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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

Revista de Prensa: Noticias

Miércoles, 7 de marzo de 2007

El Estado Mayor pedirá más soldados para reforzar la seguridad en Afganistán

El general Sanz elevará una propuesta al ministro de Defensa, José Antonio Alonso

 

El Estado Mayor de la Defensa está actualizando aceleradamente los planes para reforzar la seguridad de las tropas en Afganistán, tras el ataque que costó la vida a la soldado Idoia Rodríguez el pasado día 21. Con toda probabilidad, estos planes supondrán un incremento de los actuales 690 efectivos y deberán ser aprobados por el Parlamento. Mientras se decide un aumento, el Mando de Operaciones ha tomado ya varias medidas, como el envío de Blindados Medios de Ruedas (BMR) a la provincia de Badghis, donde hasta ahora se carecía de este tipo de vehículos.

"Por supuesto, si el Mando de Operaciones lo estima conveniente, seguiremos incrementando las medidas para reforzar la seguridad de nuestras tropas en Afganistán", aseguró el pasado miércoles en el Congreso José Luis Rodríguez Zapatero, en respuesta a Mariano Rajoy.

Gráfico: El País

Las palabras de Zapatero, aunque ambiguas, han sido suficientes para sacar del cajón los planes de refuerzo del contingente en Afganistán, archivados desde el pasado 30 de enero, cuando el presidente descartó públicamente cualquier aumento. No es que ahora lo anunciara, pero tampoco cerró la puerta, como hace un mes.

Y, sobre todo, trasladó al jefe del Estado Mayor de la Defensa, general de Ejército Félix Sanz, y al Mando de Operaciones, teniente general Bernardo Álvarez del Manzano, la responsabilidad de adoptar todas las medidas necesarias para que las tropas tengan "la seguridad máxima posible". En breve, según las fuentes consultadas, Sanz elevará una propuesta al ministro José Antonio Alonso.

La seguridad del contingente constituye una preocupación permanente y los planes se actualizan de forma periódica, pero el anuncio de que la inminente primavera traerá una escalada de violencia obliga a un esfuerzo especial. Los planes que barajaba el Estado Mayor a principios de enero eran similares a los de hace un año: una petición de 300 soldados que al final se quedó en la mitad.

En mayo de 2006 se reforzó el contingente con 150 militares y medios tales como un avión de transporte C-295 y 18 BMR, dos de ellos ellos preparados como ambulancia (uno lo conducía Idoia Rodríguez).

Actualmente, se está completando la instalación de escudos de protección para los tiradores de los Uro Vamtac (Vehículos del Alta Movilidad Táctica) y de inhibidores de frecuencia, para neutralizar bombas activadas con mando a distancia, en todos los vehículos. También se van a enviar cuatro BMR (con un blindaje más robusto que los Vamtac) a Qal-e-Naw para equipar una una sección de la compañía del Equipo de Reconstrucción Provincial (PRT) español, pese a tratarse de una zona relativamente tranquila.

Las medidas afectan también a la preparación de las tropas. La Brigada de Cazadores de Montaña, que acaban de tomar el relevo en Afganistán, ha sido instruida en conducción en zonas de conflicto o reacción frente a emboscadas o ataques con minas y bombas trampa.

Los compañeros de Idoia vieron a un afgano salir huyendo tras la explosión que le costó la vida
Los compañeros de Idoia Rodríguez, la militar fallecida en el 21 de febrero en Afganistán por la explosión de una mina, vieron cómo un individuo subía a un vehículo y se daba a la fuga después del ataque, según fuentes próximas a la investigación. El individuo, aparentemente un afgano, estaba a unos 150 metros, en posición de cuerpo a tierra, cuando se produjo la explosión. La presencia de esta persona podría avalar la teoría de que el artefacto fue activado por mando a distancia, pero también, según las fuentes consultadas, podría tratarse de un talibán que esperaba para recuperar la mina si ésta si no hubiera estallado.

Los informes de los equipos de desactivación españoles apuntan a que el artefacto era una mina anticarro de entre 6,6 y 7,5 kilos de explosivo, colocada poco tiempo antes para que explotara al paso de la patrulla. Se descarta así la tesis de la policía afgana de que pudo tratarse de la explosión accidental de una mina abandonada.

Los expertos del Ejército creen que el artefacto era una TM-62P, de fabricación rusa (de 320 milímetros de diámetro y 113 de altura, con 7,2 kilos de TNT) o una TC-6 italiana (273 milímetros de diámetro y 179 de altura, con seis kilos de RDX y TNT). En todo caso, sería una mina de presión que se activó al pisarla con la rueda delantera izquierda del blindado que conducía Idoia.

Los técnicos no hallaron en la zona restos de cables o circuitos electrónicos, ni tampoco de la metralla con que se rellenan los artefactos explosivos improvisados (IED), aunque todas las muestras recogidas se han remitido al laboratorio militar de La Marañosa (Madrid), para su análisis exhaustivo.

La explosión fue de gran potencia, hasta el punto de que lanzó la llanta de la rueda delantera izquierda a unos 100 metros y el BMR, de 14 toneladas de peso, giró 180 grados sobre su lado derecho. La onda expansiva desgarró el blindaje bajo el asiento del conductor y probablemente habría matado también a los otros tres ocupantes del BMR si no hubiera estado abierta la escotilla del jefe del vehículo. El cráter redondeado que produjo en el suelo tenía aproximadamente un metro de diámetro y entre 25 y 50 centímetros de profundidad.

El atentado se produjo a las 15.30 hora local, cerca de la localidad de Shindand, a unos 100 kilómetros al sur de la base hispano-italiana de Herat y a sólo siete del lugar donde otra patrulla española fue objeto de un ataque suicida, sin bajas, el pasado 13 de noviembre.

La patrulla volvía de escoltar a dos equipos italianos dedicados a instruir al Ejército afgano por una ruta distinta a la utilizada en el viaje de ida.
 

Fuente: www.elpais.es
05.03.07

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