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Revista de Prensa: Noticias

Martes, 2 de septiembre de 2008

Un joyero muere degollado al resistirse a dos atracadores en su tienda de Leganés

Era de origen iraní, estaba casado y tenía dos hijos - le vigilaron durante semanas - Se negó a abrir la caja fuerte.

 

La espiral de inseguridad que azota la región no da tregua. Tras semanas plagadas de asesinatos y atracos de película por toda la región, el gremio de los joyeros, uno de los más castigados, ha vuelto ha sufrir el zarpazo de la violencia.

Foto. www.periodistadigital.comEl dueño de una joyería de Leganés fue atracado a plena luz del día, retenido y, finalmente, degollado al resistirse a los asaltantes.

Los dos atracadores que cometieron este nuevo asesinato tenían perfectamente estudiados «desde hacía varias semanas» los movimientos de los propietarios de la Joyería Verya. Asimismo, conocían bien la estructura de la tienda y sus accesos, tal y como confirmaron fuentes policiales a ABC.

El dueño del establecimiento era Salam H. T., de 55 años, de origen iraní pero con nacionalidad española desde hace años.

Regresaba ayer después de 15 días de vacaciones. Eran las diez de la mañana. Llegó caminando a su local -situado en la céntrica avenida de Fuenlabrada, número 36- y dedicó algunos minutos a hablar con comerciantes cercanos y algunos vecinos que le conocían.
Una vez que hubo abierto la puerta, dos individuos entraron al local. Portaban armas blancas y, según algunos testigos interrogados posteriormente en el lugar de los hechos por la Policía Nacional, se trataba de dos hombres jóvenes «con aspecto sudamericano».

Los dos individuos obligaron a Salam a que les llevara directamente a la trastienda, donde sabían que se encontraba la caja fuerte. Allí, el dueño de la joyería se resistió y los atracadores no dudaron en emplear la violencia en un clima de gran tensión.

Los gritos fueron escuchados tanto por un comerciante cercano como por un viandante, que alertaron a la Policía Nacional.

Ante la imposibilidad de hacerse con el botín, uno de los atracadores dio una cuchillada a Salam en el cuello, lo que provocó su muerte casi instantánea. A continuación, salieron con toda tranquilidad de la joyería por la entrada principal y se dirigieron hacia el centro de Leganés, donde se les perdió la pista.

Cuando las dos dotaciones de la Policía Nacional se acercaron al lugar del asesinato, los agentes se encontraron con la puerta de la joyería cerrada, ya que sólo podía ser accionada desde dentro.

Cuatro intentos de atraco
Al no ver al dueño de la tienda, los policías utilizaron una maza para romper el cristal de la puerta y acceder al establecimiento. Nada más dirigirse a la parte trasera, se encontraron a Salam tumbado en el suelo y con el cuello ensangrentado. Pocos minutos después llegó una dotación del Summa-112, cuyos sanitarios sólo pudieron certificar la muerte del joyero.
La tragedia cayó como un jarro de agua fría entre los comerciantes de la zona, hartos de robos. De hecho, a Salam ya habían intentado atracarle hasta cuatro veces.

La última fue hace dos años, cuando los ladrones accedieron a la trastienda a través de unas ventanas que comunican el patio interior de la comunidad de vecinos donde se encuentra la joyería con otras tiendas. Entonces, no consiguieron llevarse nada frente a la resistencia que mostró el joyero. Como ayer.

Pérdidas de 9 millones de euros al año

El sector de la joyería ya no puede más. Los trabajadores del sector se sienten hartos, impotentes y descontentos con la sensación de inseguridad con la que trabajan casi a diario. Y es que en los últimos años, los joyeros madrileños han sufrido un atraco cada tres días, lo que les lleva a registrar unas pérdidas de nueve millones de euros al año. Los problemas del sector no son nuevos, pero sí los «modus operandi» de los agresores: son cada vez más violentos y, de nuevo, vuelven a utilizar las armas de fuego para amedrentar.

Salam H. T. es el tercer joyero asesinado en la región en los últimos cuatro años, junto a José Manuel Mateos Redondo y a Antonio Sancho Arevalillo cuyas muertes violentas causaron una gran conmoción social.

Hasta ayer, el último ataque mortal a un joyero en la capital fue el perpetrado contra Mateos Redondo, un representante de joyería que murió tiroteado cerca de la Gran Vía en septiembre de 2006. La víctima fue asaltada por un joven vestido con un mono azul que intentó arrebatarle el maletín y una bolsa de mano que portada. El joyero intentó aferrarse a sus pertenencias como pudo, lo que llevó al agresor a sacar una pistola y vaciar contra él su cargador.

El agresor huyó con un compinche que le esperaba pocos metros más adelante con una moto en marcha. En su fuga fue amenazando con la pistola a cuantos viandantes le salían al paso. Cinco meses después, los dos agresores fueron detenidos.

Otro asesinato que conmocionó a la región, y más concretamente a Móstoles, fue la muerte de Antonio Sancho Arevalillo, propietario de una joyería en la avenida Felipe II del municipio. Todo ocurrió en la tarde del 9 de junio de 2005. «Llevaos lo que queráis -les dijo a sus asesinos-, pero no hagáis daño; la cámara os está grabando». Instantes después, uno de los dos hombres sacó una escopeta de cañones recortados y le descerrajó un tiró a quemarropa por la espalda. Murió casi en el acto, en presencia de su hijo. Los agresores fueron detenidos y condenados a 22 años de cárcel.

El pasado mes de febrero, Fernando José Sanz se libró de milagro de formar parte de esta lista. Sorprendió a unos delincuentes armados robando en su taller de Usera. La maniataron y amordazaron, pero logró huir del inmueble al saltar desde un tercer piso. Sólo se rompió una pierna.

Fuente: www.abc.es
31.08.08

Suplemento Temático: Seguridad en Centros Comerciales

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