Ver Suplemento Temático...


Seguridad Pública y Protección Civil.

 

Revista de Prensa: Noticias

Viernes, 16 de febrero de 2007

Observados veinticuatro horas

En el banco, en los centros comerciales, en la calle, en el Metro y, ahora también, en el autobús

 

Foto: La RazónSiempre hay una cámara grabando. La mayoría de los madrileños prefieren sentirse vigilados a cambio de más seguridad.

Vivimos rodeados de cámaras. Los bancos, los supermercados, los polideportivos, el transporte público… El ansia por la seguridad de la sociedad hace que en todos lados se instale videovigilancia. Nuestras vidas cotidianas prácticamente se pueden reconstruir a base de cintas de video. Ahora las administraciones graban multitud de lugares públicos para garantizar la seguridad. El problema es que eso significa obligatoriamente entrometerse en la vida callejera de la gente. Por eso, la ley se las ve y se las desea para encontrar a través de un objetivo la forma de garantizar la privacidad del público mientras disuade a los criminales.

El pasado lunes, el Ayuntamiento de Madrid presentó un nuevo proyecto para incrementar la seguridad en las líneas de autobuses urbanos de la capital. Diez coches de los trazados más conflictivos incorporaron cámaras de seguridad con las que los conductores pueden comunicar las incidencias que se producen en marcha.

Es el último grito en videovigilancia y un paso más dentro de la apuesta por la seguridad y respeto de la ley en la capital. Antes ya lo hicieron en otros lugares públicos como la Plaza Mayor, el Metro de Madrid o los barrios de las Letras y Embajadores.

Las dos caras
Manuel es transportista y todas las mañanas se desplaza hasta la plaza de Cascorro para llenar su furgoneta. El 15 de enero, el Ayuntamiento de la capital instaló cámaras en esa zona para prevenir el estacionamiento irregular. Su bolsillo no está muy contento con la medida. «Vivo todo el día con la psicosis de estar vigilado cuando paso por aquí, y yo sólo vengo a trabajar, no estoy robando a nadie. Mientras tanto, ya me han puesto tres multas. Si quieren poner cámaras que lo hagan para que nos sintamos seguros, no para recaudar dinero a costa de los trabajadores».

Mientras, Marga está encantada con estos aparatos. Una cámara del Metro de Madrid evitó que atracaran a un amigo suyo en la estación de Atocha hace ocho meses. «Los guardias llegaron a tiempo porque sabían dónde estaba pasando todo y cogieron al ladrón. Prefiero perder un poco de intimidad y sentirme más segura en mi ciudad. Habría que instalarlas en algunos otros sitios públicos, porque da miedo pasear por algunas calles como la Gran Vía. Sobre todo, por la noche».

Foto: La RazónEntre estas dos opiniones está Luis, un estudiante de Derecho. Opina que la vigilancia tiene que guardar un equilibrio. «Que pongan cámaras por seguridad me parece bien, pero sólo deberían estar donde sea estrictamente necesario. Si no, el Estado controlaría todo lo que hacemos o dejamos de hacer por la calle, y eso no es muy democrático».

Rosa vive en el centro y prefiere confiar en los humanos antes que en las máquinas. «Me parece bien que haya videovigilancia, pero prefiero que haya más policías. Las cámaras deben ser un instrumento de apoyo, no una solución. Si me vienen a atracar con una navaja o una pistola, me gustaría que viniese un policía a socorrerme, porque la cámara no va a descolgarse y a detener al ladrón. Además, si tengo que esperar a que el que está viendo las pantallas llame a los agentes, cuando quieren llegar el criminal ya está en Pakistán. Y eso no es muy práctico, ni aunque le hayan grabado la cara. El susto y el robo ya lo he sufrido». 

La Agencia Española de Protección de Datos publicó la Instrucción 1/2006, de 8 de noviembre de 2006, para regular el tratamiento y captación de imágenes mediante videovigilancia. Esta norma, basada en la Ley Orgánica 15/1999, comprende la grabación, captación, transmisión y almacenamiento de imágenes, incluida su reproducción o emisión en tiempo real, así como el tratamiento de los datos personales obtenidos con ellas. Permite que se puedan realizar grabaciones en un determinado espacio siempre que se cumplan las leyes que regulan la intimidad de las personas.

Para ello, los lugares vigilados por cámaras deberán tener carteles identificativos que avisen de su presencia. La instalación sólo está permitida cuando la vigilancia que se busca no se puede obtener mediante otros medios menos agresivos con la privacidad.

Sólo lo necesario
En cuanto al tratamiento, la norma estipula que sólo es necesario cuando las imágenes sean pertinentes y no excesivas con la finalidad que se está buscando. En este caso, la seguridad. En las grabaciones de espacios públicos, además, debe evitarse el tratamiento de cualquier dato innecesario para la finalidad de la vigilancia. Las personas captadas siempre pueden solicitar visionar las imágenes. Si éstas no son útiles (por ejemplo, si no sirven como prueba para un delito), la autoridad sólo puede conservarlas un mes. Después tienen que ser eliminadas.

Foto: La RazónSegún explicó el pasado miércoles el concejal de Seguridad y asuntos de la Comunidad del Ayuntamiento de Madrid, Pedro Calvo, en las jornadas «Videovigilancia 2007, Pública y privada» el Consistorio de la capital «ha respondido en los últimos tres años y medio a la demanda de seguridad de los ciudadanos» en dos direcciones: en los propios edificios municipales, con circuitos cerrados de televisión y tarjetas corporativas; y en los espacios públicos, como la Plaza Mayor, a través de las cámaras de vigilancia.

Según explicó el edil popular, «el Ayuntamiento se ha adelantado a la Ley de Protección de Datos en la implantación de medidas que garanticen la privacidad de los datos de los ciudadanos y la gestión de los mismos en lo referido a videovigilancia. Estos sistemas apuestan sobre todo, por una línea disuasoria para reducir la delincuencia».

Los conductores de autobús han adoptado la medida con satisfacción. Las cámaras les quitan bastantes preocupaciones en su trabajo diario. Un conductor de la línea 27 de la EMT (una de las más inseguras del servicio) explica: «Sabemos perfectamente quiénes son los que roban o montan follón, y lo máximo que podemos hacer es no dejarles subir cuando vienen. Pero es una línea que utiliza tanta gente distinta al día, que siempre se cuela alguno. Las cámaras nos van a venir muy bien para que se controle a todos estos sujetos, porque nosotros nos sentimos indefensos.

Protección
«Siempre ocurre lo mismo, si les dices algo te buscas problemas. Te amenazan, te insultan y no puedes hacer nada. A un compañero, unos chavales le rompieron la cara y el brazo hace dos semanas en Argüelles por llamarles la atención porque se habían subido sin pagar. A mí me han sacado un pincho más de una vez para no tener que pagar. Y como no hay pruebas es su palabra contra la tuya. Si tienes la cámara les puedes denunciar y protegerte, a ti o a tus pasajeros. Si no, además de apaleado, quedas como mentiroso».

Julia García es una jubilada que ya ha sufrido la inseguridad en el transporte público. «Los autobuses son el sitio preferido de los carteristas. A mí me quitaron la cartera en el circular y ni me enteré. Me dieron un pequeño empujón, me distraje y alguien me birló el monedero. Por eso, me parece bien que pongan cámaras. Yo me siento más segura y, en el fondo, casi ni te das cuenta de que te vigilan. Lo bueno que tiene es que disuade a los ladrones de robar y a los que se atreven les pueden coger fácilmente».

Pero, aunque la mayoría de los ciudadanos comprenden la seguridad que aporta la videovigilancia, algunos creen que eso tiene que conllevar algo más. Juan trabaja desde hace diez años en una terraza de la Plaza Mayor, está contento con las cámaras, pero cree que es necesario endurecer las leyes para que la seguridad sea efectiva. «Pueden poner las cámaras que quieran, pero si las personas que roban están a los dos días en la calle, esto no sirve para nada. Sólo consiguen que el problema se repita una y otra vez. Hay que hacer que el que roba lo pague y se acuerde toda su vida ».

Helvia, una vecina del centro acostumbrada a las cámaras de la céntrica plaza tampoco está convencida de que esta medida garantice la seguridad. «A mí me parece muy bien que pongan cámaras siempre que eso lleve unido un incremento de la seguridad a todos los niveles: que haya más policía y otros medios para garantizar nuestra tranquilidad. Si no, ¿para qué sirven las cámaras? Por eso tampoco me convence la medida». «Tengo la sensación -añade- de que los ladrones tienen total impunidad en esta ciudad. En Singapur, hay cámaras en todas las calles. Te sientes vigilada, pero tiras un papel al suelo y tienes al policía poniéndote la multa a los treinta segundos. Eso aquí no pasa, ponen cámaras pero no aumentan el número de agentes de policía».

Imágenes con fecha de caducidad
«Realmente, andar por la calle no se considera un momento de privacidad de las personas. O, por lo menos, es mucho más leve que si se está en casa. Por eso, cuando se ponen cámaras en la calle, realmente no se está vulnerando de manera flagrante la intimidad de las personas. Sobre todo, porque las imágenes se reciben a tiempo real, lo que reduce mucho la posibilidad de manipularlas. Eso sí, los ciudadanos tienen que ser conscientes de ello. Por eso se ponen los carteles y pegatinas indicativas bien visibles. Para que la gente sepa el tratamiento y las condiciones a las que están siendo objeto». Juan Carlos Almazán es abogado especialista en protección de datos y derecho a la intimidad. Explica que las grabaciones de la videovigilancia callejera, siempre que se utilicen para un fin de seguridad sin excesos, no son lesivas para el ciudadano. «Las grabaciones sólo se conservan si se pueden utilizar como prueba para algo que pueda suponer responsabilidad legal. Las autoridades competentes tienen la obligación de eliminar las grabaciones que no sean útiles. Si en cualquier caso, una de estas imágenes se custodiase durante un periodo más prolongado del establecido en la Ley o se utilizase para algún fin distinto al inicial sin autorización de los que aparecen en las imágenes, entonces se incurriría en delito contra la intimidad y la propia imagen del ciudadano», explica.

Sin embargo, el choque legal se produce cuando el ciudadano se expone a estas grabaciones. «Cuando vas por la calle -añade- y alguien te hace una foto, tienes derecho a negarte, porque pueden utilizar tu imagen para algo que no tenga nada que ver con la razón de la foto. Y ese derecho se extiende en el tiempo. Por eso, hay que realizar un control exhaustivo para que no se usen imágenes que no corresponden, porque se puede dañar a las personas». Para Almazán, “en este caso, no te puedes negar a que te graben, pero sí puedes exigir tu derecho de acceso, oposición y cancelación por escrito certificado. Pero las imágenes tienen una caducidad de un mes. Así que, en la mayoría de los casos, si no se ha hecho nada ilegal, tampoco hay por qué preocupars

Fuente: www.larazon.es
11.02.07

Suplemento Temático: Videovigilancia

Esta noticia ha sido vista por 3332 personas.