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Revista de Prensa: Noticias

Lunes, 21 de abril de 2008

Entrevista: General de Ejército Félix Sanz Roldán, Jefe del Estado Mayor de la Defensa. "Las Ordenanzas militares son el mejor libro de management"

Como máxima autoridad militar y responsable de 140.000 personas que operan en los cinco continentes, Félix Sanz asegura que las Fuerzas Armadas disponen del mejor manual para gestionar equipos: las Reales Ordenanzas, esas normas que regulan la organización que dirige.

 

Foto: www.expansionyempleo.comHablar de las Fuerzas Armadas significa para muchos evocar la imagen del 'ordeno y mando'; de una institución rígida y anclada en el pasado, donde no hay espacio para la autocrítica. Pero, como si quisiera desmontar en segundos esta leyenda, su máxima autoridad, Félix Sanz, Jefe de Estado Mayor de la Defensa (Jemad), comparece afable y con una sonrisa; con la satisfacción de quien se sabe "enfrentado con sinceridad a la responsabilidad que España ha puesto en sus manos".

Pero Sanz es mucho más que un militar con profunda vocación; es el director de una empresa de 140.000 empleados en los que confía plenamente y a quienes pide, sobre todo, lealtad.

Pregunta.- ¿Qué le parece que una mujer dirija el Ministerio de Defensa?

Respuesta.- Es importante por lo que se refiere a la igualdad entre hombres y mujeres, pero nada más. Nuestro respeto hacia quien ejerce ese cargo y nuestra lealtad hacia su persona y, a través de ella, al Gobierno, es independiente de que sea hombre o mujer.

P.- En los casi cuatro años que lleva en el cargo, ¿cuál es la decisión que más le ha costado tomar?

R.- Aquí se generan decisiones difíciles casi todos los días. Imagínese que doy órdenes para que tres mil personas dejen a su familia y se marchen a escenarios lejanos donde existen riesgos.

Esas resoluciones son complicadas, pero conociendo la calidad de los profesionales que envío, las dificultades no las he encontrado tanto en ese proceso, como en ser sujeto casi pasivo de acontecimientos que han ocurrido en el exterior: cada vez que un compañero muere en acto de servicio siento un gran dolor y percibo con más intensidad la responsabilidad de mi puesto de mando.

P.- ¿Cómo cree que le ven los demás?

R.- Nada me honraría más que cuando dejara esta casa, alguien dijera de mí: "Fue un buen jefe". Me gustaría que me recordaran por haber tenido la misma calidad como general que la de mis cabos y soldados en sus funciones, ni más ni menos.

P.- ¿Cuántas personas tiene a su cargo?

R.- De forma directa o indirecta, soy responsable de 140.000 militares que en el día a día responden ante los Jefes de los Estados Mayores de los Ejércitos, pero que en operaciones estarían bajo mis órdenes. De éstos, cerca de 3.000 están en misiones en el extranjero.

Actualmente, tenemos contingentes en Bosnia-Herzegovina, donde lideramos todas las fuerzas militares allí desplegadas; en Kosovo, con casi 800 militares que están cumpliendo con una resolución de Naciones Unidas; una misión en Líbano, donde dirigimos una brigada multinacional, y una fuerza de casi 800 hombres en Afganistán para garantizar que su Gobierno pueda ejercer su función en todo el territorio.

P.- ¿Cómo se gestiona un equipo tan disperso?

R.- Nosotros disponemos de un instrumento de management que, estoy prácticamente seguro, no tiene ninguna otra empresa con el mismo número de empleados. Y ese manual son las Reales Ordenanzas, con las que he felicitado muchas veces la Navidad a empresarios, regalándoles un ejemplar.

Algunos de sus artículos son per se un manual de gestión y paradigma de lo que debe ser un buen jefe, y eso sirve tanto para el director general de una multinacional, como para quien dirige un equipo de tres personas en una cadena de montaje. Además, contienen un código ético, que es la clave para que funcione bien una institución.

P.- Cuando llegó al cargo, ¿eligió a su equipo?

R.- Al llegar aquí, empecé a trabajar con las mismas personas que acompañaron a mi predecesor, porque en nuestra profesión hay un umbral de conocimientos y de capacidad profesional que no nos plantea grandes dudas. Únicamente, cuando alguno cambió de destino, sí influí en la elección de quién debía sustituirle.

Pero inicialmente yo no elegí a nadie, porque si no tengo confianza en todos y cada uno de los que visten de uniforme, los Ejércitos dejarían de ser lo que son: elementos constituidos por personas que conocen su oficio y tienen vocación.

P.- ¿Qué es lo que más valora de sus colaboradores más directos?

R.- Sin duda, la lealtad, porque sin ella no hay verdad en los juicios y sin esa veracidad, no se aprecia la situación tal y como es y, en consecuencia, se adoptan medidas para situaciones inexistentes, por lo que acaban siendo una mala decisión. En los Ejércitos hay que enfadar al superior, en el sentido de que si no le gusta lo que se le dice lealmente, a pesar de todo, se le tiene que decir.

A esta virtud añadiría otras dos: la confianza en la autoridad, para aceptar unas órdenes que en ocasiones no se podrán explicar, aun cuando entrañen riesgos para la vida de quien las recibe, sabiendo que son por el bien de la misión que hay que cumplir; y la disciplina, que, de existir las dos anteriores, surge de forma espontánea.

P.- ¿Es una prioridad para usted tener a su equipo contento?

R.- Por supuesto, pero reconozco que es muy fácil cuando se trabaja bajo esos parámetros, es decir, cuando los términos reivindicativos pasan a un segundo plano porque todo el mundo sabe que lo primero es entender su profesión y cumplir con cuanto se le ordena. Al mismo tiempo, los subordinados tienen que sentirse amparados por la cadena de mando a la hora de elevar aquellas cuestiones que puedan ser objeto de mejora.

Y esa es una de las grandezas del militar, que renuncia a parte de su libertad, sabiendo que sus superiores cubrirán aquellos espacios a los que ellos no pueden llegar. Y si los mandos cargan sobre sus espaldas con esa representación, no cabe duda que nuestros miembros se sentirán satisfechos en su profesión, porque alguien está tratando sus problemas.

P.- ¿Le resulta fácil delegar?

R.- Por supuesto que sí. Si yo, como cualquier militar, debo tener la suficiente fe en mi compañero como para poner mi vida en sus manos, ¡cómo no la voy a tener para delegar en él! Es una cuestión de confianza y yo la tengo plena en la gente que está a mi alrededor.

P.- ¿Cómo se mide el talento dentro de las Fuerzas Armadas?

R.- Hay muy pocas instituciones que tengan unos criterios de selección tan estrictos como los nuestros. Cada uno de nuestros miembros se somete todos los años a la evaluación de sus jefes y, con una periodicidad superior, a la de Consejos u otros organismos similares. Es muy difícil encontrar en esta profesión a alguien que no pueda ejercer una función con eficacia y dignidad.

Y si alguna vez se ha dado el caso, ha sido precisamente la persona que no alcanza esos estándares, quien ha admitido que éste no era su sitio y, como las Fuerzas Armadas ofrecen muchísimas oportunidades, ha cambiado a otro lugar en el que su función se ha adaptado más a su perfil. Yo no recuerdo en mi carrera haber tenido que decir a alguien: "tú no vales para ser militar", pero sí he tenido que decir: "no vales para este puesto".

P.- En esta institución convive personal militar y civil, ¿es difícil gestionar ambos perfiles?

R.- En absoluto. Los militares somos abrumadora mayoría y, quizás, por nuestro ejemplo, los civiles que trabajan con nosotros se han acercado a nuestra forma de obrar. Dentro de nuestros sistemas de gestión, el elemento de control no es la hora, sino la eficacia.

Aquí hemos medido mucho a la gente por los resultados y nos hemos dedicado a la hora, a la precisión militar, cuando ha sido absolutamente imprescindible. Éste ha sido siempre nuestro sistema, cuando muchas empresas empiezan a dar ahora ese paso.

P.- ¿Se fomenta la formación interna y continua del militar?

R.- La labor de formación de las Fuerzas Armadas con sus propios recursos es intensísima. Estamos frente a una institución en ebullición, donde constantemente hay gente entrando o cambiando de destino, y eso obliga a que los sistemas de aprendizaje estén permanentemente activos. Nuestros militares han de tener la posibilidad de mejorar dentro, conscientes de que, cuanto mejores profesionales haya, mejor será la institución.

Es normal que cuando una persona llega a coronel o general haya tenido que participar en seis u ocho cursos y haya tenido que formar a otras muchas personas. Yo tengo unas 5.000 especialidades diferentes que van, desde un tirador de ametralladora, hasta un piloto de un F-18. Hoy, mi organización es capaz de sustituir, en cuestión de horas, a cualquiera que abandone su destino por otro militar entrenado para desarrollar esa misma actividad.

Además, las Fuerzas Armadas conceden en torno a 500 titulaciones tipo máster al año. Y recibo anualmente a unas 300 personas que han aprendido un nuevo idioma por haber estado destinados en cuarteles generales en el exterior y en misiones fuera de su país.

P.- ¿Qué mitos de los que rodean a la institución que dirige le gustaría desmentir en esta entrevista?

R.- El primero es que es falso que las Fuerzas Armadas estén ancladas en el pasado. Yo estoy dispuesto a discutir con el director de cualquier empresa del tamaño de la mía mis procedimientos de gestión y los suyos. Y también le reto a que compare el pensamiento moderno de mi equipo con el suyo. ¡Cómo no van a ser modernos si tengo 700 cuadros de mando midiéndose permanentemente con sus homólogos fuera de nuestras fronteras y trayendo ideas innovadoras de todos los sitios!

Otra equivocación es pensar que los militares no sean hombres estudiosos y que meditan. Precisamente por las situaciones a las que se enfrentan, es muy difícil encontrar a un compañero nuestro que no haga uso de todos sus conocimientos y los ponga en práctica después de una sólida reflexión para afrontar esa circunstancia.

Un apasionado de su profesión

Nacido en Uclés (Cuenca), el 20 de enero de 1945, Sanz es desde el 25 de junio de 2004 Jefe de Estado Mayor de la Defensa, cargo que le otorga la máxima autoridad militar, sólo por debajo del Rey.

Muy comprometido y amante de su trabajo, a Sanz le cuesta decidir qué es lo que más le gusta, pero gestionar a un equipo de 140.000 hombres y mujeres que operan en cinco continentes es, quizá, su mayor pasión: "Dirigir las Fuerzas Armadas de España es la aventura más apasionante que se pueda vivir", confiesa.

Honor y responsabilidad son las dos palabras que mejor definen su sentimiento cuando el Ministro de Defensa le comunicó su nombramiento. Él, que ingresó en la Academia Militar a la edad de 17 años, asegura que toda su vida quiso ser militar.

De aquella época guarda la imagen de una institución que vivía con muchas privaciones, pero con dignidad: "Aquellas Fuerzas Armadas nos han transmitido a las generaciones de hoy los valores que siempre han adornado al militar. Yo destacaría la lealtad a sus principios y a la autoridad constituida de aquel momento".

A punto de completar ya su cuarto año en el cargo, Sanz tiene claro a qué dedicará su retiro: leer y disfrutar de los espacios libres en su pueblo natal pero, sobre todo, entretenerse con los coches antiguos, que son una de sus mayores aficiones.

El espíritu de servicio es lo primero

Cuando al final de la entrevista, Sanz debe responder al test de los diez valores, pone de inmediato una objeción: "En el caso de un militar, falta el principio más importante, que es el espíritu de servicio". Ese es el primero porque, como él mismo explica, hay esposas de militares que dan a luz sin sus maridos.

"Algunos no han podido estar presentes cuando sus hijos han dado sus primeros pasos", añade. "Cuando mis soldados y mis generales tienen que desarrollar una determinada misión en cualquier lugar, todo lo demás pasa a un segundo plano porque saben que son parte de un equipo y que su ausencia debilita al resto, y que esa flaqueza en las acciones que protagonizamos conlleva un riesgo muy grave".

Tal vez esto explique lo que él afirma con rotundidad: "El militar sigue siendo un profesional con vocación. Cuando he tenido ocasión de hablar con los alumnos de las academias, siempre les he advertido que si ingresan en las Fuerzas Armadas con la intención de servir a España, han elegido bien, pero si lo que buscan es aprender una técnica para hacer uso de ella en otra actividad, éste no es su sitio". Sanz se despide con el recuerdo de algunos de sus colaboradores, cuya abnegación ha sido, en ocasiones para él mismo, un ejemplo a seguir.

Diez valores- Diez puntos:
El dinero: 1
La lectura: 6
La familia: 10
La ambición: 3
Los sueños: 9
El tiempo libre: 5
La ecología: 7
Las nuevas tecnologías: 4
La política: 2
La educación: 8

Fuente: www.expansionyempleo.com
20.04.08

Experto: Los mejores directivos antes fueron militares, por Frank Siering (24/07/2006)

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