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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

Revista de Prensa: Noticias

Lunes, 19 de diciembre de 2011

Reportera de guerra y mujer comprometida

La presente entrevista a Mayte Carrasco, concedida con la mayor amabilidad, fue amplia y en ella se trataron muy interesantes temas de actualidad que serán resumidos en sucesivas ediciones

 

Mayte Carrasco (Terrassa, 1974) es periodista corresponsal de guerra especialista en Defensa y Seguridad, Terrorismo y Resolución de Conflictos, y en el papel de los medios de comunicación en la construcción de la paz.


Mayte Carrasco grabando un video a Bashardoft, candidato a las elecciones Afganas en 2009

Compagina su trabajo de reportera con el de investigación, como colaboradora del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH). Recorre habitualmente zonas de conflicto como el Cáucaso (Chechenia, Georgia), Asia Central (Afganistán) y África (Magreb, Sahel).

Ha colaborado con el diario Público, Informativos Telecinco, Cambio 16, El Correo, El Mundo; programas de la Cadena Ser, el debate de CNN+ y ha trabajado para Agencia EFE. Ha sido corresponsal en Francia, Rusia, Inglaterra, Alemania, Georgia, Chechenia, Afganistán, Argelia, Marruecos y Mali. Habla cinco idiomas.

Es, además, miembro de la Ejecutiva de Reporteros sin Fronteras, donde desarrolla un trabajo en favor de la libertad de expresión. Analista también de política internacional en temas de eminente actualidad, ha cubierto como corresponsal la Primavera Árabe y ha estado recientemente en países como Túnez, Egipto y Libia.

LGE: Libia, una guerra donde hubo vejaciones a la población civil por parte de ambos bandos, incluida la ejecución irregular de Gadafi: ¿Qué nos puede contar?

M.C.: La verdad que ha sido un año apasionante, porque estamos en un mundo en plena transformación, y las revoluciones árabes son una clara prueba de ello. Estoy asistiendo este año a un tipo de conflicto distinto que el que había vivido anteriormente. Por ejemplo, mi primera guerra que cubrí fue la guerra de Georgia y allí había dos bandos claramente diferenciados. Dos ejércitos, dos actores, y los conflictos cada vez se están complicando más y cambian de rostro. En Afganistán, por ejemplo, las cosas eran muy distintas.

Ese tipo de conflicto con múltiples actores, donde además se confunden los roles y los periodistas empiezan a ir armados, y los cooperantes van armados, y los soldados hacen de humanitarios, y donde no hay una sola fuente, sino que en la OTAN hay cuarenta y dos países –creo que ahora llegan a la cincuentena– y la insurgencia es múltiple también, cada vez es más difícil saber quién es la fuente y obtener información concreta.

En el caso de este año con las revoluciones árabes, para mí ha sido un shock porque me he encontrado con otro tipo de conflictos; conflictos en los que la gente no lucha por ideas o por religión, sino que está luchando por una mejora de su vida, por la libertad, por la democracia, por la dignidad. Y, lo que me encontré en Túnez, en Egipto, Libia, ha sido un acontecimiento histórico muy emocionante para mí.

En Egipto sobre todo, donde recuerdo una anécdota en la Plaza Tahrir en la noche que calló Mubarak. Un hombre vino hacia mí y me preguntó “¿Tú de dónde eres?” Y yo le contesté: “Yo soy de España”. Entonces me abrazó y me dijo: “Ya somos como vosotros”, en relación a la democracia, que ellos creen que ya han conseguido, aunque aún les queda un largo camino por recorrer. El último conflicto en el que he estado ha sido el conflicto libio, ha sido el más cruento.

Han sido ocho meses de guerra civil en el que he estado en varias partes del país. Estuve intentando entrar por Túnez a Libia, viviendo la crisis de los refugiados. Luego, más tarde estuve en Bengasi en la primera formación de las milicias rebeldes, lo que sería después el ejército rebelde y más tarde estuve invitada por el régimen de Gadafi y lo conocí personalmente. Luego estuve en la caída de Trípoli.

Ahora mismo hay muchos y grandes desafíos. Uno de ellos es que el uso de la fuerza no está controlado por el Estado. Durante la guerra había dos bandos. Estaba el ejército regular de Gadafi y sus mercenarios contratados. Y, por otro, estaban los rebeldes que se organizaban en brigadas que procedían de diversas regiones y no eran un ejército compacto.

Creo que el Consejo Nacional de Transición ha sido incapaz de frenar la deriva revanchista del ejército rebelde durante los últimos meses de guerra civil, y uno de los ejemplos más claros es la ejecución de Gadafi, que después exhibieron su cadáver como si fuera un trofeo. He visto otro tipo de prueba de esa deriva revanchista por parte de los rebeldes en Bengasi. Hubo una caza de brujas de progadafistas, casa por casa, por parte de los rebeldes; y Sirte y otras ciudades quedaron arrasadas. Y en estos momentos hay mucha población que son refugiados internos. No pueden volver a sus casas por miedo a que sean asesinados. Aparte de que sus casas han sido arrasadas.

Human Rhigts Watch ha denunciado también que tras la caída de Gadafi, los rebeldes han detenido y encarcelado a miles de personas. Han sometido a malos tratos y torturas a estos prisioneros que son sobre todo inmigrantes de color, a los que acusan de ser francotiradores porque todos los mercenarios que contrató Gadafi que venían del Chad son de color.

No ha habido un juicio para todas estas personas que están todavía en la cárcel; y el problema de todo esto es que se está creando un clima de impunidad muy peligroso porque no se persigue a los culpables. Hay que poner en marcha un programa para recoger todas las armas. Hay enfrentamientos entre brigadas, incluso. Y los vencedores corren el riesgo de pensar que todo lo pueden hacer. Los rebeldes no son unos angelitos. Creo que ha habido violaciones de los derechos humanos por ambos lados.


LGE: ¿Existe posibilidad de que se instaure una democracia?

M.C.: Me parece que en estos momentos la situación es demasiado confusa como para saber si los valores democráticos vistos desde el punto de vista occidental van a tener cabida en Libia. En Libia tienen su propia idiosincrasia y singularidad. El gobierno provisional ha dicho que la sharia va a ser la fuente de jurisprudencia.

Así que el modelo no va a ser del todo democrático. Va a ser más parecido a Arabia Saudí que al modelo turco, y sobre todo, va a ser un retroceso en los derechos de las mujeres. Por su parte, Europa y EE.UU. están demasiado enfrascados en estos momentos en sus propios problemas, como la crisis económica, y no quieren meterse en demasiados berenjenales con los países árabes. Precisamente, están intentando salir de Irak y Afganistán.

Además, como muchos de ellos han sido colonizados en el pasado y tuvieron una guerra de liberación, ahora consideran una injerencia extranjera los intentos de los países que quieren ayudar y aconsejar, como España por ejemplo, que puede aportar su experiencia de transición pacífica a la democracia. Lo que debemos hacer desde Occidente es apoyar en todo lo que podamos.

No intentar sacar tajada económica con negocios, o sacar tajada de los hidrocarburos y de todos los recursos naturales que hay en el país, como hacen siempre los países occidentales, en vez de escuchar al pueblo y ver cuáles son las necesidades sociales de esos pueblos.

LGE: ¿Está haciendo usted algún tipo de mediación concreta por parte de algún organismo con el que colabora?

M.C.: Estamos intentando hacer una radio en el país, para que ayude a la reconciliación. Estamos buscando fondos para que España u otros países inviertan y se interesen en una radio que de voz al pueblo. Porque uno de los problemas más graves en estos momentos es la reconciliación Con miles de personas desaparecidas y miles de refugiados internos que no pueden volver a sus casas, pensamos que la reconciliación es una de las tareas más importantes.

Y nosotros creemos que una radio que dé voz, tanto a unos como a otros, puede ser muy útil. Es un medio que tiene mucho impacto. Queremos que los medios de comunicación sirvan también para la paz.


 

Fuente: La Gran Época
30/11/11

Suplemento Temático: Mujer y Seguridad

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