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Revista de Prensa: Noticias

Martes, 19 de febrero de 2008

De niña soldado a madre feliz

Reclutada a sus nueve años por una guerrilla ugandesa, consigue refugiarse en Dinamarca y reunirse finalmente con sus dos hijos

 

Foto: El MundoChina se siente afortunada. «Extremadamente afortunada». Y feliz: «Es difícil explicar lo que siento al poder beber agua cada vez que tengo sed, lo que significa vivir sin miedo, sin mirar detrás de mí todo el tiempo». Para una ex niña soldado africana no es difícil valorar lo que ahora puede ver todos los días en Europa. Su sonrisa da fe de ello: «Ahora soy libre».

En 1984, a sus nueve años, China Keitetsi fue reclutada por el Ejército Nacional de Resistencia (NRA) de Yoweri Museveni. Acababa de escapar de la casa de su padre y terminó engrosando las filas de la guerrilla liderada por el actual presidente de Uganda. «En esa situación no pude pensar en otra opción y simplemente acepté la más simple», cuenta la ex niña soldado, quien en 1999 consiguió refugiarse en Dinamarca con la ayuda recibida por Naciones Unidas en Sudáfrica, donde había huido tras abandonar el NRA. Era la segunda vez que China escapaba. Y la definitiva, ya que desde entonces no ha vuelto a Uganda.

Nueve años después, China vive en Copenhague con sus dos hijos, fruto de las innumerables violaciones que los mandos militares infligían casi a diario a ella y a las demás niñas soldado. No fue fácil reunirse con los dos después de muchos años: «Tenerlos a mi lado me ha cambiado la vida y me ha ayudado a ser más fuerte y feliz. [...] El año pasado vi a mi hija por primera vez. La había dejado en Sudáfrica cuando tenía un año y volví a verla cuando ya tenía 10. Después de todo el tiempo que había pasado fue increíble decirle: 'Hola, soy tu madre'».

Así que China no sólo perdió su infancia, sino que tampoco pudo disfrutar de la de sus hijos. «Mucha gente piensa que somos hermanos. A veces estoy destrozada y no sé ni cómo ser una madre. [...] Me gustaría tener otra vez 15 años, porque ahora es demasiado tarde para decirle a mi hijo que se siente sobre mis piernas».

Aunque muchas personas creen que está loca, a China le gustaría volver a Uganda tarde o temprano, pese a que el actual jefe de Estado es el mismo líder guerrillero que hacía la vista gorda a los abusos perpetrados por sus colaboradores. De momento, la ex militar ha viajado a la cercana Ruanda, donde tiene previsto abrir -en junio de este año- una casa de acogida para hijos de niñas soldados.

En los últimos años, China ha escrito libros de éxito sobre su experiencia y ha dado la vuelta al mundo para sensibilizar a las opiniones públicas sobre una situación que ella vivió en primera persona. Ayer se encontraba en Madrid, donde participó en la conferencia organizada por la Obra Social de La Caixa con ocasión del Día internacional para acabar con la utilización de niños y niñas soldados, un problema que en la actualidad afecta a unos 500.000 menores que combaten en todo el planeta.

«Ser niña soldado es peor que ser esclava. No se puede describir. Te dan una pistola y te dicen que es tu madre, que tienes que amarla más de lo que amas a ti misma. Te dan ganas de llorar todos los días, pero no puedes, porque si no los demás se mofan de ti. Es un mundo de adultos, de sangre, de destrucción», cuenta China.

Tras dejar el uniforme, la vida de la ex militar cambió para mejor. Pero no todo fue simple: «Cuando eres una soldado tienes que dar miedo, vestirte como un hombre y parecer fuerte. Y cuando dejé el Ejército cambié mucho. No sabía qué hacer con mi pelo, me sentía tan pequeña. [...] En Dinamarca me sentía tímida. No sabía de qué hablar con los jóvenes de mi edad. Veía que todos tenían fotos de cuando eran pequeños. Pero yo no sé cuál era mi aspecto cuando era pequeña. Me sacaron mi primera foto cuando ya tenía 14 años».

Con su llegada a Copenhague, China se dio cuenta de las injusticias que había sufrido durante su vida pasada. Unas injusticias que, según celebra ahora, están disminuyendo considerablemente: «Africa está cambiando. Hay menos niños soldados hoy que hace unos años».

Este, sin embargo, no es el único cambio que la autora de Child Soldier: Fighting for my life percibe hoy en el continente que la vio nacer: «Muchos africanos pueden ver internet en sus móviles. [...] Ahora todos los que quieran ser dictadores tienen grandes problemas, porque la información está al alcance de muchas más personas».

Fuente: www.elmundo.es
13.02.08

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