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Revista de Prensa: Noticias

Martes, 29 de marzo de 2011

La tortura de la formación en West Point

West Point tiene algo especial que catapulta al éxito a quien allí se licencia. Al cabo del año sólo tenía un sábado y un domingo libres cada seis meses. 'Puedes tener novia, pero no la puedes ni besar ni darle la mano'

 

El actual comandante jefe de las tropas internacionales en Afganistán, el general David Petraeus, estudió en la Academia Militar de West Point, en Estados Unidos. También lo hizo su antecesor, el general Stanley McChrystal, o el que fue comandante de las tropas estadounidenses en Irak, el general Lloyd Austin. También el mítico general MacArthur o el mismísimo presidente Eisenhower.

West Point parece tener algo especial que catapulta al éxito a quien allí se licencia. El joven capitán Bobby Ragsdale, de 26 años, es uno de los contados militares estadounidenses destacados actualmente en Afganistán que estudió en West Point. Y lo hizo, dice, con la aspiración de convertirse en alguien de peso en Estados Unidos. Luce con orgullo el anillo que demuestra que, efectivamente, se licenció en tal academia militar. Algo que, por lo que explica, no es nada fácil.


El capitán, con su anillo que demuestra que estudió en West Point

Conseguir ser admitido en West Point ya es, según parece, una odisea. El capitán Ragsdale relata que, de entrada, la academia decide si el aspirante es apto o no para convertirse en uno de sus alumnos. Para ello, tiene en cuenta sus notas en el bachillerato y en el examen de la selectividad, y también su condición física y dotes de líder. Si lo considera apto, entonces el joven debe someterse a un riguroso examen médico, superar una prueba física y, lo que es más difícil, conseguir el aval de un senador o congresista estadounidenses o del propio vicepresidente del Gobierno.

"Normalmente ya existe un procedimiento para pedir tal aval. Algunos senadores y congresistas incluso disponen en su página web de un formulario que hay que rellenar", detalla Ragsdale. Él dice que solicitó el aval a los dos senadores y al congresista que le correspondían en su Estado de origen, Luisiana. Los senadores le pidieron que escribiera una redacción y que les enviara una carta de recomendación de uno de sus profesores para poder decidir si lo avalaban o no. El congresista fue más duro. Exigió que compareciera ante un panel de expertos para que le interrogaran. Ragsdale explica que el panel lo conformaban un sacerdote, un director de escuela, un marine y más gente que no recuerda. No tiene muy claro si contestó bien o mal las preguntas, pero consiguió el ansiado aval para estudiar en la academia.

En West Point tenía que formar militarmente cada día a las siete y media de la mañana para ir a desayunar. Y lo mismo debía hacer para el almuerzo y la cena. Según Ragsdale, los más de 4.000 cadetes que hay en la academia siempre comen todos a la vez en un mismo recinto inmenso. Por las mañanas tenía que ir a clase, y también buena parte de las tardes, además de practicar algún deporte. Los fines de semana también debía permanecer en la academia, haciendo instrucción militar. Al cabo del año sólo disponía de un sábado y un domingo libres cada seis meses, además de determinadas fiestas, como la Navidad. En verano las vacaciones duran de una a tres semanas, asegura el capitán, también dependiendo del entrenamiento militar que cada cadete deba hacer.

Los alumnos, además, deben vestir siempre de uniforme, compartir dormitorio con otros cadetes, y tienen prohibido mantener relaciones sexuales. "Puedes tener novia, pero no la puedes ni besar ni darle la mano, y ni tan siquiera sentarte a su lado", declara Ragsdale. Así durante 47 meses, que es lo que dura la carrera, o sea, casi cuatro años.

Ragsdale asegura que el hecho de tener que vestir siempre de uniforme, casi no disponer de intimidad y tener que hacer siempre todo al unísono con el resto de cadetes, no le ha hecho perder personalidad o identidad, sino todo lo contrario. "Cuando hay reglas tan estrictas, la creatividad y la inteligencia se avivan para saltártelas", comenta. Además, destaca, "en West Point se promueve la libertad de pensamiento y de ideología".

Preguntado sobre si se considera mejor oficial que otros por el hecho de haber estudiado en West Point, el capitán no sabe qué contestar. Se siente, eso sí, un privilegiado, porque, dice, en West Point tenía a su disposición un profesorado magnífico, y en las clases sólo había como máximo veinte alumnos. La academia, destaca, le ha ayudado a crecer interiormente como persona y tener capacidad de adaptarse a cualquier situación. Sin duda. Se licenció en el año 2007, en el 2008 fue destinado a Irak, y en el 2010, a Afganistán.

Fuente: El Mundo
21/03/11

Suplemento Temático: Formación y Seguridad

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