Ver Suplemento Temático de Seguridad Portuaria...


Seguridad Pública y Protección Civil.

 

Revista de Prensa: Noticias

Viernes, 2 de marzo de 2012

El porqué de robar 2.000 aspersores

 

Sucedió a finales de noviembre. Los vigilantes de un supermercado se extrañaron al observar el abrigo de uno de los clientes. Estaba muy hinchado. Tal vez demasiado. Le piden que se lo abra. Ven cómo, debajo del abrigo, el tipo llevaba puesto, por encima de la ropa, un bañador de mujer. Y entre su ropa y el bañador, el botín de tan particular palo: 350 euros… en chicles.

Robos hay todos los días. Mañana, tarde y noche. Pero a veces la pregunta es: ¿para qué demonios nadie ha robado esto? Por ejemplo, también en los últimos días; en otro supermercado, concretamente un Carrefour de Rivas, una mujer pitó al pasar por los arcos de seguridad. Llevaba casi 500 euros… en maquinillas de afeitar. La crisis también, sí.

 

Último día de noviembre, carretera M-600, casi en Ávila. Llaman a la Guardia Civil porque alguien parece estar robando… tapas de alcantarilla. Le siguen, le pillan y ven que no sólo lleva la furgoneta llena de tapas, sino también de señales de tráfico. Ha dejado la carretera pelada. El probable destino de todo eso: una chatarrería.

 

Las tapas de alcantarilla tienen muchos usos. El último, que está de moda y ha servido para acuñar el término alcantarilleros (en la estela de aluniceros), es usarlas para romper escaparates y robar tiendas. El 2 de diciembre se lo hicieron a un bar del distrito de Hortaleza. El botín: la recaudación de la tragaperras.

 

Calderilla, pues, aunque no tanta como  la que se llevaron el dia 5 los que hicieron un butrón y se metieron en una sucursal del Banco Pastor, en la vallecana avenida de San Diego. Se llevaron 15.000 euros… en monedas de 20 y 50 céntimos.

 

Al día siguiente, otros ladrones fueron a una finca de Aranjuez. Como no había dinero, se llevaron lo que pudieron. Es decir: 2.000 aspersores de riego y 800 barras de aluminio.

 

Hay que hacer de la necesidad virtud, y a veces de la virtud necesidad. Que se entra en un bar del polideportivo El Bercial, en Getafe y no hay dinero: pues nos llevamos 34 botellas de licor y 19 cajas de refrescos.

 

La Navidad parece ser un filón para negocios legales y no tan legales. Este mes, por ejemplo, se ha vivido una mini epidemia de robos de jamones –que está la vida muy perra- en hasta cuatro establecimientos: al menos eran patanegra. Y qué decir de esas 19 cestas de Navidad que el miércoles pasado trincaron de una tienda de electricidad.

 

En esta pequeña antología del último delito zúrrela hay que incluir a dos veinteañeros, chico y chica, que sufrieron una pequeña metedura de pata el pasado 10 de diciembre. Iban por la calle Agustín de Foxá y ven acercarse a dos tipos. Les chistan, como el que no quiere la cosa: “Hey, hey ¿marihuana, éxtasis?”.

 

Efectivamente: eran policías de paisano.

 

Más cuca fue Begoña, de 38 años, detenida hace cuatro días en Ciempozuelos. Llamó a un timbre y le dijo a la dueña de la casa que era amiga de un familiar suyo. Después, según relata el atestado de la Guardia Civil, “le solicitó joyas de oro con el fin de proceder a realizar un frotis por el ojo a su sobrina, ya que ésta sufría una enfermedad ocular y por prescripción médica se hacía necesario el contacto con elementos de oro”.

 

Las joyas no regresaron nunca después del presunto frotis.

 

Tampoco es que suela pasar mucho que ocho varones, de etnia gitana según la Policía, asalten a dos ecuatorianos para quitarles sus pertenencias… a martillazos.

 

En los anales del crimen absurdo madrileño resplandecen algunas historias que firmarían los mismísimos Monty Pitón. Por ejemplo, la del joven que en noviembre de 2005, después de una noche de farra, ya de mañana, para en una gasolinera y mientras un amigo llena el tanque del coche saca un mechero y lo enciende mientras dice: “¿Qué pasaría si hago esto?”.

 

Lo que pasó fue que ardió el techo de aquella estación de Velilla de San Antonio y la condena, que pudo alcanzar los 12 años de prisión que pedía la Fiscalía en un primer momento, quedó al final en menor.

 

En el proceloso género del robo existen mil y una subcarpetas. Míticas son por ejemplo las andanzas de ILSA B., un búlgaro de 37 años detenido en Mostotes en abril pasado después de haber sustraído… hasta 500 pomos de metal.

 

Como legendarias son las actividades de otro sujeto detenido hace unas semanas que consiguió hacerse, en solo un año, con hasta 3.000 carritos de la compra, mayoritariamente de Ikea, para venderlos como chatarra. Logró así 290.000 euros. Un figura, vamos.

 

De propina, y siempre dentro del crimen singular, un peculiar delincuente tuvo en jaque a los agentes del Barrio de Salamanca en noviembre de 2006. El trincha muslos, que así le bautizó la Policía, salía con amigos y se dedicaba a eso mismo: a pinchar en las piernas al que se le ponía a tiro.

 

Para acabar, una de las últimas aprehensiones de droga en Barajas: el bolero llevaba la cocaína, hecha bolas… en las rastas.

 

Fuente: El Mundo
18/12/11

Suplemento Temático: Seguridad en Centros Comerciales

Esta noticia ha sido vista por 804 personas.