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Revista de Prensa: Noticias

Jueves, 3 de mayo de 2007

La Universidad española, indefensa ante la masacre de Virginia

Un caso como el del estudiante surcoreano resulta casi impensable en España

 

Foto: www.elmundo.esAún así, el libre acceso y la ausencia de Policía en la Universidad aumentan su vulnerabilidad ante cualquier delito, como un atentado terrorista.

Es más fácil para un menor de 21 años conseguir munición que alcohol». Es el día a día que acontece en Estados Unidos y al que ya se ha acostumbrado Ángel Prado, un estudiante español que cursa Informática en uno de tantos campus amparados en el legendario emblema de las barras y las estrellas.

El suyo está en el Estado de Illinois. Desde allí ha sido testigo de la terrible alarma social desencadenada tras la matanza de la Universidad Politécnica de Virginia, donde 32 personas fueron asesinadas por Cho Seung-Hui, el estudiante surcoreano que, después de su particular 'hazaña', decidió quitarse la vida.

Prado no relaciona el suceso con el ámbito universitario, sino que «puede pasar en cualquier otra parte». Y lo avala con datos: «En el instituto, miles de estudiantes llevan armas a diario como si fuera una rutina; incluso los defensores de las pistolas dicen que si hubiera habido más gente armada en el campus alguien hubiera parado al asesino antes».

El estudiante relata que, todavía hoy, se respira un ambiente enrarecido en las aulas, donde las banderas siguen ondenado a media asta, los minutos de silencio se repiten a diario y la comunidad universitaria se aferra a una vestimenta marrón y naranja «en tributo a los caídos de Virginia».

Además, las medidas de seguridad se han incrementado, anunciando nuevos planes de emergencia y dispositivos de detección temprana de gente problemática y colocando en la mayoría de los campus agentes encubiertos. Son las consecuencias inmediatas de una tragedia de tamaña magnitud. Pero, ¿podría ocurrir algo parecido en España? Y de ser así, ¿cómo reaccionarían las universidades? ¿existen suficientes medidas de seguridad? ¿se cuenta con algún plan de emergencia?

Expertos académicos como Esperanza Vaello, profesora de Derecho Penal de la Universidad de Alicante, aseguran que, «sin perder de vista que cualquier pronóstico está lleno de incertidumbre», es bastante improbable que una tragedia de tal magnitud se produzca en España.

Aporta un motivo básico: la diferencia existente entre la regulación legal sobre tenencia de armas de fuego en Estados Unidos y España, totalmente permisiva en el primer caso y todo lo contrario, en el segundo.

Incluso la Segunda Enmienda a la Constitución americana recoge el derecho legítimo a poseer armas. Se trata de una tradición que hunde sus raíces en 1689, año en el que se reconoció el derecho, pero sólo a los protestantes.

Y es algo que, a corto o medio plazo, no parece que vaya a cambiar demasiado. «Nuestra cultura no tiene nada que ver con la estadounidense. Eso no quita que una persona desequilibrada pueda actuar así en cualquier parte, pero nuestro clima universitario actual no es, en absoluto, conflictivo», señala Javier Sevillano, gerente de la Complutense de Madrid, la universidad más grande de España, con alrededor de 84.000 alumnos.

Sin embargo, Jorge Pla, profesor de Psiquiatría y Psicología Médica de la Universidad de Navarra, asegura que, con la violencia, «hay una permisividad a todos los niveles (películas, programas 'reality-show', videojuegos, comics, juegos de rol...) que hace posible que se produzca un cambio en nuestra cultura tradicionalmente pacífica, acogedora y hospitalaria».

Pla mantiene que una persona que actúa como lo hizo el surcoreano tiene un profundo desequilibrio en su personalidad y no necesariamente tiene que padecer una enfermedad psiquiátrica. «De hecho, nuestros pacientes no son más agresivos que lo que pueda ser el resto de sus conciudadanos».

BOMBA EN EL ASCENSOR. Aun así, el gerente de la Complutense percibe un ataque de «un loco como el de Virginia» como algo lejano, pero es consciente de que la violencia en las aulas aumenta y que aquí pueden darse otros problemas, «más puntuales y esporádicos». El más grave de todos es el riesgo a un atentado terrorista.

Basta remontarse al 18 de diciembre de 2000, cuando la catedrática de Ciencia Política Edurne Uriarte estuvo a punto de perder la vida en la Facultad de Periodismo de la Universidad del País Vasco. En uno de los ascensores de su campus de Lejona la banda terrorista ETA había colocado un paquete-bomba para matarla, pero los efectivos de la 'Ertzaintza' lograron desactivarlo a tiempo.

No corrió la misma suerte el profesor Francisco Tomás y Valiente, que falleció en 1996 después de recibir tres tiros en su despacho de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid. El fiscal acaba de elevar la pena de 72 años y medio de cárcel al etarra Jon Bienzobas por este asesinato.

La presencia de escoltas en las aulas cada vez es más habitual. Pero hay más aspectos a los que hacer frente. Como ejemplo, una manifestación de estudiantes, un 'botellón' multitudinario, una invasión 'okupa' (como la que se está dando ahora en un edificio de la Facultad de Ciencias Físicas de la Complutense) o un acto de violencia de grupos neonazis. Hace tres años, estos últimos destrozaron el mobiliario de diversas facultades, al tiempo que realizaron pintadas amenazantes contra el rector Carlos Berzosa.

Los cabezas rapadas también actuaron en la Universidad de Valencia hace un año, cuando boicotearon una exposición sobre el campo de concentración de Mathaussen.

VIGILANCIA PRIVADA. Para garantizar la seguridad de la comunidad universitaria, la Complutense cuenta con una plantilla propia de 100 vigilantes, además de los servicios de una empresa privada las 24 horas del día. Vigilan, sobre todo, que no haya robos de pertenencias personales, ordenadores o cualquier otro tipo de material didáctico, en especial por la noche, algo que se ha incrementado en los últimos años.

Las medidas de seguridad se completan con la colocación de cámaras o sensores de movimiento en lugares considerados estratégicos y la restricción cada vez mayor de determinadas zonas, ya que la entrada a la universidad es de libre acceso. Todas estas mecanismos se repiten en la mayor parte de los campus españoles, tal y como marca la Ley Orgánica 1/1992, del 21 de febrero, sobre Protección de la Seguridad Ciudadana.

«Es complicado trasladar el caso de la Universidad de Virginia a nuestra sociedad pero, desgraciadamente, el problema del terrorismo sí lo tenemos mucho más cerca y hay que tomar preocupaciones», explica Juan Antonio Cajigal, gerente de la Autónoma madrileña.

Por ejemplo, la comunicación directa con la Policía y la Guardia Civil las 24 horas del día. Cajigal tiene claro que los mecanismos de seguridad cada vez son más efectivos, pero también que prever un atentado es casi imposible. «Hemos realizado simulacros por avisos de bombas y tenemos protocolos sobre cómo actuar en casos de emergencia», añade el gerente.

NO A LA POLICÍA. No sabe cómo reaccionarían tanto alumnos como profesores o Personal de Administración y Servicios (PAS) ante «un drama de las dimensiones del de Virginia», pero opina que la Universidad no puede perder el norte, «ya que se trata de un espacio de libertad, de creación intelectual, y el miedo no debe instalarse».

De hecho, y siguiendo una tradición enraizada en el franquismo, la Policía sólo puede entrar en la universidad si se lo pide el rector como muestra de esa mencionada libertad. Y esto debe darse en un caso insólito de emergencia. Otra cosa es que se refuerzen los dispositivos de seguridad ante un acto concreto que pueda ser conflictivo. «Pero en estos casos, el papel de los policías suelen ser de prevención, casi nunca de actuación», apostilla el gerente Javier Sevillano.

Aun así, es consciente de que puede ocurrir cualquier cosa, «porque, aunque estamos avanzando, el nivel de seguridad no es, ni mucho menos, comparable al de una empresa privada, donde se pide autorización para entrar; aquí no».

Myriam Gutiérrez, responsable del Servicio de Prevención de Riesgos Laborales de la Universidad de La Rioja, comparte su opinión. También habla de los planes de emergencia que se están implantando en todos los edificios del centro académico. «Se ha notado un incremento del interés en este aspecto en los últimos años. Antes, por ejemplo, no se hacían tantos simulacros ante amenazas de bomba o incendios y ahora sí; estamos poniéndonos las pilas».

Además, asegura que los estudiantes son los primeros interesados en el tema. La experta añade cuáles hubieran sido las directrices a seguir si la locura de Cho Seung-Hui se hubiera centrado en su universidad. Primer mandato: evacuar el edificio para evitar males mayores. «El desalojo es lo primero que tenían que haber hecho los responsables de Virginia, y no esperar a que hubiera dos muertos». Después, Gutiérrez habría pedido ayuda externa a la Policía.

Como muestra de la inquietud que despiertan estos temas, muchas universidades adjuntan en el sobre de matrícula a principios de curso información detallada al respecto. Otras, como la de Alicante, cuentan en su página 'web' con un protocolo de emergencia que responde sobre qué hacer en caso de un incendio, una amenaza de bomba o un atentado, junto a los teléfonos de emergencia.

Fuentes del Rectorado añaden que la cooperación de las universidades con las delegaciones del Gobierno para cumplir con los planes nacionales de seguridad también es constante.

PINTADAS AMENAZANTES
Profesores como Edurne Uriarte, Fernando Savater, Jon Juaristi o Gotzone Mora han sufrido las consecuencias del terrorismo de ETA. La 'kale borroka' (violencia callejera) se ha cebado con ellos en la Universidad del País Vasco, a través de pintadas amenazantes. El que fuera su rector, Manuel Montero, llegó a declararse un «precadáver» debido a las constantes amenazas de la banda terrorista.

SOS ANTE 'SAN CANUTO'
La celebración de eventos especiales en la universidad como la llegada de políticos o miembros de la familia real endurecen las medidas de seguridad. Pero no sólo eso. La conmemoración de 'San Canuto' reúne cada 19 de enero a miles de estudiantes en la Autónoma madrileña para reivindicar la legalización del cannabis. Entonces, la presencia de policías y vigilantes privados es constante.

EN LOS LABORATORIOS
La restricción a determinadas zonas de los campus universitarios cada vez es mayor. Es el caso de los laboratorios, sobre todo en facultades de ciencias como las de Biología, Físicas o Farmacia. De hecho, existe una legislación al respecto, que obliga también a tratar de forma adecuada los residuos. No existe tanto control respecto a los sistemas de gestión medioambiental.

LA VISIÓN DE LOS JÓVENES AMERICANOS
Joanna Lexter, alumna de Filología Española en la Complutense nacida en California, entiende el miedo que puede despertar su país. Ella se separó de él hace ahora dos años y no sabe si regresará. «Es cierto que el muchacho surcoreano era un desequilibrado, pero cada vez se dan más casos así y mientras se pueda comprar un pistola en cualquier supermercado no cambiará nada».

Manuel García Sedeño, docente de Psicología de la Universidad de Cádiz, comparte su opinión. Eso sí, no descarta que un perturbado entre en una universidad española y haga lo que quiera, al tratarse de un «espacio abierto» y de libre acceso. «Por otro lado, esa libertad debe seguir, no puede instalarse el miedo. Si no, caeríamos muy bajo como Humanidad». Añade que la sociedad española no tiene nada que ver, de momento. «Allí las relaciones sociales son distintas; aquí la universidad es una prolongación del instituto y no rompes tanto tus lazos».

Los alumnos se replantean estudiar en EEUU
Eso puede pasar en cualquier contexto y en cualquier momento». Guillermo Ballenato, docente y psicólogo de la Carlos III de Madrid, opina así. «Una persona que psicológicamente no está bien puede estallar guiada por su propia frustración», añade el también responsable del gabinete psicopedagógico del centro madrileño. Es lo que probablemente le pasó al alumno surcoreano, inmerso en una «cultura más competitiva y violenta que la nuestra, que le llevó a expresar de esa forma el rencor y el odio que sentía por los que le rodeaban».

Ballenato indica que la facilidad para adquirir armas en EEUU no se da en España, por lo que una tragedia de ese tipo «difícilmente alcanzaría esas dimensiones». Aun así, está convencido de que el culto a la violencia es una espiral que crece día a día. Lo evidencia en los medios de comunicación. «Los dibujos animados tienen un cariz bastante violento. Debemos inculcar el poder de la palabra, la escucha y el diálogo para resolver conflictos».

Es uno de los motivos por los que muchos padres se están replanteando que sus hijos estudien el próximo curso en el país de George W. Bush. Los psicólogos aseguran que este pánico inicial suele evaporarse un mes después de los hechos, pero Carmen San Martín, docente de la Carlos III, no duda de que estaría más tranquila si su hijo se quedara en Europa en vez de saltar el 'charco'. «Mandé a mi hijo mayor a EEUU hace 10 años, pero esa cultura, sobre todo tras el 11-S, cada vez es más peligrosa». Fernando, su vástago de 19 años, no lo pinta tan oscuro: «No me da tanto miedo lo de Virginia, pero por si acaso buscaré universidades en Inglaterra».

Juan Antonio Cajigal, gerente de la Autónoma madrileña, comprende los temores de San Martín. «Es la reacción normal. Lo mismo ocurrió aquí tras el 11-M, el incendio de la discoteca Alcalá 20 de Madrid o el mal de las 'vacas locas'. La gente no quería montar en tren, salir o comer carne, pero todo pasa». En el Rectorado de la Universidad de Valencia apostillan: «Tienen más miedo los padres, por lo que animan a sus hijos a no ir allí».

Desde universidades como la de Navarra, Alicante o Complutense añaden que los convenios con los centros estadounidenses se mantienen para el próximo año, pero creen que el suceso de Virginia puede influir en la decisión final. Aun así, el tiempo todo lo borra. Y aún quedan cinco meses para el nuevo curso.

Fuente: www.elmundo.es
02.05.07

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