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Seguridad Pública y Protección Civil.

 

Revista de Prensa: Noticias

Lunes, 25 de septiembre de 2006

Los 'etcéteras' del ácido bórico

El posible uso de esta sustancia para encubrir el olor de explosivos o conservar sus componentes orgánicos tiene una sólida base científica

 

El pasado jueves, con el objetivo de desmentir y descalificar la información que publicó EL MUNDO sobre la falsificación de un informe del Ministerio del Interior que apuntaba a un posible vínculo entre un presunto terrorista relacionado con el 11-M y ETA, la Comisaría General de Policía Científica definió el ácido bórico como «una sustancia que tiene múltiples utilidades: se emplea como conservante, para adulterar droga, fabricar cosméticos, pinturas y tintes, la manufacturación de cementos, vidrios y porcelanas o como insecticida contra insectos domésticos y coleópteros, etc.».

Así es el ácido bórico
Gráfico: El Mundo
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Es evidente que el ácido bórico tiene todos estos usos caseros. De hecho, como ocurre con tantos otros compuestos químicos que nos rodean en nuestra vida cotidiana sin que sepamos nada sobre ellos , es probable que en casi todos los hogares de nuestro país exista algún producto que contenga ácido bórico, o para cuya fabricación se haya utilizado este compuesto.

Pero si todo esto es obvio, la pregunta crucial es: ¿qué es lo que pudo llevar a tres peritos de la Policía Científica a redactar un informe en el que plantearon la posibilidad de que la aparición de esta sustancia en los domicilios del presunto terrorista islamista Hasan Haski en Lanzarote, de un comando de ETA en Salamanca y un joven antisistema en Madrid pudiera tener alguna relación? ¿Qué utilidad podría tener este compuesto para los fines de una organización terrorista? ¿Qué representa el «etc.» de la nota emitida por la Comisaría General de Policía Científica sobre los usos potenciales del ácido bórico?

Los propios peritos plantearon dos posibilidades en su informe: en primer lugar, que el ácido bórico pudiera utilizarse «como conservante de los explosivos de tipo orgánico» (es decir, para evitar que los ingredientes orgánicos de una bomba, como la nitroglicerina o el nitroglicol, caducaran y pudieran estallar antes de tiempo); y en segundo lugar que sirviera para «enmascarar al explosivo», de tal forma que los perros especializados en su detección no pudieran identificarlo.

En su nota del pasado jueves, la Comisaría General de Policía Científica descalificó estas hipótesis como «meras elucubraciones y consideraciones subjetivas sin fundamento científico alguno». Sin embargo, según los expertos consultados por EL MUNDO en el ámbito de la química, las dos posibilidades que propusieron los peritos son consistentes con las propiedades del compuesto, así como coherentes con el uso histórico que se ha dado al mismo.

Estrategias potenciales

La primera hipótesis -la conservación de explosivos orgánicos- supondría recuperar el uso más antiguo que se conoce del bórax, es decir, el compuesto del que se deriva el ácido bórico, que ya era conocido como un poderoso conservante en la Grecia Clásica. Más recientemente, la industria alimentaria ha empleado el ácido bórico como conservante alimenticio (por ejemplo, del marisco), algo que, en la actualidad, está prohibido debido a su potencial toxicidad.

La segunda hipótesis -la posibilidad de ocultar el olor de los explosivos para despistar a los perros policía- sería una treta elaborada por los terroristas para evitar ser descubiertos, ya que el ácido bórico es muy conocido por su gran capacidad para disimular olores fuertes (se utiliza, por ejemplo, como desodorante de pies).

De hecho, ambas estrategias podrían resultar eficaces para toda clase de bombas. Cualquier explosivo, como la Goma 2 ECO o el Titadyne, posee compuestos orgánicos cuyo olor puede rastrear cualquier perro policía y cuya vida útil se prolongaría si se les añade un conservante como el ácido bórico.

Al ser preguntado por la Policía para qué utilizaba esta sustancia en su casa de Lanzarote, el presunto terrorista Haski aseguró que la usaba para matar cucarachas. Esto sin duda es posible, pero tanto la cantidad de material incautado -cinco bolsas del compuesto que en total pesaban más de un kilo- como el hecho de que en la actualidad es bastante insólito comprar esta sustancia como insecticida de uso casero, pudo haber levantado una sospecha razonable a los policías científicos.

«Es muy raro que hoy en día use el ácido bórico para matar cucarachas en tu casa, teniendo tantos otros productos comerciales más sencillos y seguros», opina el químico Francisco Javier Bermejo, investigador en una empresa farmacéutica.

Por otra parte, el pasado jueves, el comisario general de Policía Científica, aseguró que «en la literatura científica no se ha relacionado el ácido bórico con ningún tipo de explosivo». Sin embargo, esto es falso. De hecho, el ácido bórico es uno de los componentes de un explosivo, el boracitol, que se ha usado como detonador de armas nucleares.

Además, el Departamento de Energía estadounidense financió un estudio científico para comprobar el ritmo al que desaparecen del ambiente distintas clases de explosivos. Expertos del Laboratorio de Los Alamos realizaron esta investigación durante 20 años y determinaron que el boracitol no deja apenas restos pasado ese tiempo, al contrario que la mayor parte de compuestos incluidos en el experimento. No se conoce ningún caso de una banda terrorista que haya empleado este explosivo, dado que su elaboración es muy compleja y el armamento atómico sólo está al alcance de algunos gobiernos, pero es evidente que los científicos sí han estudiado el ácido bórico con detenimiento y en relación, precisamente, a su potencial en la fabricación de bombas.

Finalmente, el uso del ácido bórico para realizar soldaduras de alta precisión en joyería plantea la posibilidad de que pudiera utilizarse para soldar los cables que conectan un teléfono móvil a un detonador.

Dos hipótesis razonables
El bórax se ha utilizado desde la más remota antigüedad como blanqueante e insecticida. Del bórax deriva el ácido bórico, con las mismas propiedades y algunas adicionales. Por ejemplo, se utiliza contra las infecciones producidas por hongos, como las infecciones vaginales. Es un producto muy útil para dificultar la combustión de plásticos y compuestos de celulosa (papel, cartón, madera). Es decir, si se aplica una llama o una chispa a un cartón que lleve ácido bórico, éste desprende agua, lo que hace difícil que ese cartón empiece a quemarse. De la misma manera, es un compuesto de alta sección eficaz para la captura de neutrones, por lo que se utiliza disuelto en agua para el control de los reactores nucleares. Además, existe un compuesto explosivo de difícil preparación: el boracitol, que debe prepararse con partículas microscópicas de boro y TNT.
El ácido bórico se usa para eliminar olores y conservar los compuestos orgánicos: alcohol, glicol, tolueno, etc. La razón sencilla es que estos compuestos se evaporan en mayor o menor medida y el polvo ácido captura esos vapores. No teniendo el ácido bórico ningún olor propio, es capaz así de eliminar el olor de otros compuestos. Su efecto conservante deriva de su capacidad oxidante como ácido suave, de manera que es capaz de impedir el ataque de hongos, levaduras y otros agentes que degradan los compuestos orgánicos.

Si queremos saber para qué se ha utilizado un cierto compuesto químico, las posibilidades son generalmente muchas, pero el método científico que ha funcionado desde hace 300 años años indica que ante un dilema cualquiera, la solución correcta es, generalmente, la más sencilla. Por ejemplo, ante el movimiento de los cuerpos, los sabios de la antigüedad propusieron hipótesis tales como espíritus que los empujaban, vacíos que los atraían, etc. La respuesta correcta es también la más sencilla: los cuerpos se mueven de acuerdo con las fuerzas que actúan sobre ellos. Así, una flecha cae hacia tierra por la fuerza de la gravedad, y se frena por la fuerza del rozamiento del aire.

En el caso del ácido bórico, ante el problema de para qué puede utilizarse, científicamente deberíamos elegir, como hipótesis más probable, las dos más sencillas: su uso para disfrazar olores o para conservar compuestos orgánicos. Este sería el caso, quizás, de alguien que quisiera que no se detectara alguna actividad criminal como el tráfico de drogas o el manejo de sustancias químicas peligrosas.

Por Antonio Ruiz de Elvira es catedrático de Física Aplicada de la Universidad de Alcalá de Henares.

Fuente: www.elmundo.es
24.09.06

Especial: 11-M. Atentado en Madrid

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