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Revista de Prensa: Noticias

Miércoles, 4 de octubre de 2006

Joyeros, cuando la muerte es un cliente habitual

Vigilados, perseguidos... Las bandas organizadas atemorizan a este gremio que sufre un ataque violento cada tres días

 

Fausto, Antonio y Joaquín. Estos no son sus nombres reales. No están las cosas para dar nombres. Y de fotos, ni hablemos. Ellos tres son representantes de joyería. No la imagen de joyero tras el mostrador que muchos tienen en la retina, sino asalariados que recorren la ciudad mostrándo su género de tienda en tienda. Igual que lo era José Manuel Mateo, salvajemente asesinado el lunes en un intento de robo que ha hecho saltar todas las alarmas en el gremio. Por extensión, el comercio madrileño en general se ha puesto de nuevo en máxima alerta, al ver como el ‘modus operandi’ de los asaltantes se recrudece día a día y la vida cada vez vale menos.

Los joyeros, junto con peleteros y perfumeros, son quienes más sufren los asaltos con violencia. Cuando un periodista aborda a estos hombres -incluso en un momento de recogimiento como el del viernes, cuando daban el último adiós a su compañero en el tanatorio-, lo primero que hacen es pedirle una identificación. Cualquiera puede no ser lo que parece.

Presa fácil
«Atracar a un representante es tan facil como cortarle el cuello a un taxista». Así de gráficamente describe Fausto, que es representante por cuenta propia y conocía personalmente al fallecido, la situación de inseguridad total con la que lidia cada día. Conoce de primera mano lo que es ser atracado: «En el 96 me tocó a mi. Bajaba de casa y seis hombres me cortaron el paso en el rellano. Cuatro viniendo desde abajo y dos desde arriba. Armados. Otros dos esperaban en un coche fuera. Es difícil de describir, fue extremadamente desagradable».

Actuaciones coordinadas que exigen un seguimiento previo. «Pero es que es facilísimo seguir a un representante, localizarlo. Traje, corbatita, el coche, el maletín... blanco y en botella», explica.

Su compañero Antonio apunta que, desde el gremio también se debería hacer una cierta autocrítica. «Esta claro que hace falta reforzar la ley y esta claro que los asesinos son ellos... pero es absurdo que un representante se vea obligado a ir de joyería en joyería mostrando su género a la vista de todos». «Normalmente», añáde, «el joyero ni siquiera te recibe en un despacho, tienes que abrir la maleta encima del mostrador. Localizarnos es un juego de niños».

La mayor parte de estos trabajadores son simples asalariados de una empresa. «Hay una percepción errónea por parte de la gente en general», explica con amargura Joaquín, «que provoca una cierta anestesia en la sociedad: creen que todos los joyeros somos millonarios». «Esto es como cualquier otro gremio», apunta Antonio, «hay algún millonario y una gran masa de simples trabajadores».

Excepto por el hecho de que esos trabajadores acarrean a través de la ciudad maletines con muchos millones de las antiguas pesetas, sin más protección que sus propia precauciones y el cuidado de la policía. «Siempre han funcionado bien cuando yo les he llamado, eso es cierto, pero si te pillan desprevenido, poco puedes hacer», comenta Joaquín.

El también tuvo su amarga experiencia. «Ni me amenazaron, directamente la emprendieron a golpes conmigo y cuando estaba en el suelo me apuntaron con una pistola: Ni te muevas».

En esa ocasión se llevaron nada menos que 200.000 euros, casi cuatro veces el montante que el lunes le costó la vida a José Manuel. El tercero de nuestros testigos tampoco se salva. Hace un año cuatro individuos desplumaron a Antonio amenazándole con un cuchillo de grandes dimensiones. «No es el peor caso que conocemos. Hace poco a un compañero le pusieron una pipa en la boca cuando llevaba en el brazo a su hijita de pocos meses».

Ferias peligrosas
Los tres afirman que a menudo se producen oleadas de robos tras las ferias de joyería. «La cosa no está profesionalizada», afirman, «entra quien quiere y muchos pueden ser gente que venga a observar para luego dar sus golpes. Habría que obligar a acreditarse como Almacenista, comercial, fabricante o joyero y cerrar terminantemente el paso a cualquier otra persona». Tal y como están las cosas -mala señal- los representantes casi envidian el funcionamiento de Venezuela, «donde hay grandes centros con mucha seguridad para efectuar estas gestiones», o el de México, «con guardias con ametralladoras en las puertas de las joyerías».

La gran pregunta que resta en este complicado cuadro vital es ¿a donde va el material robado? «Sabemos que hay gente que lo recibe y lo mueve... Y ¡cuidado! algunos dentro del gremio de joyeros, eso esta claro. Hay peristas que controlan el tema. Hay material ofreciéndose por ahí a precio de origen, y eso mosquea bastante. Parte irá fuera pero parte se queda en España, eso está claro».

En definitiva, todos coinciden en que el estado es de una penosa inseguridad para el trabajador. «Hacen falta determinaciones mucho más drásticas por parte del Gobierno. La gestión actual no tiene mucho sentido. Hay que exigir a Zapatero que sea mucho más rígido en esto. La situación actual favorece al delincuentes». Blanco. Y en Botella.

Una reforma penal «parcial e insuficiente»
Los joyeros critican el proyecto de reforma del Código Penal y acusan al Gobierno de pasividad

«Supongo que no hay que gastar dinero en cárceles porque es más importante ahorrar que la vida de un joyero». Esa frase, espetada el viernes por un representante del gremio, podría definir la sensación de impotencia en la que viven los trabajadores de la joyería ante la pasividad gubernamental. Una vez encajado el golpe del asesinato de José Manuel Mateo, su prioridad ética es retomar con energía una serie de reivindicaciones que no son nuevas.
«No hay que hablar de lo que está haciendo el Gobierno, sino de lo que nO está haciendo», afirmaba categoricamente el viernes Armando Rodríguez, secretario general del gremio de joyeros. Sus reivindicaciones son simples: que la ley se cumpla, y si es necesario, que se reforme; que se castigue la reincidencia y se endurezcan las normas de expulsión contra delincuentes extranjeros. Y por supuesto, ya en el aspecto represivo-preventivo, que se incremente la presencia policial. «Hacen falta más agentes de paisano, gente que trabaje sobre el terreno identificando a quienes nos siguen y nos roban», afirma un representante de joyería.

Promesas
Tras el asesinato hace quince meses del joyero Antonio Sancho en Móstoles, el Ejecutivo central prometió revisar no sólo el Código Penal sino también la Ley de Enjuiciamiento Criminal. Se pedía que la prisión provisional se aplicase a los reincidentes, que forman el grueso de atracadores.
También se requería que se tratara con determinación a la delincuencia organizada extranjera. No en vano, algunas asociaciones de comerciantes cifran en un 70 por ciento del total los delitos cometidos por extranjeros.

Por el momento, la Ley de Enjuiciamiento Criminal permanece intocada. En cuanto al Código Penal, su anteproyecto de reforma ha decepcionado las expectativas de los comerciantes en general. Aprecian que se endurezca el castigo conrtra los reincidentes, pero aparte de eso, los joyeros sienten que ninguna de sus consideraciones ha sido atendida. «Antes, si un delincuente extranjero era expulsado del país, no podía regresar en diez años. Ahora puede volver en tres», apuntan. En realidad se deja a la discrecionalidad del juez el tiempo de expulsión, entre tres y diez años.

El panorama dibujado por este anteproyecto, a juicio de estos trabajadores, «lejos de mejorar dibuja un futuro tremendamente dramático para nosotros y para muchos otros comerciantes y ciudadanos».

José Miguel Martínez, abogado, vocal de la Cámara de Comercio y secretario del gremio de Peleteros, otro colectivo laminado literalmente por la masiva delincuencia, recuerda que no hay que olvidar que se trata de bandas organizadas, pero «¿quién y cómo determina si lo son realmente para aplicarle el agravante? En todo caso, la exposición misma del anteproyecto incide en este aspecto, dándole categoría de realidad definitivamente instalada en nuestra sociedad y aumentando las penas para este supuesto, con el posible daño contra la vida de las personas o su integridad.

Menos cárcel
Armando Rodríguez, además, criticó duramente la tendencia general a ir suprimiendo las penas de privación de libertad por otras soluciones menos gravosas en principio. «El arresto domiciliario ya fracasó tras la reforma del 85», apunta, y añade que son conscientes de que las cárceles están saturadas, pero que «ese no es nuestro problema. Que los metan en un hotel si quieren, nosotros lo único que pedimos es poder desarrollar nuestro trabajo en paz y de manera honrada y segura».
Las palabras del Presidente del mismo gremio, José Luis García Lubén, definen bien una situación que califica de «vergonzosa». «Me hablan de seguridad privada», dice, «y yo conozco esa seguridad, pero reitero que tenemos derecho a la que debe proporcionar el mismo Gobierno, la que nos garantiza el estado de derecho y la constitución».

Organizados y multirreincidentes
El perfil del atracador organizado que opera en España es bastante fácil de definir. De hecho, los rasgos apuntados por los testigos del brutal asesinato del lunes arrojan un buen retrato robot de su idiosincrasia. Profesionales del delito, reincidentes, muy violentos, medianamente organizados y en su mayoría extranjeros. Los hechos cantan. Se trata principalmente de ciudadanos de países del este de Europa y de sudamérica, con antecedentes por delitos del mismo tipo, y en algunos casos, como se ha comprobado, multireincidentes. Su ‘modus operandi’ es extremadamente violento, por lo que en algunos casos, ni siquiera intimidan a la víctima para robarle, sino que directamente pasan a la agresión.

Prefieren la acción directa contra las personas que el robo silencioso ejecutado en ausencia de personas. Pese a todo este salvajismo aparentemente incontrolado, no es difícil darse cuenta de que se trata de bandas organizadas. Casi todos los golpes, exitosos o fallidos, exigen un seguimiento y un conocimiento de las rutinas del trabajador. Posteriormente, se aseguran de obtener una situación de ventaja, actuando en grupos numerosos, de cuatro o más personas, aunque no todos ellos participen en la agresión. «Nosotros podemos llevar armas en algunos casos», comenta un representante , «pero es que yo no soy un pistolero para andar por ahí a tiros. Soy un trabajador». Definitivamente, la época del delito de guante blanco toca a su fin. Nadie hubiera dicho que un día se recordaría con cierta nostalgia a los «butroneros», como una figura casi romántica. Desgraciadamente, entre los comerciantes madrileños, está empezando a ser así.

El poder de las minorías

Ayer despedimos a José Manuel. Estaban con él su familia, amigos y compañeros. Seguro que se encontró querido y acompañado. El lunes, los joyeros volverán a abrir las tiendas y a salir con sus muestrarios alegres y confiados. No hay más que mirar alrededor para saber que todo irá bien. El Gobierno de España todavía no está preocupado. Entre que mueran comerciantes y ciudadanos ó cambiar la Ley que lo evite, parece dejar que suceda lo primero; entre invertir en establecimientos penitenciarios o permitir a los habituales del delito seguir en libertad, prefiere lo último; entre traer trabajadores inmigrantes de forma organizada y con un futuro de esperanza o que estén en la indigencia callejera, prefiere lo segundo; entre expulsar al delincuente extranjero condenado y no permitirle volver en 10 años como dice la norma actual o permitirle regresar a los 3, como plantea el proyecto del Gobierno, elige esta opción. Creíamos que la democracia era un acuerdo de los individuos para delegar la autoridad sobre sí mismos a los deseos de la mayoría, que representaba el interés general. ¡ Craso error !. Hay que ser minoría para ser respetado y atendido. Mientras que los tres millones de comercios de España son saqueados y sus titulares asesinados, el Gobierno atiende con urgencia los intereses de minorías, y pongo como ejemplos, sin prejuzgar su interés, la ley que regula el derecho de las personas del mismo sexo a contraer matrimonio (enero de 2005 ), o la que facilita el divorcio ( noviembre de 2004) o la que atiende los intereses de minorías nacionalistas, etc. A los comerciantes, silenciosos, honrados y legales, no les va a quedar otro remedio que esperar a ser exterminados hasta representar una minoría cualificada digna de recibir las atenciones de nuestro Gobierno.

Secretario General del Gremio de Joyeros de Madrid

Fuente: www.larazon.es
01.10.06

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De Cerca: La seguridad en el sector de la joyería
Entrevista con José Luis Gómez, Director de Seguridad, Agente de Innovación Tecnológica, Responsable técnico del CDT de seguridad del Gremio de Joyeros y profesor del Máster Ejecutivo en Dirección de Seguridad Global (MEDSEG), por Silvia García, editora de www.belt.es

Experto: Acciones contra la delincuencia con motivo del asesinato de un joyero, por José Luis Gómez  (05/10/2006)
Experto: Eficacia frente a los "alunizajes" con maza en las joyerías, por José Luis Gómez (27/09/2004)

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