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Seguridad Pública y Protección Civil.

 

Revista de Prensa: Noticias

Miércoles, 8 de marzo de 2006

La ola de atracos obliga a las urbanizaciones de la sierra de Madrid a contratar seguridad privada

Después de dos robos violentos, los vecinos de Alpedrete afectados abonarán 6.000 euros al mes para protegerse

 

Son muchas las personas que no aguantan los inconvenientes de la gran ciudad y que, cuando se lo pueden permitir, empaquetan sus pertenencias en un camión de mudanzas que acabará aparcando frente a la casa de sus sueños. Aire puro, silencio, tranquilidad, paz... Pero no siempre es así. Y es que no hay ninguna regla escrita que obligue a que todos los cuentos deben tener un final feliz. De alterar con borrones de sangre y dolor estas últimas páginas se encarga la delincuencia organizada. Ya no se trata de que se lleven más o menos dinero de las viviendas. Con un buen seguro es más o menos asumible. Lo más cruel es que han conseguido modelar a su antojo el día a día de los ciudadanos, algunos de los cuales no se atreven a salir de sus hogares sin una alarma antipánico.

La imagen que ofrecen los folletos publicitarios de nuevos desarrollos residenciales es idílica, pero el día a día es bien distinto. Disfrutar de la parcela ajardinada y de la barbacoa puede convertirse en una auténtica quimera, como lo puede ser sacar de paseo al perro por alguno de los parajes de la urbanización. Lo cierto es que muchas familias viven en auténticos búnker de lujo. Alarmas, rejas, cámaras de videovigilanca...

Esa es la rutina diaria de 44 familias de la localidad de Alpedrete, tan sólo la punta del iceberg de la violencia que está azontando la zona de la sierra. Sus vecinos no quieren ni que aparezca el nombre de la urbanización en la que residen, e incluso están planteándose seriamente eliminar el cartel de la entrada para que nadie pueda asociar sus hogares con la carretera que nace de una vía comarcal. Dos robos han bastado. Pero dos asaltos muy distintos a los que habían sufrido hasta ahora. Por lo que cuentan algunos de los vecinos, los delincuentes ya no tienen la «deferencia» de esperar a que los inquilinos abandonen sus casas. Han descubierto que es mucho más fructífero violar las viviendas con sus propietarios dentro. ¿Para qué perder el tiempo buscando una caja fuerte escondida cuando se puede ir a tiro echo tras golpear con saña a su propietario? Los vecinos de esta urbanización están aterrorizados.

Carmen es una de estas vecinas. Por suerte no ha vivido en primera persona la violencia gratuita de estos delincuentes. Los que la han sufrido no quieren hablar más que a través de ella. Las heridas no han cicatrizado aún, e incluso una de las víctimas necesita de la ayuda de un psicólogo. Sobre la mesa de su comedor, dentro de una carpeta, se encuentra el presupuesto de una compañía de seguridad. Están echando números para proteger a sus familias.

La psicósis que viven los residentes de la urbanización se desató a finales del pasado mes de enero. Una vecina llegó a su casa por la tarde. Dejó el vehículo y subió a su casa. Con las prisas no se percató de que la habían seguido. La sacaron a empujones del cuarto de baño y se marcharon cuando su voracidad quedó saciada con los objetos de valor que encontraron a su paso. Ocurrió a finales del pasado mes de enero, casi al mismo tiempo que otro atraco a otra de las viviendas: Uno de sus inquilinos, en tratamiento psicológico, tuvo que convencer a sus asaltantes de que ya no tenía más cosas de valor: «Matarme si quereis, porque no tengo nada más», les dijo ante la desconfianza de que aún escondiera una segunda caja fuerte. Este vecino, incluso reconoce que sólo vive tranquilo cuando se va a Benidorm.

Hasta ahora, cada uno de los propietarios se ha buscado la vida para protegerse. Cámaras de videovigilancia, rejas, alarmas... Incluso una de las vecinas de Carmen, presente en la conversación, muestra el llavero «antipánico» que lleva consigo cada vez que sale de casa: «En cuanto veo algo raro, aprieto», asegura.

En total, estiman que el gasto mensual de las nuevas medidas de seguridad será de 6.000 euros mensuales. Con ellos, pondrán una guardia en una garita que esté en su puesto por lo menos doce horas y llenarán la urbanización de alógenos: «Lo que haga falta». «De tener una comunidad normal, ahora mucha gente no podrá pagarla sino se lo quita de comer», asegura Carmen. Nada recrimina a la Guardia Civil, porque «hacen lo que pueden». Pero la situación es intolerable. De hecho, la alcaldesa de Alpedrete, Maribel Casado, asegura que al dueño de una discoteca lo asaltaron cuando salía del trabajo y le robaron 6.000 euros. Otro vecino, según ella, logró encerrar a los ladrones de su casa en una habitación mientras su familia huía.

Junto a una de sus amigas, sale a dar una vuelta por la urbanización. Está completamente desierta, como lo está el parque infantil en el que crece la hierba sin miedo a pisadas. Y es que la gente no se atreve ni a sacar a pasear a los perros sino es en compañía de otras personas.

Fuente: La Razón
06.03.06

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