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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

Revista de Prensa: Noticias

Miércoles, 15 de marzo de 2006

Las mujeres están al mando

Tras dieciocho años de presencia en las Fuerzas Armadas, ya ocupan puestos de verdadera responsabilidad y tienen abiertas todas las puertas

 

Viven con normalidad en los cuarteles, hacen lo mismo que los hombres y es posible que algún día una de estas mujeres llegue a general.

 Foto: La Razón
De izquierda a derecha, la cabo Fernández, la teniente Bermejo y la alférez García Silgo, tres «paracas»

Tal vez dentro de unos años llegue el Día de la Mujer Trabajadora y aquí, en vez de recoger testimonios de mujeres que hacen trabajos «de hombres», estén llenas de hombres que hacen funciones «de chicas». Pero mientras tanto, mientras la sociedad asume de verdad, y no por ley, que las mujeres están en todos los ámbitos de la vida como los hombres, que en los puestos de trabajo más «machotes» ya no hace falta tener pelo en pecho ni patillones para cumplir perfectamente, habrá que seguir acercándose a este tema con ese ignorante asombro que aún a muchos produce ver a una mujer vestida con un traje de camuflaje, unas botas militares y una boina negra. Ellas aseguran que dentro de los cuarteles la normalidad entre hombres y mujeres es absoluta, y que es en la sociedad donde aún persiste ese «complejo» y cierta sorna que produce el pensar en una fémina mandando ponerse firmes a un grupo de aguerridos soldados. Quizá la clave de esta normalidad en los cuarteles la apunta la teniente de Artillería Beatriz Bermejo, de la Brigada Paracaidista: «Mira, en la frase “mi teniente” yo no veo género masculino ni femenino». En las Fuerzas Armadas pesan mucho más los galones que lo que hay debajo de la camiseta, y eso se aprende en la academia y en el día a día. Eso y que «cuando tienes el respeto de la gente, cuando ven que vales, no miran si eres hombre o mujer». Así piensa la alférez Tania Tello, zapadora destinada en el Cuartel General de Tierra, que además afirma que le llenaría de orgullo ver algún día a una mujer general. «Estoy convencida de que una mujer puede aportar mucho como general», asegura sonriendo, «aunque yo he entrado tarde para llegar ahí».

Sí se ve algún día como general la capitán de Intendencia de la Armada María Forero. «¿Por qué no voy a verme un día como general?», se pregunta, mientras especifica que «lo de ser general no va con el sexo; es la autoridad lo que hace que te respeten, no la persona o el sexo». Ella, a la única mujer que había visto mandar en su vida había sido a sí misma, y cuando le tocó por primera vez sí pensó «¿cómo les sentará que los mande una mujer?». Pero después de tres años en la fragata Navarra, totalmente rodeada de hombres, y otros dos en el buque Patiño, se ha convencido plenamente de que no hay diferencias más que en el camarote donde duermen unas y otros.

Hombres discriminados.

Alguna de ellas, como la alférez psicólogo Mónica García Silgo, también de la Brigada Paracaidista, se atreve a hacer una crítica constructiva. «El hecho en sí de este reportaje ya es discriminatorio, porque se nos entrevista porque somos mujeres, cuando hay compañeros nuestros que tienen hijos, que están haciendo un trabajo brutal y no se los entrevista porque son hombres. Y no tienen un día del hombre trabajador». Tampoco cree que las mujeres o los hombres sean distintos a la hora de servir en las filas del Ejército, y más aún en una unidad de élite como la de los paracaidistas. «Mentalmente, aquí, somos iguales. Tenemos los mismos miedos, las mismas angustias». Aun- que todas ellas aceptan que hay determinados puestos que, por exigencias físicas muy elevadas, generalmente no pueden ocupar.

Aún hay gente que piensa que las mujeres que entran en el Ejército son necesariamente marimachos y que por eso se meten a servir en las Fuerzas Armadas. Nada más lejos de la realidad. Femeninas como ninguna, «aunque no necesariamente por decreto, más sensibles que los hombres, que a lo mejor tú tienes más sensibilidad que yo para determinadas cosas», están ahí por vocación. «Yo siempre he querido estar aquí –recuerda la cabo de Infantería Ligera Ruth Fernández–, desde pequeñita. Desde el tren veía a los paracas entrenándose y yo quería estar ahí». La alférez Tello, en cambio, estudió una carrera universitaria, pero vio en la vida militar la posibilidad de ser verdaderamente útil a la gente, más que en la empresa privada.
  
   
Ronquidos del sargento.

Y precisamente hay una diferencia con la empresa privada que hace que la igualdad en las Fuerzas Armadas entre hombres y mujeres sea mucho más real que en otros ámbitos.

«Ascendemos al mismo tiempo que nuestros compañeros de promoción, cobramos lo mismo que nuestros compañeros por el mismo empleo», y la única diferencia que hay es que en las residencias y en los barcos, las habitaciones son distintas para unos y para otros. Pero a la hora de irse de maniobras, asegura la teniente Bermejo, «no me voy yo por ahí a dormir lejos de mis hombres. Yo sé cómo ronca mi sargento y él sabe cómo ronco yo». En lo que no todas coinciden es en eso que decía Bono de que «si la mitad de los generales fueran mujeres los ejércitos irían mucho mejor». Lo importante, indican, «es que los generales sean buenos».
   Pues eso, que sean buenos... o buenas. El problema es que las mujeres seguirán siendo noticia en las Fuerzas Armadas, porque me dirán ustedes que cuando llegue una mujer a general no habrá que dedicarle al menos unas líneas... «o cuando llegue una a directora de un periódico, ¿no?».

El camino que abrió Patricia Ortega
Probablemente el nombre de Patricia Ortega a nadie le diga gran cosa hoy en día. Bueno, desde luego a sus subordinados sí les debe decir bastante. Y a los que tengan una buena memoria, porque allá por 1988, esta mujer se convirtió en la primera en ingresar en las Fuerzas Armadas. Hoy hacemos caso a las que decidieron seguir el camino que abrió entonces una mujer que ya ha llegado a ser comandante, una «pionera» que 18 años después tiene 16.310 compañeras.

La evolución de la presencia de mujeres en las Fuerzas Armadas ha superado con creces las expectativas que se crearon en un primer momento. Países como Canadá, que ya en 1941 decidió abrir las puertas de sus ejércitos a las mujeres, sólo tiene un 3,4 por ciento de féminas más en sus filas que nuestras Fuerzas Armadas, que ya han alcanzado el 13,5 por ciento, superando, hace unos meses, a las francesas.

Un año después de la entrada de la ahora comandante Ortega en las Fuerzas Armadas, se abrió la mano a que el sexo «debil» pudiera alistarse en armas combatientes. Pero hasta 1999, once años después, no se produjo la plena incorporación.

Esto, además de un triunfo, acarrea ciertas modificaciones tanto normativas como físicas. Una de las primeras, y sirva además como curiosidad, es que hubo que modificar la normativa vigente sobre uniformidad para incorporar el de la militar que estuviera embarazada, así como las previsiones de cambio de destino en caso de estarlo, ya que como no puede desarrollar actividades físicas intensas hay que reubicar a la soldado para que pueda seguir trabajando.

En cuanto a la segunda vertiente, la física, es especialmente significativa en la Armada. Ni los barcos ni los submarinos construidos antes de 1988 estaban pensados para acoger a ambos sexos a la vez, por lo que ha habido que adaptarlos. Así, los nuevos buques tienen sus sollados y camarotes distribuidos según una proporción hombre-mujer, y los que no, se habilitan. El problema es que algunas veces, una sola mujer ocupa un camarote con cuatro camas.

Situaciones de integración. Pero además, las Fuerzas Armadas españolas tienen ciertas peculiaridades, como que no se establece nin- gún porcentaje máximo de mujeres en sus filas, no se han creado cuerpos específicamente femeninos, pueden acceder a todos los cuerpos y escalas y a todos los destinos, cosa que en otros ejércitos no ocurre. El Ministerio de Defensa creó en marzo del pasado año el Observatorio de la Mujer en las Fuerzas Armadas, un órgano encargado de analizar los procesos de selección y las situaciones de integración y permanencia de la mujer en los ejércitos.

 

Un terreno vedado
España es en materia de mujeres en las Fuerzas Armadas de los países más avanzados, ya que no tienen prácticamente ninguna limitación en cuanto a acceso a cualquier puesto o empleo. En otros países, en cambio, las mujeres no pueden optar a determinadas actividades o puestos,algo que según algunos militares, también acabará ocurriendo aquí.

En las Fuerzas Armadas estadounidenses, las féminas no pueden estar en las unidades de combate directo, tienen prohibido estar en la primera línea de fuego. A las soldados estadounidenses les está vedada su participación en operaciones especiales o en las tropas de asalto. Una explicación sociológica puede ser que la sociedad occidental no está preparada para tener bajas femeninas entre sus ejércitos.

Uno de los países más «progresistas» en todos los ámbitos, Holanda, no permite que las mujeres ocupen puestos en Operaciones Especiales o en submarinos. En el ejército británico, no pueden acceder a los Royal Marines, la infantería de Marina inglesa. Las limitaciones físicas que pueda tener una mujer respecto a un hombre no han impedido que en nuestras Fuerzas Armadas se puedan integrar en todas las unidades y prueba de ello es la presencia de féminas en dos unidades de élite como la Legión o la Brigada Paracaidista. Y el mayor porcentaje de ellas se integra en el Ejército de Tierra.En cuanto a la segunda vertiente, la física, es especialmente significativa en la Armada. Ni los barcos ni los submarinos construidos antes de 1988 estaban pensados para acoger a ambos sexos a la vez, por lo que ha habido que adaptarlos. Así, los nuevos buques tienen sus sollados y camarotes distribuidos según una proporción hombre-mujer, y los que no, se habilitan. El problema es que algunas veces, una sola mujer ocupa un camarote con cuatro camas.

Situaciones de integración. Pero además, las Fuerzas Armadas españolas tienen ciertas peculiaridades, como que no se establece nin- gún porcentaje máximo de mujeres en sus filas, no se han creado cuerpos específicamente femeninos, pueden acceder a todos los cuerpos y escalas y a todos los destinos, cosa que en otros ejércitos no ocurre. El Ministerio de Defensa creó en marzo del pasado año el Observatorio de la Mujer en las Fuerzas Armadas, un órgano encargado de analizar los procesos de selección y las situaciones de integración y permanencia de la mujer en los ejércitos.

Fuente: La Razón
05.03.06

* Experto: Aportación de la mujer a la seguridad, por José Luis Gómez (31/05/2005)

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