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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

Revista de Prensa: Noticias

Martes, 15 de abril de 2008

Una española en el KGB

Javier Juárez publica la biografía de «Patria», que trabajó 50 años para la URSS

 

Usó muchas identidades falsas:Ivonne, Znoy, María Paulova o Ibona África.

Nació en Ceuta, en 1909, en el seno de una familia acomodada de militares y ha sido la única española que ha recibido una docena de conderaciones de la URSS. Alcanzó el grado de Coronel de la KGB y fue distinguida con el título de Colaboradora Honoraria de los Órganos de Seguridad del Estado, situándola al lado de espías legendarios, como Kim Philby o William Fischer. Participó en la Revolución de Asturias, en la Guerra Civil española, en la conjura para matar a Trotsky y en las guerrillas rusas que hostigaban la retaguardia alemana durante la Segunda Guerra Mundial.

Foto: www.larazon.es
A la izquierda, África con Valentino Marchetti, su tercer marido. A la derecha, la espía en distintos momentos de su vida

Organizó la red de espionaje de la Unión Soviética en Iberoamérica y fiel al lema de los servicios de inteligencia -el mejor espía es aquel de quien menos se sabe-, apenas se supo de ella hasta que falleció a finales de los ochenta. Usó muchas identidades falsas: Ivonne, Znoy, María de la Luisa de las Heras, María de la Sierra, María Paulova o Ibona África, la morena. Pero mantuvo a salvo la suya. Sobre su lápida, en el cementerio moscovita de Jovánskoye, donde permanece enterrada junto a otros héroes rusos, se lee una palabra en castellano: «Patria», su alias. Debajo, caligrafiado en cirílico, aparece escrito su nombre real: África de las Heras.

Una espía «activa y prolífica»
Jesús Juárez desempolva la carpeta de su biografía en «Patria. Una española en el KGB» (Debate), y recompone el laberinto de hilos que tejen sus actividades para la Lubianka, como se conocía al edificio de la sede central del NKVD, órgano que, a partir de 1954, sería conocido por KGB (Comité para la Seguridad del Estado). Fue la espía más «activa y prolífica» para Moscú durante cincuenta años y tuvo el mérito de sobrevivir a todas las purgas del régimen soviético y a los descubrimientos de agentes.

Participó en la insurreción revolucionaria de 1934. En los altercados que agitaron las calles de Madrid. Escapó de su detención por una rocambolesca fuga en tren que la trasladó a Lisboa. Amaro del Rosal, amigo de la epoca, escribió: «Ingresó en el Partido Socialista y fue una activa miliciana en la preparación del movimiento revolucionario. Sirvió de enlace y participó en movimientos de trasiego de armas. Estaba dotada de una gran inteligencia y de un espíritu valiente y aventurero». Así lo demostró al dirigir la sección de «denuncias e investigaciones» en Barcelona tras el alzamiento del 36. Un año después, Leonid Eitingon, un agente de la NKVD en España, la captó como espía. A continuación intervino en la Guerra Civil española. De las Heras se implicó «en acciones clandestinas en la retaguardia, liberando a prisioneros o conduciendo algunos grupos de refugiados hacia el exilio», explica el autor.

De guerrillera a modista
Pero donde probaría su valor de manera definitiva fue en las guerrillas que el ejército soviético infiltró detrás de las líneas nazis. Se entrenó con los soldados y fue lanzada en paracaídas tras el ejército alemán. Era junio de 1942.

El derrumbamiento del Tercer Reich catapultó a África de las Heras a París, donde continuó su trabajo de espionaje como modista. Allí conoció a Valentino Marchetti, un espía italiano que trabajaba para la Lubianka. Un compañero de filas y de oficio (fue su tercer marido) que la acompañó en su hermetismo y sus labores secretas hasta que se ha roto el silencio de su leyenda.

Sus amores «indiscretos»
La intensa vida de África de las Heras no se limitó sólo al oscuro mundo del espionaje. En el terreno sentimental, su labor fue mucho menos discreta. De hecho, toda su carrera pareció estar marcada por el fracaso de su primer matrimonio, el que contrajo con el capitán de infantería del Tercio de la Legión, Francisco Javier Arbat Gil. Su relación fracasó por el choque constante de dos férreos caracteres. Su hijo, fruto de este amor, murió poco después. África se trasladaría a Madrid y borraría de su memoria este pasado. Años después, conoció en París a Feliberto Hernández, con el que se casaría y trasladaría como agente de la KGB a Uruguay. Pero este segundo amor, como el primero, se hundió. A punto de desistir de toda vida conyugal, sobrevino al poco tiempo el que sería su amor más firme y definitivo: Valentino Marchetti, un hombre con el que compartiría algo más que secretos de alcoba.

Fuente: www.larazon.es
13.04.08

Suplemento Temático: Mujer y Seguridad

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