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Seguridad Medioambiental y Protección del Entorno.

 

Revista de Prensa: Noticias

Martes, 15 de marzo de 2011

Japón lucha contra un escape nuclear

El tsunami causa en una de sus centrales el mayor accidente atómico desde Chernóbil - Las autoridades tratan contra reloj de enfriar una planta con fugas

 

Japón, modelo de país nuclear, ejemplo de uso de tecnología atómica incluso en la peor zona sísmica del planeta, vivió ayer un día de pesadilla pendiente de la central de Fukushima I, a 240 kilómetros de Tokio. Tras el terremoto y el tsunami, la nuclear perdió el sistema de refrigeración y durante más de 24 horas liberó al exterior gases radiactivos para reducir la presión en el interior y evitar un desastre aún mayor. La agencia japonesa de seguridad nuclear calificó el accidente como nivel 4 en la escala de sucesos atómicos (INES, que va de 0 a 7). Esto lo convierte en el peor accidente atómico desde Chernóbil -en 1986 y calificado como nivel 7- y en el quinto peor incidente civil de la historia. Anoche, las autoridades luchaban por enfriar la central mediante la inyección de agua de mar. Los expertos consultados no descartaron que se pudiera fundir el núcleo de la nuclear, pero la evolución era incierta y la información, imprecisa.


Evacuación de la central de Fukushima II

Fukushima no era Chernóbil -al menos hasta ayer- pero sí lo más parecido que ha habido a Three Mile Island, el accidente de 1979 en Harrisburg (Pensilvania, EE UU). Este fue un nivel 5 en la escala INES, "accidente con consecuencias amplias". Entonces la central perdió el sistema de refrigeración y el uranio del núcleo se fundió. Aunque hubo poca liberación de radiación al exterior, el incidente frenó durante más de 30 años la construcción de nucleares en EE UU.

Japón tiene 54 nucleares en 18 emplazamientos que suman 47.000 megavatios de potencia instalada. La atómica supuso el año pasado el 29% de la electricidad del país. En España, con 7.728 megavatios nucleares instalados, ese porcentaje es del 21%.

El terremoto del viernes, de 8,9 de magnitud en la escala de Richter, fue demasiado para la central de Fukushima I, propiedad de Tokio Electric Power (Tepco) y cuyo primer reactor abrió en 1971. Los reactores 1, 2, 3 y 4 pararon automáticamente con el seísmo. Los otros dos del enorme complejo atómico en la costa estaban en tareas de mantenimiento.

Al caerse el sistema eléctrico por el temblor, se apagó también el sistema de refrigeración de la central. En una nuclear hay que sacar calor continuamente del reactor, lo que se consigue con varios sistemas de circulación de agua. Tras el seísmo, se pusieron en marcha los generadores diésel de emergencia -suele haber cuatro por planta- para bombear agua a la refrigeración. Pero una hora después llegó el tsunami e inutilizó también la refrigeración de emergencia. La planta quedaba así sin medios para reducir el calor del interior.

Una central nuclear es como una muñeca rusa: la vasija del reactor, de metal, está rodeada por el edificio de contención -con muros de hormigón y acero- que, a su vez, está recubierto por el edificio del reactor, en este caso un cubo de cemento.

Con una refrigeración precaria, "dentro del núcleo empezó a subir la presión" por la acumulación de gases radiactivos, según explicó el físico nuclear Manuel Fernández Ordóñez. La central comenzó a abrir válvulas de alivio para soltar gases a la contención. "Por hacer una analogía sencilla, imaginemos que el núcleo del reactor es como una olla exprés. Si sube mucho la presión hay que abrir la válvula, lo que libera gases hacia la cocina, que es el edifico de la contención, pero no hacia el exterior", señaló Fernández Ordóñez.

Aun así, la presión en el edificio de la contención siguió subiendo. "La contención está a menor presión que el exterior para que si hay una grieta no salga nada hacia afuera. La presión normal dentro es de 400 kilopascales y en el exterior es de 1.000. En la central la presión subió hacia 600 y luego a 850. Entonces decidieron abrir y sacar hacia el exterior el gas contaminado. Se filtra pero siempre sale vapor radiactivo".

Las autoridades japonesas primero ordenaron evacuar las poblaciones en un radio de tres kilómetros de la central, luego de 10 y finalmente de 20 kilómetros. En total, unas 200.000 personas fueron desplazadas y 50.000 miembros del Ejército movilizados. Los medidores de radiación en el exterior reflejaron el vertido. A las cuatro de la mañana (hora japonesa) el exterior registraba una radiación natural de 0,07 microsiervet por hora. Cinco horas después, era 72 veces mayor.

Si la información que llegaba desde Fukushima era confusa todo empeoró a las 15.36 (las 07.36 hora peninsular española), cuando una explosión sacudió la planta y el humo se divisó a kilómetros. El espectro de Chernóbil recorrió el planeta. La agencia japonesa de seguridad nuclear (NISA) aseguró posteriormente que la explosión no había afectado al edificio de la contención, aunque sí se había llevado parte del techo y de la pared del edificio del reactor. Japón atribuyó la explosión a que parte del hidrógeno liberado había explotado. El hidrógeno es un gas que en contacto con el oxígeno del aire explota. Cuatro trabajadores fueron hospitalizados.

Durante horas se sucedieron informaciones imprecisas sobre la situación de la refrigeración, que si Tepco la había conseguido conectar, que si se había apagado... El director de Protección Radiológica del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), Juan Carlos Lentijo, resumió por la tarde: "La situación es precaria pero la central está aguantando. Eso sí, tienen que conseguir refrigerarlo o se puede descontrolar". Lentijo justificó los vertidos radiactivos: "Es mejor una descarga por poco agradable que sea a tener una rotura dramática".

Cinco horas después de la explosión, las autoridades japonesas intentaron una opción a la desesperada: refrigerar la nuclear directamente con agua de mar y ácido bórico, una sustancia que absorbe neutrones para evitar una eventual reacción en cadena.

El portavoz del Gobierno japonés, Yukio Edano, afirmó que este era un método "sin precedentes" y anunció que se estaban preparando para repartir yodo entre la población. "El yodo es una medida de protección de emergencia ante una posible nube radiactiva, que lleva yodo. El yodo satura la glándula tiroides y evita que actúe el yodo radiactivo", señaló Lentijo. La agencia Kyodo informó de que había tres personas hospitalizadas que habían recibido altas dosis de radiación.

Los expertos advirtieron de que si Japón no conseguía refrigerar la central podría sufrir una fusión de núcleo. Si el reactor se queda sin agua, el uranio que utiliza como combustible se funde en una especie de magma, como ocurrió en EE UU en 1979. Si el edificio de contención fallase las consecuencias sería mucho más trágicas. La presidenta del Foro Nuclear, María Teresa Domínguez, admitió que la fusión del núcleo era posible, pero recalcó: "Lo más importante es que no se dañe la contención".

Aparte de las implicaciones en Japón, el accidente de Fukushima afectará previsiblemente a la industria nuclear en el mundo. Con el recuerdo de Chernóbil desvaneciéndose, el lobby nuclear estaba consiguiendo hacer virar a la opinión pública a favor de la opción nuclear como una forma de reducir la dependencia de petróleo. Domínguez rechazó que vaya a afectar al futuro: "En una catástrofe sin precedentes la central ha funcionado perfectamente. Lo que ha fallado lo ha hecho según lo previsto". Otra fuente del sector utilizó otro argumento: "También se han perdido trenes en el tsunami y a nadie se le ocurre que afecte al transporte ferroviario".

Los ecologistas sí cargaron contra la energía atómica. Jan Beranek, jefe de la campaña nuclear de Greenpeace, resumió: "La industria dice que estos sucesos no pueden ocurrir en reactores modernos (...), pero la energía nuclear es vulnerable a la combinación potencialmente mortal de un error humano, fallos de diseño y desastres naturales".


 

 

Fuente: El País
13/03/11

Especial: Terremoto en Japón 2011

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