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Seguridad Pública y Protección Civil.

 

Revista de Prensa: Noticias

Jueves, 24 de julio de 2008

Los policías locales de Madrid se reinventan

Los policías locales de Madrid tienen la oportunidad de mejorar su formación y adquirir nuevas habilidades al tiempo que acumulan puntos para ascender, gracias a los cursos de actualización y especialización que ofrece la Academia de Policía Local de Madrid.

 

Algo menos de un segundo y medio, concretamente 1,2. Ese el tiempo mínimo de reacción de los alumnos de la clase de tiro en una situación extrema. Javier Pecci, ex Guardia Civil, trabaja con tiradores expertos para convertirles en instructores, aquellos que van a dirigir a las unidades a la hora de apretar el gatillo.

Foto: ww.vaguada.es

En esta asignatura, se trata de mejorar lo que ya es excelente. «Es el tercer ciclo de formación -indicó Pecci»- y sólo los que han superado el nivel básico, el curso de actualización y el de tiro táctico pueden presentarse». El de tiro es uno de los cursos de actualización y especialización que se imparten en la Academia de Policía Local de Madrid (carretera de Colmenar Viejo, kilómetro 13).

«La mejor academia de España»
La variedad de situaciones en las que puede verse inmerso un policía es casi infinita. Por eso, los cursos están orientados a conseguir profesionales duchos en disciplinas tan dispares como la psicología social, la lucha cuerpo a cuerpo o la estrategia de asalto armado a inmuebles.

Aunque la financiación procede de la Comunidad, son los ayuntamientos los encargados de seleccionar al personal que recibirá la formación. Con estos cursos, lo agentes acumulan puntos para ascender, además de hacer evolucionar su preparación al mismo ritmo al que mutan las exigencias de una sociedad cada vez más cambiante.

Alberto Albacete, el director de estudios, no dudó en proclamar que su academia es «la mejor de España, tanto en instalaciones como en métodos». Considera que, desde su posición, es capaz de entender las inquietudes y aspiraciones de los agentes de a pie, ya que durante mucho tiempo ejerció funciones de policía local en Valdemoro.

Para el director, la demanda de nuevos conocimientos por parte de los agentes es doble: por un lado, proviene de las exigencias legales, ya que «la Policía cada vez asume más competencias», por otro, la origina la propia sociedad, cuya constante modificación de hábitos conlleva la aparición de nuevas actividades delictivas o la mutación de las ya existentes. «Los policías tienen que actualizarse y aprender en materias como los delitos informáticos, los estupefacientes o las bandas juveniles, por citar sólo tres ejemplos».

Los alumnos no son los únicos en ser evaluados, sino que los instructores también son sometidos a un rígido control a través de unas fichas de evaluación que los alumnos rellenan. «Cuanto mayor sea la formación del alumno, más se le exige al profesor», señala Albacete. «Aquí no hay libertad de cátedra. Los profesores cumplen órdenes, pues hay que llegar a unas metas». De los profesores se valora tanto el acervo de conocimientos como la manera de transmitirlos. «Lógicamente, si los alumnos valoran positivamente a un instructor que imparte una materia aburrida, es señal de su calidad como docente».

Los profesores pueden pertenecer al propio cuerpo o ser colaboradores externos, como es el caso de Pedro Gutiérrez, psicólogo de profesión. Se encarga de aleccionar a los agentes en la no siempre fácil disciplina de las habilidades sociales, esenciales para el trabajo de calle. «Mi trabajo consiste en potenciar la habilidad de los alumnos para persuadir o disuadir a un ciudadano, y hacerlo con vistas al futuro. Se trata de, en lo posible, crear empatía, conseguir que los ciudadanos sean más o menos proclives a un determinado comportamiento a través de la palabra y los gestos». El contenido de la asignatura es práctico en un 50%: en todas las clases se escenifica una situación en la que hay que poner en práctica una habilidad social. Uno de los alumnos interpreta el papel de policía y otro el de ciudadano, mientras el profesor lo graba todo para, posteriormente, corregir errores.

«El culmen de la seguridad»
Alejandro Lázaro, otro colaborador, lleva toda la vida dedicado a la defensa personal. Entre sus alumnos hay internos en centros de menores, escolares, usuarios de gimnasios y, por supuesto, policías. Su clase se caracteriza por el eclecticismo: convergen elementos de Kárate, Judo y Aikido. Todo encaminado a ser capaz de conseguir una detención de la manera menos lesiva para ambas partes. La violencia, explicó, se reduce al mínimo. «A veces se produce un accidente» -reconoció- «pero las lesiones son infrecuentes».

Internos o externos, los profesores se muestran satisfechos. Pecci, el instructor de tiro, se siente en la cima de su carrera: «No concibo trabajar en otra cosa que no sea la seguridad, y el culmen profesional de la seguridad es la Policía».

Fuente: www.elmundo.es
22.07.08

Suplemento Temático: Formación y Seguridad

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