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Seguridad Pública y Protección Civil.

 

Revista de Prensa: Noticias

Martes, 5 de febrero de 2008

Los presos emprenden su segunda oportunidad gracias a la formación

Convertirse en autónomo electricista, fontanero, alicatador o cocinero, las salidas más demandadas. La disciplina y el compromiso, las claves para que los reclusos no pierdan la opción de salir fuera.

 

Quince años de privación de libertad por un delito. Un nuevo preso entra en la cárcel y aunque para muchos ahí acaban muchas ilusiones, no todo está perdido: se puede volver a empezar. Existe una oferta formativa que prepara al preso para poder realizar una actividad determinada que puedan ejercer cuando abandonen la prisión. Las entidades son conscientes de que el potencial de los reclusos se puede aprovechar para su incorporación al mundo de los servicios o la hostelería principalmente y que incluso pueden salir con los conocimientos básicos para emprender su propia empresa.

Según datos proporcionados por la Dirección General de Instituciones Penitenciarias, los presos que están realizando trabajos en la prisión, ascendía a más de 11.700 a finales de 2007, de los 67.038 reclusos que había en las cárceles españolas. Andalucía se llevaba la palma con 14.624 presos, seguida de Cataluña con 9.321, Madrid con 8.639 y Castilla y León con 6.944.

La cifra de presos que realizaron los cursos de formación en prisión, tan sólo representa el 44 por ciento de los internos que pueden trabajar, ya que los que están en aislamiento, en tercer grado y trabajan fuera de la prisión o aquellos que tienen una incapacidad laboral no cuentan en este cómputo.

Los cursos de formación profesional que se imparten en las instituciones penitenciarias son 534, en los que participan más de 14.500 alumnos en materias de lo más variadas. Formarse en la prisión es el primer paso para poder poner en marcha una empresa propia.

Oportunidades
No son muchas las becas de las que disponen los presos. Una de esas ayudas proviene de La Caixa. La institución ha concedido 700 becas de formación profesional el año pasado a reclusos de centros penitenciarios de toda España que afrontan la etapa final de sus condenas. “El programa se dirige a formarles en oficios de gran demanda laboral como electricistas, fontaneros, alicatadotes, soldadores, operadores de grúa o cocineros”, señala Rosa Mª Molín, directora del programa de becas de La Caixa.

La disciplina y el compromiso son las dos características claves que los presos deben tener muy presentes para no perder la ayuda. Tanto las clases teóricas como prácticas se dan fuera del centro penitenciario con unos horarios muy estrictos: de 9 de la mañana a las 18 horas durante un tiempo que oscila entre los ocho meses y el año. “Tienen un horario semilaboral para que se habitúen a esa vida y no les suponga tanto esfuerzo coger el ritmo de la vida normal una vez que salgan de prisión”, explica Molín.

No se pueden saltar las normas. Cualquier incumplimiento de lo pactado entre el preso y la institución en cuanto a horarios o comportamiento durante las actividades, puede suponer la retirada de ellas de forma inminente. “A la entrada en prisión se les hacen controles de drogas llegando a detectar cualquier sustancia extraña”, aclara.

Javier es uno de los presos que tras ocho años en prisión por robo, supo aprovechar la oportunidad de formarse en la cárcel. Hizo un curso de teleoperador en Cesma por medio de una de las becas de La Caixa. Le formaron durante tres meses y ahora, fuera de prisión, trabaja en una compañía como teleoperador. Esto fue uno de los empujones que necesitaba para estudiar. La mayoría de ellos cuando salen al mundo laboral se emplean por cuenta ajena o son autónomos.

Imagen social
Cursos de monitor, técnico solar y de radio, es solo alguna de la formación que ha recibido. “Estoy matriculado en Educación por la UNED y sólo me quedan cuatro asignaturas para terminar”, explica a el Economista Javier, que prefiere no desvelar su apellido. “Lo de prisión hay que llevarlo en silencio porque la sociedad y sobre todo las empresas te dan de lado”, aclara. El protagonista califica de “privilegio” la oportunidad que se le da a gente como él, que ha ingresado en prisión, con las becas de formación. “La dificultad para nosotros cuando salimos de la cárcel es mucha y este tipo de iniciativas te sirve para integrarte”, matiza.

Pero no sólo las entidades bancarias otorgan ayudas para los presos. A finales del año pasado, cuarenta internos de La Torrecita (Murcia) recibieron los diplomas que acreditaban su paso por los cursos de hostelería, pintura de edificios, soldado y alicatado. El curso de hostelería fue financiado por el ayuntamiento, mientras, que los otros dos, pro el organismo autónomo de trabajo penitenciario y cofinanciado por el Fondo Social Europeo. La oportunidad formativa, que el año pasado se dio a 88 presos, este año asciende a 102. De nuevo, una oportunidad formativa entre rejas que ve sus resultados en el exterior.

La construcción, el sector que  más absorbe a estos perfiles

Los sectores de la agricultura, la construcción y la industria son los que más fácilmente absorben a los reclusos formados. De los beneficiarios que finalizaron las acciones de formación de las becas de La Caixa el año pasado, el 76 por ciento son hombres  el 24 por ciento mujeres.

En el caso de los hombres, de los 74 que realizaron los talleres, el 57 por ciento están desarrollando una actividad laboral en el exterior. El 45 por ciento de estos contratos se realizan en el sector de la construcción siendo un porcentaje algo inferior en el caso del sector servicios y de un13 por ciento en el sector de la industria.

Y es que aparte de que los presos reciban una formación, muchos de esos módulos son retribuidos. Desde Instituciones Penitenciarias señalan que la media está en 244,76 euros al mes.

Fuente: www.eleconomista.es
25.01.08
 

Suplemento Temático: Formación y Seguridad

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