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Seguridad Pública y Protección Civil.

 

Revista de Prensa: Noticias

Viernes, 30 de noviembre de 2007

"Epidemia" de inmigrantes asesinadas

El porcentaje es concluyente: el 42% de las mujeres asesinadas por hombres en España son extranjeras. Y la estadística no para de crecer. De las ocho últimas muertas en nuestro país, seis son de fuera. ¿La razón? El machismo y la indefensión

 

Ahora mismo, aventuran los expertos, en España hay entre 15 y 20 hombres que rumian el asesinato de su pareja o ex pareja. Tres o cuatro de ellos ejecutarán sus planes antes de que acabe este año.

Foto: www.elmundo.es
RUSA. «Quiero que te cases conmigo. Lo eres todo para mí. Todo», le dijo en televisión. Tres días después, ella fue degollada

Si un especialista en violencia de género hubiera sintonizado Antena 3 el pasado miércoles 14 de noviembre, pasadas las siete de la tarde, hubiera diagnosticado sin mucha dificultad un episodio prototípico de maltrato sentado en el sofá celeste del Diario de Patricia. No se hubiera alarmado especialmente ante el movimiento nervioso del dedo de Svetlana mientras el ex le suplicaba una segunda oportunidad. Tampoco ante el hecho que la joven apenas abriera boca durante todo el programa y sólo balbuceara un «No sé... No» ante el anillo matrimonial que él le extendía. Los verdaderos síntomas de alerta se escondían en el lacrimógeno discurso -«¡¡¡ohhhh!!!», exclamaba el público presente en el plató, enternecido por sus palabras- con el que Ricardo pretendía lograr la reconciliación.

Dependencia: «Te quiero. La vida es sólo una, como tú me dijiste, y quiero vivirla contigo. Para siempre. Quiero que te cases conmigo. Lo eres todo para mí. Todo. Todo».

Obsesión: «Soy un poco celoso. La agobio mucho. Siguiéndola, yendo detrás de ella, vigilándola en un momento dado».

No asunción de la ruptura: «En estos cuatro años lo he dado todo por ella. Es injusto».

Tres días después, domingo 18, una ambulancia recogía el cuerpo agonizante de Svetlana, degollada en el rellano de su vivienda, un cuarto piso en el centro de Alicante. El lunes, casi a la vez que ella moría, a él lo sacaban esposado de casa.

El penúltimo episodio de asesinato -presunto aún- en el marco de la pareja ha coleado toda la semana en los medios de comunicación a cuenta del paso previo por la televisión y de la responsabilidad que el programa podría haber tenido en el trágico desenlace. Centrado ahí el debate, se ha obviado otra epidemia mucho más virulenta latente en este mediático caso.

Svetlana era rusa. La anterior víctima mortal de la violencia de género -asesinada el 18 de noviembre en Maspalomas (Gran Canaria)- era china. Y sigamos repasando la lista negra hacia atrás: Francieli da Silva, (11 de noviembre, Madrid), brasileña; Shuwen L.,( 3 de octubre, Girona), china; Lidia Sanz (29 de octubre, Valladolid), española; Yadira Mireya (22 de octubre, Marbella), ecuatoriana... De las ocho últimas asesinadas, seis son inmigrantes. Nunca un chino había matado a su esposa y, en un solo mes, lo han hecho dos.

Cuando los organismos e instituciones especializados en erradicar el llamado terrorismo doméstico brindaban por los primeros frutos cosechados (en los últimos cuatro años ha disminuido un 0,6%) emerge el fracaso oculto tras el tenue optimismo de la cifra total. «Nuestro mensaje contra la violencia de género no llega a los extranjeros. No hemos sabido atender a sus peculiaridades y a sus elementos de identidad», dice Miguel Lorente, médico forense, miembro del grupo de expertos del Observatorio Estatal de la Violencia de Género. Según los datos recopilados por este organismo, de 66 asesinadas este -la Delegación del Gobierno contra la violencia sobre la mujer eleva el número a 69- 28, el 42,42%, son extranjeras. Cuatro de cada diez.

El año pasado, el Centro Reina Sofía para el estudio de la violencia estimaba que las inmigrantes -teniendo en cuenta que los extranjeros sólo suponen el 10% de la población- tenían cinco veces más posibilidades de morir a manos de sus parejas que las españolas. Un flamante estudio de Amnistía Internacional -realizado con motivo del Día para la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer que se celebra hoy- eleva ya esa proporción a seis. Y hay provincias, como Alicante, donde han sido asesinadas tantas extranjeras como españolas.

Svetlana Orlova, 30 años, nacida en Rusia, aterrizó en España hará ocho años y se instaló precisamente en Alicante. Se cruzó por primera vez con Ricardo Navarro, 30 años también, en 2004 en las escaleras del edificio donde ambos vivían, en Playa de San Juan, una zona residencial a unos siete kilómetros al norte de Alicante.

CASADO CON UNA MAGREBÍ

Pese a que ambos lucían entonces anillo en el dedo anular, les bastaron varios encuentros fortuitos en el portal para prometerse amor eterno. El estaba aún casado con otra inmigrante, una mujer de origen magrebí, a la que también solía mostrar su cara más fea, aquella que no se llevó al plató del Diario de Patricia. «Ricardo Navarro la cogió por el cuello al mismo tiempo que le pegaba golpes en la cabeza con el puño cerrado, empujándola a continuación por la escalera, llegando a caer de espaldas», se lee en la sentencia condenatoria -siete meses de prisión- emitida por un juzgado de Alicante, en diciembre de 2004. Cuando los hechos, la esposa estaba embarazada.

Unos meses después, Ricardo reincidió con la magrebí: «El acusado arrastró a la mujer por el pasillo causándole policontusiones, erosiones en las rodillas, zona sacra y dolor cervical que tardaron en sanar 60 días. Tuvo que llevar collarín durante 15 días. La acusada, por su parte, dio un mordisco en la espalda al acusado». Hechos probados de otro veredicto judicial contra Ricardo, fechado en abril de 2005. Seis meses más de prisión como pena.

La tímida Svetlana no detalló en televisión si estaba al tanto del abultado currículo de Ricardo como maltratador. Tampoco habló del vértigo que debió de suponer para ella cortar la relación hace un mes y medio. Se quedó sola, al cargo de su hijo, Cristian, cinco años hoy, fruto de un matrimonio anterior. De no ser por un generoso compatriota ruso que le cedió su casa, hubiera estado en la calle. No hay familiares ni amigos que hablen de ella a la prensa. Ni siquiera quien se haga cargo de la repatriación de su cadáver. Una asociación de Inmigrantes de Europa del Este, que tampoco la conocía, recaudaba esta semana fondos para sufragar el viaje a Rusia.

La soledad es uno de los elementos al que apuntan los expertos cuando se les pide que expliquen la especial vulnerabilidad de las inmigrantes ante la violencia de género. «Están lejos de su país, sin familia ni amigos que las apoyen, prácticamente solas con su problema y la mayoría con hijos. No se atreven a denunciar».

Gráfico: www.elmundo.es

Lo dice Dora Aguirre, presidenta de la Asociación ecuatoriana Rumiñahui y delegada del foro de la inmigración en el Observatorio de la Violencia. La refrendan los datos: «El 53,75% de las víctimas que el Gobierno atendió en centros de acogida durante el primer semestre de 2006 eran extranjeras». No tienen adonde ir.

Hace tiempo que Dora alerta a las instituciones de un fenómeno creciente que afecta especialmente al colectivo que ella representa: el 46% de las extranjeras fallecidas entre 2000 y 2007 eran iberoamericanas, seguidas de las procedentes de la UE (25,2%), Africa (15,3%) y Europa del Este (7,2%).

Para entender la sangría, dice Dora, hay que viajar a las culturas de orígenes, preñadas de un atávico machismo: «Hace tres años, una encuesta del Consejo Nacional de la Mujer ecuatoriano arrojó que siete que cada 10 mujeres habían sufrido violencia por parte del hombre. Ese altísimo nivel de maltrato lo trasladan consigo cuando migran pero no denuncian porque les puede el peso de la educación: el matrimonio hay que afrontarlo en las buenas y en las malas. Llegan impregnadas de un fuerte sentimiento de inferioridad respecto al hombre».

La violencia parece desencadenarse precisamente cuando la inmigrante toma conciencia de sus derechos y se revuelve ante la superioridad del varón. La mayoría trabaja en el servicio doméstico y convivir con parejas españolas, donde los roles están más repartidos, le hace replantearse su papel como mujer. «Cuando la inmigrante comienza a criticar el dominio del hombre se produce el choque», explica Miguel Lorente. «El agresor inmigrante se siente traicionado, para mantener su identidad como hombre necesita que ella sea dócil».

Si hay más sudamericanas que musulmanas en la lista de muertas -siendo la cultura del Islam mucho más machista- es, dicen los expertos, porque la mayor cercanía de las latinas con la cultura española hace les crezca antes el espíritu de autocrítica.

A Svetlana la rebeldía le salía un día sí y otro no. Daba un paso adelante y otro hacia atrás. Se atrevió a denunciar a Ricardo en marzo pasado por el robo de su documentación. Un juez decretó inmediatamente una orden de alejamiento mientras se resolvía el proceso, pero la medida se paralizó por expreso deseo de ella. «Hemos vuelto a vivir juntos», dijo. Volvió a pedir el auxilio de la policía el 12 de octubre, cuando él intentó estrangularla, y la justicia se pronunció nuevamente a su favor el 31 del mismo mes: «El acusado la cogió fuertemente del cuello, presionándola hasta que pudo zafarse, produciéndole lesiones que necesitaron de una primera asistencia facultativa, tardando cinco días en curar...». Una nueva sentencia condenatoria (11 meses de prisión, más orden de alejamiento) que aún no se había comunicado a las partes. (¿Por qué estaba Ricardo Navarro en libertad con semejante historial?, se preguntan algunas asociaciones de mujeres).

VISITAS AL RESTAURANTE

Svetlana no tenía conciencia del peligro que la acechaba. Ni siquiera había notado -o al menos, verbalizado- el creciente acoso al que él la sometía. Tras la ruptura, Ricardo descuidaba más de lo habitual su puesto de carnicero en el negocio familiar, en el centro comercial Fontana, donde también trabajó Svetlana cuando eran pareja. El jueves, tras varios días con el cierre echado, los padres y el hermano de Ricardo dispensaban chuletas como si nada hubiera pasado. Entre la clientela, el tópico del chico normal: «Atendía con una sonrisa», «saludaba», «tenía una paciencia...».

Ultimamente, Ricardo aparcaba su coche, sólo por mirar, frente al restaurante donde Svetlana había conseguido nómina como limpiadora. O mejor, dicho, donde Ricardo la había colocado. Quizás con la intención controlarla mejor, pidió un empleo para ella en un local que ambos frecuentaban. Ante la negativa del dueño -«lo siento, ahora no necesitamos nadie»- lo solicitó como favor personal y acordó que él pagaría la nómina. Sin que Svetlana lo supiera, por supuesto.

Tras el rechazo ante las cámaras, siguió insistiendo machaconamente vía sms. Quería una cita. El domingo por la tarde, aporreó todos los telefonillos del portal de Svetlana. «¿Dónde vive la rusa?, ¿dónde vive la rusa?».

Entre las inmigrantes, explica Lorente, funciona la intimidación que atenazaba a las españolas hace dos décadas: «Como denuncies, te vas a quedar en la calle, sola, sin los niños, sin papeles...».

SVETLANA Y OTRAS 27
  • Lidia Briceño. Ecuatoriana, 44 años, estrangulada en Madrid por su marido, español, el 4 de enero.

  • Celia de Brito. Brasileña, 32 años. La mató de un disparo en LLeida su novio español el 11 de enero.

  • Olimpia Ketty. Ecuador, 39 años, apuñalada por su pareja, ecuatoriano, en Mallorca el 27 de enero.

  • Rita de Cassia. Brasileña. Asesinada en Soria el 29 de enero.

  • Gina Montserrat. Nicaragua, 34 años. Asesinada por un argelino en Madrid el 19 de febrero.

  • Carmen K. Boliviana, 25 años. Su novio, español, la estranguló en Pontevedra el 26 de febrero.

  • Fátima Hadroaui. Marroquí, 29 años. Muerta en un descampado en Murcia el 25 de marzo.

  • Crina Lucía. Rumana, 36 años. Apuñalada el 27 de marzo.

  • Itzíar Hidalgo. Venezolana, 26 años. Apuñalada por su novio, venezolano, en Madrid, el 16 de abril.

  • Flor M. Camacho. Ecuatoriana, 29 años. Estrangulada el 19 de abril.

  • Gina Calderón. Colombiana, 41 años, apuñalada en Santander el 8 de mayo por un español.

  • Nicoleta I. R. Rumana, 21 años, apuñalada por su marido, rumano, en Almería, el 21 de mayo.

  • Ramona Nadia. Rumana, 29 años. Asesinada el 30 de mayo.

  • Lucía Lacatus. Rumana, 51 años, apuñalada por su ex, también rumano, en Albacete, el 1 de junio.

  • Rigmor Breiteig. Holandesa, 67 años, apuñalada el 10 de junio.
    Luisa Fernández. Portuguesa, 44 años. Estrangulada en Alicante el 16 de junio por su marido.

  • M. D. C. Ecuatoriana, 26 años. Apuñalada. 17 de junio. Toledo.

  • Aicha Aberkan. Marroquí, 47 años. Asesinada en Melilla el 10 de julio por su marido.

  • Ana M. Santana Dominicana, 32 años. Apuñalada el 20 de julio.

  • Sorina S. Rumana, 22 años. Asesinada en Gandía el 20 de agosto.

  • Marialva Almeida. Brasileña, 27 años. Asesinada el 25 de agosto.

  • Margaret Manely. Británica. Asesinada en Tenerife el 25 de agosto.

  • N. De la Cruz. Dominicana. Acuchillada el 20 de octubre.

  • Y. M. P. Ecuatoriana. Degollada en Marbella el 22 de octubre.

  • Shuwen L. China. Estrangulada en Girona el 3 de noviembre.
    F. Da Silva. Brasileña, 28 años. Asesinada el 11 de noviembre.

  • X. Mujer china cuyo nombre no ha trascendido. Asesinada en Gran Canaria el 18 de noviembre.

Fuente: www.elmundo.es
25.11.07

Suplemento Temático: Mujer y Seguridad

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