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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

Revista de Prensa: Noticias

Lunes, 4 de diciembre de 2006

Fátima Najar, la abuela suicida

Madre de nueve hijos que le han dado 41 nietos, la palestina de 67 años se convierte en la décima mujer bomba del conflicto

 

En el vídeo de despedida que grabó Fátima Najar, la palestina de 67 años no olvidó la parafernalia que exigen estas ocasiones. Un pañuelo blanco cubriéndole la cabeza; la banda verde de Hamas en la frente y un fusil M-16, que algún miliciano le debió prestar para que lo empuñara.

Foto: www.meknes-net.com

«Soy la mártir Fátima al Najar de la villa de Yabalia. Trabajo para las Brigadas de Izzadin al Qassam [el brazo armado de Hamas] y me sacrifico por Dios, la nación, [la mezquita de] Al Aqsa [de Jerusalén]. Estoy llena de cólera por la suerte de mi patria, los mártires y los prisioneros. Le pido a mis hijos e hijas que no lloren por mi muerte y que repartan dulces a la gente. Espero que Dios me acepte», afirmó en una cinta de vídeo que dejó para ser distribuida durante la noche del jueves.

Ese día por la mañana la señora había requerido un último encuentro con toda su prole: nueve hijos y 41 nietos. Incluso se acercó a despedirse de aquellos que no acudieron a su domicilio. Al mediodía abandonó el habitáculo.

«La noche anterior nos había dicho que iba a realizar esta operación y que estaba preparando su vestido. No quiero nada, sólo morir como mártir, nos dijo», explicó uno de sus hijos, Zuheir, de 20 años de edad.

A las cinco de la tarde de esa jornada, Fátima se encaminó hacia una de las posiciones que los israelíes ocupan en Yabalia, en el norte de Gaza, y se inmoló convirtiéndose así en la primera abuela suicida de la presente intifada y en la décima kamikaze del conflicto.

La explosión sólo hirió levemente a tres militares. Los uniformados evitaron mayores daños al sospechar de la fémina y conminarla a detener su marcha. Un portavoz del Ejército israelí aclaró que la señora intentó volarse junto a un grupo de soldados, pero éstos se apercibieron de sus intenciones «y le dispararon provocando que la bomba que portaba explotara antes de tiempo».

La noticia de su muerte fue acogida no con duelo, sino con júbilo por su familia, que ayer recibía la «felicitación» de cientos de vecinos de Yabalia.

Una escena que recordaba el ambiente festivo que se vivió en el campo de refugiados de Al Amari, cerca de Ramala (Cisjordania), cuando el 27 de enero de 2002 Wafa Idris hizo detonar el explosivo que llevaba en pleno centro de Jerusalén, matando a dos israelíes e hiriendo a 150.

En aquel entonces fue la propia madre de la difunta, Mabrook Idris, quien se dedicó a repartir caramelos entre los palestinos que acudían a su domicilio. Los familiares de Wafa, la primera mujer bomba palestina, también adujeron que su terrible decisión se había inspirado en el sufrimiento de los palestinos que tenía que asistir a diario al trabajar como enfermera de la Cruz Roja.

La historia de Fátima es todavía más dramática. Según el relato de su clan, tres de sus hijos fueron arrestados por las tropas israelíes durante la primera intifada en 1987 y uno de ellos permaneció en la cárcel durante 10 años. Dos de los vástagos fueron heridos en aquella algarada y las tropas israelíes destruyeron su domicilio, según la agencia Ramattan.

En 2004, uno de sus nietos murió en una de las acometidas israelíes. «Otro nieto está en una silla de ruedas con una pierna amputada», precisó Fatheya, otra de sus hijas, de 52 años.

Buscar el martirio

Precisamente, Fatheya acompañó a Fátima el día 3 en un episodio que, como escribía el mismo diario israelí Haaretz, «probablemente se erigirá en otra leyenda fundamental de la narrativa palestina de la segunda intifada»: la marcha de mujeres que desafió el cerco militar de Beit Hanun y ayudó a liberar a los militantes cercados en la mezquita de Al Nasser. «Fuimos juntas a la mezquita. Ibamos buscando el martirio», reconoció Fatheya.

«No podía permanecer indiferente a la ocupación, la destrucción, las muertes, las invasiones de Gaza. Ya he estado en una cárcel israelí, pero si Dios quiere yo y toda mi familia seremos mártires, después del gran honor que nos ha sido concedido con la muerte de mi madre», afirmó Yihad, vástago de la suicida.

Al margen de la aureola que pretenden establecer los grupos armados palestinos en torno a figuras como Fátima, lo cierto es que su acción extrema -que sucede a la que protagonizó otra joven de 18 años el día 6- podría confirmar el recurso generalizado de las milicias de Gaza a kamikazes femeninas, algo que ya anunciaron en junio.

«Le dijimos al enemigo sionista que encontrarían muchas sorpresas y ésta es una de ellas», apostilló Abú Obeideh, portavoz de los activistas armados de Hamas.

Fuente: www.elmundo.es
25.11.06

Suplemento Temático: Mujer y Seguridad

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