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Revista de Prensa: Noticias

Miércoles, 28 de agosto de 2007

El hombre que quiso matar a Hitler, retratado por su hijo

Berlín, 20 de julio de 1944: el coronel alemán Claus von Stauffenberg intenta matar de un bombazo a Hitler. Cree que es «lo mejor para Alemania». Falla. Es fusilado. Hoy, su hijo Berthold lo recuerda todo

 

Aunque resulta algo pesado para el entrevistado, comenzaremos hablando de Tom Cruise. En este preciso momento, el actor lleva un parche en el ojo y un uniforme de oficial alemán de 1944, y está terminando su personal homenaje cinematográfico a Claus Schenk Graf von Stauffenberg, el más famoso integrante de la resistencia nazi.

Foto: www.elmundo.es
Von Stauffenberg (izda.) mira a Hitler, rodeado de oficiales de la Wehrmacht, en julio de 1944, poco antes del atentado. (foto: Cordon Press)

El hijo mayor de Stauffenberg, Berthold, que cumplió 73 años el mes pasado y tenía 10 cuando su padre fue fusilado por intentar asesinar a Hitler con una bomba que llevaba en un maletín, ya ha dicho lo que opina sobre la decisión de Cruise de emplear sus dotes interpretativas en la figura de su padre. Y da igual que el actor estadounidense haya practicado para el papel desfilando en uniforme por una suite del Hotel Regent de Berlín, que ha alquilado para el rodaje. Cruise, ha dicho Berthold Stauffenberg, «debería irse a hacer surf al Caribe». Y añade: con desdén: «Además, he oído que es muy bajo de estatura».

Su padre era notablemente alto, aunque no tanto como él, que mide 1,90. Pero de todos modos era alto, muy guapo y carismático, tal como se aprecia en las fotos de la época. Es de sospechar que el asombroso atractivo del martir alemán -un contemporáneo suyo, el coronel Franz Halder destacaba su «atractivo y su magnetismo»-, así como su historial intelectual y social, su visión y valentía, hayan contribuido a que Cruise se interesara en el papel. El hijo de Stauffenberg lo duda.

Ferviente católico, a Bertholod Stauffenberg le desagrada la idea de que su padre sea encarnado por una persona que cree que un gobernante alienígena de una confederación de galaxias llevó a miles de millones de personas a la Tierra en una nave espacial hace 75 millones de años. «No me lo puedo imaginar. La gente dice que sus creencias no deben tener nada que ver con esto. ¿Habría sido aceptable si fuera miembro de un partido de la extrema derecha?».

Stauffenberg, que entonces tenía 36 años, era coronel del Ejército Alemán cuando murió. Su hijo Berthold, el mayor de cinco hermanos, tiene sentimientos encontrados con respecto a su padre. «La postura de nuestra familia es no hacer conjeturas en público sobre los motivos de la resistencia. Ahora sucede, y estoy seguro que antes también ocurrió, que la mayoría de la gente intenta salvarse. Hay que buscar motivos para justificar no sólo el comportamiento de otros, sino también el de uno mismo. De esta manera el panorama se hace más tolerable y optimista. Por esto, la gente condena la resistencia alemana, aludiendo a que los conspiradores traicionaron a su país». En 1952 sólo el 20% de la población alemana aprobaba la resistencia interna. Esta cifra ascendió, según una encuesta hecha en 1994, a cerca del 40%.

«Lo que él hizo fue muy valiente. Sabía que las probabilidades de éxito eran escasas. Fue bueno que ocurriera. Porque la verdad es que no todos los alemanes eran nazis. Esto no le convenía a los aliados en aquel entonces, ya que contradecía su propaganda de manera que le quitaron importancia», explica el hijo de quien fue considerado terrorista.

Berthold von Stauffenberg se enteró de la desgracia que había caído sobre su padre mientras escuchaba la radio el 20 de julio. «Oí en la radio que se había producido un atentado fallido contra Hitler pero en ese momento no se mencionaron nombres. Sin embargo, quería saber más. Mi familia intentó mantenernos alejados de la radio. Más tarde, mi madre me dio la noticia. Dijo que mi padre había llevado a cabo el intento de asesinato y que lo habían fusilado. Por supuesto, nos quedamos conmocionados y nos pusimos a llorar. Y claro, nos preguntamos por qué. ¿Por qué cometer un atentado contra el Führer? Mi madre nos respondió que mi padre pensó que era 'lo mejor para Alemania'. Pero yo no podía entenderlo».

Paradojas de la vida: mientras Stauffenberg conspiraba para asesinar a Hitler con dos bombas pequeñas colocadas en el interior de un maletín, su hijo acosaba a su madre para que le permitiera alistarse en Deutches Jungvolk, subdivisión de las Juventudes Nazis para niños menores de 14 años. «Así es que cuando mi madre me contó lo que le había sucedido a mi padre, no podía entenderlo», comenta. «No podía entender que mi padre, o cualquier otro, quisiera asesinar al Führer. El Führer era, yo no diría exactamente que un ídolo, pero sí el jefe indiscutible de Alemania, y supongo que en aquel entonces todos aún creían en la victoria».

A Stauffenberg le llevó muchos años aclarar los hechos relacionados con la muerte de su padre. Ahora sabemos que cerca del mediodía del 20 de Julio de 1944, el coronel Claus von Stauffenberg entró en la sala de reuniones de los barracones de madera de Albert Speer, en Prusia Oriental, donde se le esperaba para una reunión con Hitler. Tras excusarse unos minutos, sólo tuvo tiempo de armar la primera bomba, pues las heridas de sus manos le entorpecieron. El maletín fue colocado bajo la mesa y Stauffenberg abandonó la sala con la excusa de que debía atender una llamada telefónica. La explosión reventó las ventanas, pero Hitler sobrevivió, pues una de las patas de la pesada mesa de roble lo protegió de la metralla.

Cuando Stauffenberg llegó a Berlín horas más tarde, las SS habían puesto en marcha un contragolpe y ya estaban deteniendo a la mayoría de los conspiradores. Cerca de la medianoche Stauffenberg y otros tres cómplices fueron conducidos al patio del Ministerio de Guerra y fusilados. Antes de morir el coronel gritó: «¡Larga vida a nuestra sagrada Alemania!».

Los cadáveres fueron sepultados cerca, pero Himmler ordenó exhumar los cuerpos para incinerarlos y esparcir las cenizas en unas obras del alcantarillado. Goebbels anunció por la radio que se había producido un atentado fallido contra Hitler. Seguramente, fue ése el comunicado que escuchó el joven Stauffenberg en Bamberg.

La venganza de Hitler fue rápida y salvaje: se cree que unas 5.000 personas fueron detenidas y otras muchas fusiladas o ahorcadas con cuerdas de piano. La intención de Himmler era eliminar a todos los familiares de Stauffenberg, pero muchos acabaron en campos de concentración, donde sobrevivieron.

«Mi madre, en aquel entonces embarazada de su quinto hijo», recuerda Berthold Stauffenberg, «fue arrestada al día siguiente por la Gestapo. No volví a verla hasta julio de 1945. Y mi abuela fue detenida la noche del siguiente día».

El mismo fue enviado a un orfanato, donde le cambiaron el apellido y pasó a llamarse Meister. Hasta junio de 1945, cuando pudo reunirse con su madre, Stauffenberg quedó aislado del mundo exterior, «sin colegio, sin periódicos, sin radio. Mi madre fue interrogada en Berlín y luego trasladada a la cárcel de Ravensbruck, donde enviaban a los presos para ser interrogados por la Gestapo. Ahí estuvo hasta que se puso de parto. Entonces la trasladaron a una clínica, de la que fue evacuada y llevada a otro hospital, donde tuvo el niño antes de volver a ser evacuada ante el avance de los rusos. Con el nombre de Shank, fue conducida a un hospital católico en Potsdam bajo supervisión de la Gestapo». Hacia el final de la guerra, un agente de policía de la localidad la llevó de vuelta a su familia.

¿Y dónde estaba la Gestapo? «Es erróneo pensar que los alemanes siempre han sido muy organizados. Algunas cosas no se hacían bien. El vigilante de mi madre se fue a su casa después de hacerla firmar un documento en el que se aseguraba que había hecho todo lo posible por cumplir su deber. Unos días más tarde llegaron las tropas estadounidenses. Llegamos a casa a mediados de junio. Y la vida continuó. Eso es todo».

Hoy, Berthold Stauffenberg vive a las afueras de Stuttgart con su esposa, de 49 años, y un perro salchicha. Sobre una mesa del salón hay un busto de su padre, y debajo varias familiares de los años 30 y 40. Cuando llega la hora de partir Stauffenberg se ofrece para acercarnos a la estación. En la radio del coche suenan marchas militares. Nos viene a la mente que a unos 300 kilómetros al norte Tom Cruise sigue marchando en la habitación de lujo de su hotel...

Fuente: www.elmundo.es
26.08.07

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