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Revista de Prensa: Noticias

Martes, 14 de agosto de 2007

Stephanie Kwolek: la madre del Kevlar

La octogenaria química Stephanie Kwolek es homenajeada por su papel en el descubrimiento de una legendaria fibra cinco veces más resistente que el acero, responsable de haber salvado miles de vidas

 

Stephanie Kwolek es una diminuta anciana de ochenta y tres años con algunos problemas para andar pero con el mérito reconocido de haber salvado miles de vidas. Como química especializada en polímeros, y una demostrada curiosidad científica, la señora Kwolek está considerada como la madre del Kevlar. Una fibra de color dorada, ligera pero cinco veces más resistente que el acero, que se utiliza para la construcción de chalecos anti-balas, cascos, escudos, neumáticos, guantes de cocina, botas, cables, frenos, piezas de aviones e incluso colchones.

Entre todos los homenajes y reconocimientos que a estas alturas recibe la señora Kwolek destaca sobre todo la estadística de que más de tres mil agentes de Policía en Estados Unidos han podido sobrevivir a disparos mortales gracias a su descubrimiento. Sin mencionar, el número de militares que se han beneficiado de esta tecnología desde que a partir de la “Tormenta del Desierto” para liberar Kuwait todos los cascos utilizados por tropas del Pentágono son fabricados con Kevlar. Como explicaba recientemente Ed Rodley, organizador de una exposición especial este otoño para el Museo de Ciencia de Boston, “es irónico el enorme impacto que ha tenido esta mujer de poco más de metro y medio de altura”.

A mediados de los años sesenta, esta licenciada en química de la Universidad Carnegie Mellon en Pittsburgh era una de las pocas mujeres en la plantilla de investigadores de la multinacional DuPont, destinada en un centro experimental con el específico encargo de encontrar una fibra resistente para reforzar neumáticos y facilitar el ahorro de combustible. “No fue exactamente un momento eureka”, recuerda Stephanie Kwolek sobre el día en el que una lechosa solución de polímeros empezó a gotear de su espátula de laboratorio como si fuera agua.

Sabiendo que la mayoría de los polímeros tienen una consistencia un tanto viscosa, Stephanie sospechó que podía haberse topado con algo interesante pero primero confirmó que su solución cristalina no era producto de un proceso accidental de contaminación. Los primeros análisis indicaron que la nueva fibra presenta un record de fortaleza y resistencia. Pero tuvo miedo de comunicar su descubrimiento a sus jefes, por lo que repitió las pruebas una y otra vez, para no quedar en evidencia por haber realizado un falso descubrimiento. Inmediatamente, DuPont asignó todo un equipo de sus científicos para rentabilizar el trabajo de Stephanie lanzando en 1971 el producto Kevlar cuyos derechos básicos de patente ya son del dominio público.

Estos días, la señora Kwolek -que atribuye el origen de su afán investigador a su fascinación por la naturaleza y los experimentos de su padre con plantas- es especialmente puntillosa a la hora de asumir crédito solamente por su descubrimiento inicial. Aún así, la señora acumula toda clase de galardones y honores, como haber sido incluida en el “hall” nacional de los inventores en Akron (Ohio), donde se codea con figuras históricas como el polifacético Thomas Edison o los aeronáuticos hermanos Wright.

Desde su sencilla casa en Delaware, el consejo de la soltera Stephanie Kwoke para las jóvenes que quieran dedicarse a la ciencia es que se marquen el objetivo de cursar un doctorado y una doble especialidad, como por ejemplo química y matemáticas. Aunque de volver a empezar, ella lo tiene bastante claro. Se habría dedicado a la bioquímica para salvar todavía más vidas que con el Kevlar.

Fuente: www.abc.es
14.07.07

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