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Jueves, 3 de julio de 2008

Aprobado con chuleta digital

La Carlos III alerta a los profesores sobre alumnos universitarios que copian con 'pinganillos' y móviles.

 

La profesora se planta delante de una alumna que le resulta sospechosa. Se ha sentado en la última fila. Se ha cubierto el cuello con un pañuelo. Y mira al vacío mientras el resto de sus compañeros escriben.

-¿Eso qué es?

-Un tapón para el oído, lo tengo malo.

Sí. Se parece a un tapón de cera, pero es más duro y de color carne. Ocupa menos que una moneda de cinco céntimos. Se lo saca y queda encima de la mesa. Ya no se lo volverá a poner durante el examen. La chica suspendió. La profesora, que imparte una asignatura en la universidad pública madrileña Carlos III, cree que usaba un pinganillo, un sistema para copiar que deja en el pleistoceno a la clásica chuleta.

Grafico: www.elpais.com

No es el único caso. La Carlos III ha pedido a sus profesores que estén atentos. El pasado 23 de junio, el decano de la Facultad de Ciencias Sociales y Jurídicas, Manuel Abellán, les recomendó a todos en un correo electrónico que no quitaran ojo de móviles, audífonos y otro tipo de artilugios camuflados para aprobar sin hacer nada. Tres vicedecanatos, uno de ellos de Derecho, se habían quejado por este asunto. Los alumnos dieron la voz de alarma.

"Al estudiante responsable le parece fatal que alguien tenga un soplo divino sin dar un palo al agua", explica el decano. No sabe cuántos universitarios han podido usar el sistema, calcado del que utilizan los escoltas.

El kit de la chuleta digital incluye un audífono que se disimula mejor con el pelo largo. El móvil se engancha bajo la ropa mediante un collar con un micrófono incorporado o al que se puede adjuntar el micro de los auriculares del móvil. Más allá de la tecnología, lo importante es el cómplice.

"Mejor si el que dicta sabe de la materia, pero no siempre ocurre", cuenta Pepe (nombre figurado). Él dictó a una amiga hace siete años en un examen de la Universidad Complutense del que ninguno tenía mucha idea. Quedaron la tarde antes del examen. Desplegaron los temas encima de una cama, con post it y subrayados fluorescentes. Antes del examen, la chica le hizo una llamada desde el baño. "Era la prueba de sonido".

Debió gastarse un dineral en móvil, porque ya no volvió a colgar hasta más de dos horas después. Entró en el aula, repartieron los exámenes y comenzó a contar el reloj. "Yo oía todo perfectamente", añade el cómplice. Ella acercó la boca al collar y dictó la primera pregunta. Él la encontró entre los montoncitos de la cama. Y leyó. Así tres veces. La chica sacó un aprobado raspado porque pinchó en la parte práctica. "Por eso decía que es mejor alguien que sepa la materia, yo ahí no la pude ayudar", explica Pepe.

¿Cuánto cuesta la trampa? En Internet ofrecen el juego completo por entre 300 y 1.000 euros. Basta marcar un número de móvil de una web de artículos para espías y dejar un recado. Antes de una hora devuelve la llamada un comercial que garantiza la entrega en 24 horas. "No compre uno por menos, serán de esos chinos que como mucho funcionan un par de veces y pueden dejarle tirado, en la Red hay mucho fraude", recomienda. También se alquilan: "50 euros por examen, 30 si eres amigo", según el falso Pepe.

Una tienda con material para detectives y espías del centro de Madrid lo vende por 681 euros. Te lo llevas en mano, pero se han quedado sin existencias "por los exámenes". ¿Tanta gente hay dispuesta a pagar ese dinero? La dependienta levanta la cabeza. "Hay algunos que vienen hasta con sus padres, hartos de que el niño no pase la selectividad".

El método se vende desde hace más de 15 años, según la dependienta. Pero no debe ser fácil de detectar, porque en el resto de universidades públicas madrileñas niegan haber sufrido incidentes de este tipo.

Para evitarlo, además del ojo avizor, existen medidas tecnológicas: los inhibidores de frecuencia que neutralizan la señal del móvil. La Carlos III estudia instalarlos. En la Universidad de Castilla-La Mancha los colocaron hace un año para controlar las pruebas de selectividad. Cada aparato cuesta 800 euros. "No tuvimos denuncias, pero habíamos oído alguna historia fuera de nuestras facultades", explica Carmen López Balboa, vicerrectora de estudiantes.

El sistema evita otra preocupación para los profesores. Pero no es infalible. Si uno se graba la lección en un MP3 y es lo bastante ágil para buscar la pista sin hacer gestos extraños, no hay inhibidor que pueda frenarlo. La tecnología, de nuevo, al servicio de la picaresca.

Fuente: www.elpais.com
28.06.08

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