Ver Suplemento Temático...


Seguridad Pública y Protección Civil.

 

Revista de Prensa: Noticias

Miércoles, 6 de septiembre de 2006

Retrato de la mente de un psicópata

Wolfgang Priklopil, que consideraba a las mujeres unas «fulanas», quiso fabricarse una a medida de su ideal

 

La misma semana en que se espera la primera aparición televisiva de Natascha Kampusch para relatar más detalles sobre su terrible secuestro, el móvil que empujó a Wolfgang Priklopil a mantenerla cautiva ocho años sigue siendo objeto de intensas especulaciones.

Un ex compañero de clase del técnico de 44 años, que se suicidó al saber que su prisionera había escapado, dio la semana pasada una pista importante sobre su comportamiento. Recordó que a los 19 años, despreciaba a todas las mujeres por considerarlas «unas fulanas».

«No me interesan», decía Priklopil según la versión de su ex compañero. «Quiero una pareja que se dé cuenta de cuándo quiero estar solo, que cocine bien, que se sienta satisfecha con ser simplemente un ama de casa, que sea físicamente guapa, pero que no considere que ser guapa es importante. Quiero una mujer que simplemente me apoye en todo lo que yo haga».

Los austriacos han conmemorado este año el 150º aniversario del nacimiento de Freud y en la tierra en la que nació el psicoanálisis abundan los expertos dispuestos a diseccionar las motivaciones de Priklopil.

Puesto que su ideal de mujer no existía, dicen, tuvo que fabricársela por sus propios medios, aunque eso implicara arrancar a una niña pequeña del seno de su familia. Priklopil siempre fue muy habilidoso con las manos, según el testimonio de las pocas personas que le conocían. Cuando todavía era adolescente, demostró la habilidad técnica suficiente para construirse un arma de aire comprimido; la empleaba para disparar a los gorriones en el campo.

La celda que construyó para su víctima ha dado pruebas de una habilidad aún más extraordinaria, si cabe. ¿Pensó en aquel cubículo como un taller en el que modelaría a la mujer de sus sueños con sus propias manos a partir de un material en bruto?

«Agradable y distante»

Se cree que Priklopil pudo haber empezado a planificar el secuestro de la niña nada menos que con cinco años de antelación, lo que induce a pensar en un planteamiento metódico idéntico al que aplicaba a cualquier cosa que hiciera, desde los rompecabezas de piecitas y las maquetas de Airfix que le obsesionaron de niño hasta los coches que se compró ya adulto. Negociaba con los concesionarios hasta el agotamiento e insistía en realizar pruebas y pruebas de conducción y en someter el coche nuevo a inspecciones a cargo del equivalente austríaco de una ITV.

Una fotografía de la etapa escolar de Priklopil muestra a un chico de aspecto muy serio, con ojos oscuros y abundante pelo peinado con raya a un lado, un corte que ya no cambiaría nunca.

Wolfgang era experto en desviar la atención. A raiz del secuestro, la policía le interrogó junto a varios centenares de propietarios de furgonetas blancas, sin que los detectives encontraran en él nada sospechoso.

Antiguos conocidos suyos le han calificado de persona «agradable» pero distante. «Wolfi era el genuino niño de mamá», ha sido la frase empleada por uno de ellos para describirlo.

El secuestrador entró a trabajar como aprendiz en Siemens, el gigante alemán de la electrónica, cuando tenía 15 años. Ernst Winter, de su misma edad, ha recordado la obsesión que Priklopil tenía por los coches. «Otra de las cosas que más llamaba la atención», ha manifestado Winter, «era el mucho tiempo que dedicaba a todo lo que hacía. Era lento, pero extraordinariamente meticuloso».

El padre de Priklopil, Karl, era un representante comercial de coñac cuya muerte en 1986, a causa de un cáncer de colon, dejó una huella profunda tanto en Wolfgang, que por entonces tenía 24 años, como en su madre.

A principios de los años noventa, Priklopil le anunció que quería irse a vivir solo a la casa de Strasshof. A ella no le gustó mucho la idea pero todos los fines de semana se acercaba allí con su coche para dejarle preparadas las comidas de la semana.

En un determinado momento, Priklopil empezó a pensar en seleccionar una víctima. Natascha vivía en un piso próximo al de su madre. «Aquella niña había sido la elegida», opina la psicóloga Elisabeth Brainin. Otro psicólogo, Reinhard Haller, explica que Priklopil quería ejercer un poder absoluto sobre la niña objeto de sus fantasías: «Quería convertirla en alguien dependiente de él por completo».

Fuente: www.elmundo.es
04.09.06

Noticias relacionadas:

* Buceando en la mente del psicópata (30.05.03)

Esta noticia ha sido vista por 4432 personas.