“¿Cómo se mide la tortura diaria? ¿Te tienen que reventar un ojo para estallar?”. Es lo que se pregunta una de las víctimas de esa falta de respeto en las aulas. Prefiere no dar su nombre. Es profesor de instituto en uno de los distritos del sur de la capital. “Yo día sí día no voy a abrir el coche me meten mierda de perro en la zona de la cerradura. Los primeros días imagínate cómo acabas con la mano pero el resto tienes que andar limpiándola. Algo muy agradable como podéis imaginar”.

Eso sucede fuera del instituto pero ¿y dentro? “está el gracioso o los graciosos de turno que te interrumpen la clase cada dos por tres, que se ríen delante de tu cara, que gesticulan detrás de cada frase que pronuncias. Es que ahora, es como el mundo al revés, la situación se ha invertido, antes eran uno o dos los repetidores, los graciosos o los gamberros, ahora en algunas aulas los estudiosos, los respetuosos y los que realmente están concentrados en las clases son la minoría, son la excepción”.

Hay faltas o agravios que aparentemente no tienen el peso específico como para denunciarlas ante un juez pero minan la moral de los profesores. En una ocasión, “un padre me llegó a coger de la pechera y me amenazó con matarme. Todo en el patio, delante de la mirada de tus alumnos. Y cuando eso sucede ninguno te viene si quiera a decirte profe siento lo que te ha pasado, no te preocupes… es muy duro”.

El nuevo curso escolar llega este año con grandes novedades y aunque el profesorado coincide en apuntar la ley como un hito en la enseñanza es consciente de que recuperar el respeto llevará su tiempo: No sabemos si servirá como tantas otras cosas pero entendemos que estaremos, al menos, algo más protegidos”.

 

Fuente: El Confidencial
25/09/10

Suplemento Temático: Formación y Seguridad

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