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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

Revista de Prensa: Noticias

Martes, 16 de octubre de 2007

El futuro de los militares: una reforma que no gusta

Zapatero prepara una ley para hacer más civil la carrera militar, pero las Fuerzas Armadas la tachan de "reconversión encubierta" porque pone en peligro el actual modelo.

 

El Parlamento está a punto de aprobar -sin el apoyo del principal partido de la oposición- la Ley de la Carrera Militar que supone una "reconversión encubierta" de las Fuerzas Armadas, en palabras de un buen número de militares. Es una práctica democrática que los cambios de modelos institucionales nazcan del consenso entre los partidos mayoritarios, teniendo en cuenta la opinión del colectivo afectado.

Sin embargo, el modelo de carrera militar, sobre el que basculará algo tan esencial para cualquier país como su defensa nacional, ha sido acometido por el presidente José Luis Rodríguez Zapatero y el Ministerio de Defensa a espaldas de los miembros de las Fuerzas Armadas.

Foto: www.elconomista.es

Ni los militares ni sus asociaciones, toleradas pero sin marco legal en el que ejercer su actividad, entienden cómo se ha llegado a una situación que pone patas arriba las expectativas de carrera de casi 47.000 cuadros de mando -tanto oficiales como suboficiales- sin haber explicado en los cuarteles la reforma que la ley acomete y sin escuchar el punto de vista de los afectados.

La Asociación Unificada de Militares Españoles (AUME), de carácter progresista, afirma, a través de su secretario general, Mariano Casado, que este descontento generalizado se produce por la "falta de cauces democráticos como el asociacionismo". Subraya que "escuchar a la gente no quebranta la disciplina" y habría sido "una garantía de acierto".

De igual manera, el presidente de la Asociación de Militares de España (AME), José Conde, que desde hace más de 20 años batalla por igualar a España con Europa en materia de asociacionismo militar, señala que "otros colectivos pueden defender sus derechos, menos los militares, que somos ciudadanos de segunda". Una queja que comparten otras asociaciones.

"Civilizar" la carrera militar
Cuatro son los ejes más polémicos de la Ley: primero, disminuye el contenido de las enseñanzas castrenses al imponer la obligatoriedad de estudiar, de forma simultánea, una carrera civil. Algunos militares recuerdan estos días en los cuarteles las similitudes con la Ley Azaña de la República, que reformó la enseñanza militar y cerró la Academia General de Zaragoza, dirigida entonces por el general Franco, al considerarse que formaba militares de ideología reaccionaria.

El Partido Socialista cree que las academias militares son reductos de una enseñanza trasnochada que es necesario "civilizar", mientras que el Partido Popular defiende que sintonizan plenamente con el sistema constitucional y que no hay horas lectivas suficientes para estudiar dos carreras a la vez.

Entre los militares hay diferentes pareceres, si bien la opinión más extendida -a falta de encuestas- se comenta por sí sola: si quiero tener una titulación civil no me haría militar y si me hago militar es por vocación. A los jóvenes que estudian cinco años en las academias les basta con saber que obtener el despacho de teniente les homologa con un título universitario superior, y que les permite consolidar a lo largo de sus carreras sucesivos niveles administrativos, en igualdad con los funcionarios civiles.

Temen que la obligatoriedad de la doble titulación, lejos de contemplarse como un "plus académico", vaya en detrimento del nivel de la formación técnico-militar. "En los ejércitos de nuestro entorno quien quiere mejorar su preparación solicita permiso para estudiar una carrera civil", apunta un joven comandante del Ejército del Aire.

Escalas y ascensos políticos
Un segundo aspecto radica en que la Ley unifica en una las actuales dos escalas de oficiales. La Escala Superior de Oficiales, formada por los que provienen directamente de las Academias Generales, y los que acceden mediante otras vías como la oficialidad de complemento o los cursos de transformación de suboficiales, que es la Escala de Oficiales. No se da opción a que ésta última se declare a extinguir como ha sucedido en otros ámbitos de la Administración del Estado.

El tercer punto polémico se basa en el hecho de que el Gobierno se reserva el derecho de promover el ascenso a coronel y a capitán de navío, su equivalente en la Armada. La carrera militar queda truncada para la inmensa mayoría en el empleo de teniente coronel, que es al que se puede llegar por méritos y clasificación. En España corresponde al Ejecutivo, a propuesta del ministro de Defensa, el nombramiento de generales, almirantes y jemes (jefes de Estado Mayor). A partir de ahora, "con el argumento de que llegarán a coronel los mejor preparados y más méritos tengan, se establece un mecanismo perverso al dejar los ascensos de coroneles en manos de los jemes, que son cargos de confianza política. De ahí a nombrar a gente de su cuerda sólo hay un paso", enfatizan mandos militares. A su juicio, se introduce en las Fuerzas Armadas un elemento nefasto: la competitividad entre los oficiales con el fin de obtener el favor de sus jemes. "Se rompe así la cohesión, que es la base sobre la que se asientan los ejércitos de los países serios. Quizá es lo que en el fondo se pretenda", sentencian.

La falta de confianza del Gobierno para consultar con los militares el nuevo modelo de carrera ha dividido a las Fuerzas Armadas. Así, grupos de tenientes coroneles y capitanes de fragata se han reunido con sus mandos superiores para analizar cómo les afectará la reducción del número de coroneles, que pasarán de 1.235 a 1.050, con lo que de los casi 3.000 tenientes coroneles y capitanes de fragata, al menos dos mil tendrán que irse a casa.

La enmienda introducida a última hora por el Grupo Socialista de que ascenderán a coronel al pasar a la reserva y recibirán una indemnización de en torno a 60.000 euros, que es el montante de dinero que percibirían en sus sueldos de haber ascendido a coronel, no calma la indignación. Paradójicamente son las mujeres de los tenientes coroneles quienes se muestran en desacuerdo con que sus esposos, después de 30 años de carrera, de cambiar de ciudad, vivienda y colegios a lo largo de la vida como consecuencia de los diferentes destinos, ni siquiera asciendan a coronel y que sólo lo sean en la "tarjeta de visita", una vez retirados.

En cuarto lugar, se amplía la permanencia de los suboficiales hasta los 61 años de edad, lo que provocará "el envejecimiento de la columna vertebral de las Fuerzas Armadas.

La Ley que consagra el modelo de profesión del militar del siglo XXI debía haber nacido con el acuerdo de todas las fuerzas políticas, en especial de socialistas y populares, que desde hace 30 años se alternan en el poder. El desencuentro actual, el Partido Popular ya ha anunciado que cuando gobierne derogará la Ley, es una mala noticia tanto para las Fuerzas Armadas como para la sociedad a la que sirven.

Grafico: www.eleconomista.es

Las contradicciones de obligar a estudiar dos carreras

La futura norma planteará una serie de dilemas a los futuros aspirantes a militar.

Para estudiar una carrera civil de forma simultánea con la militar, la Ley crea los centros universitarios de la Defensa adscritos a universidades públicas. El texto parece olvidar que la Ley de Universidades transfirió la enseñanza universitaria a las Comunidades Autónomas y que unir enseñanza militar y civil conculca el artículo 149 de la Constitución que otorga al Estado la competencia exclusiva en materia de Defensa y de Fuerzas Armadas. Este despropósito genera varios problemas. El primero, que el aspirante a oficial está sujeto desde que entra en las Academias al régimen disciplinario militar. Si por las tardes acude a la universidad, que cuenta con su propio régimen disciplinario, ¿cuál de los dos prevalece?

Un segundo problema es el de la discriminación que sufrirían, dado que la elección de carrera está limitada a los estudios establecidos en los distritos universitarios donde se ubican las academias. Por ejemplo, un cadete de la Academia General del Aire de San Javier no podría estudiar ingeniería aeronáutica al no impartirse en el distrito universitario murciano. Así, otras muchas especialidades.

A juicio de miembros de las Fuerzas Armadas lo más importante del nuevo modelo de enseñanza es que "desnaturaliza la vocación militar", por el esfuerzo que supone compatibilizar el estudio de dos carreras y porque forzosamente una iría en detrimento de la otra.

El Ministerio de Defensa estudia como alternativa que los profesores civiles se desplacen a las Academias a dar clase (procedimiento de elevado coste económico y de difícil aceptación por el estamento docente). Con esta fórmula no se cumpliría el que parece ser principal objetivo del Ejecutivo: que los futuros oficiales convivan con los estudiantes y se impregnen de la vida universitaria civil.

Fuente: www.eleconomista.es
12.10.07

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